Grandes Crímenes|El falso suicidio de Mabel

Una joven es asesinada por la espalda en 1984, pero su pareja alegó que se había suicidado. La víctima tenía dos meses de embarazo

Una fotografía de Mabel Cardoza que fue proporcionada por la familia al diario La Prensa en 1984. HOY/Archivo

“ ¡Se suicidó!”, salió gritando a la calle el hombre, mientras el cuerpo de Mabel de la Cruz Díaz Cardoza yacía a la par de un árbol de mamón en la entrada al residencial Planetarium.

Un disparo por la espalda que salió por el pecho acabó con la vida de la joven de 20 años, quien además tenía dos meses de embarazo.

Así acabaron los días de maltrato de la joven que a los 16 años había sido raptada —según sus familiares— por Jimmy Herrera, de 27 años.

Mabel, quien era la penúltima de nueve hermanos, era “cariñosa, alegre, risueña, platicona, bromista”, recuerda su hermana Ena Cardoza. A pesar que han pasado más de 33 años desde que ocurrió el crimen, Cardoza no olvida la noche del 14 de octubre de 1984, cuando le avisaron que a su hermana la había matado su marido.

En ese entonces, Ena vivía junto a su esposo en Villa Reconciliación, pero fueron hasta Chiquilistagua, en Carretera Vieja a León, para encontrarse con sus demás familiares. En esa comarca de Managua, se crió Mabel, en medio de caminos de tierra y ventarrones. Cuatro de sus hermanas todavía residen en esa zona.

Se iba a casar con otro

La joven se iba a casar con su novio, un hombre llamado Miguel, quien hasta ya le había comprado el vestido de novia y le estaba construyendo “una casita”, recuerda Ena Cardoza.

Pero un primo presentó a Mabel con Jimmy Herrera, quien era siete años mayor que ella.

“Pero como ese hombre era de esos hombres caprichosos… él la invitó al cine, ella confiando, creyendo que el hombre era como el novio de ella, respetuoso, entonces vino y ya puesta en el cine, como que él la violó, y ya no la regresó. Entonces ella por pena, ya no se vino donde mi papá, se la llevó el hombre a su casa”, narra Ena. “La raptó”, asegura.

Ena cuenta que Herrera era un “justiciero de los sandinistas” en los años 80. “De esa gente que ajusticiaba gente en los 80”, añade.

A Luisa Cardoza, de 64 años, una de las hermanas mayores de Mabel, Herrera, no le daba buena espina. “El día que ella sale con él, yo le dije ‘no vayás, si vos te vas ese hombre no te va regresar’, yo se lo dije a ella, como que sabía yo. ‘No, no’, me dijo ella, ‘no esté usted con la desconfianza’”.

“Lo más tarde a las 10 (de la noche) la vengo a dejar (dijo él) y mentira no la vino a dejar”, añade Luisa Cardoza. Mabel no la escuchó y nunca más volvió a su casa en Chiquilistagua.

Se fue a vivir con Jimmy Herrera donde la madre de este, en la entrada a Residencial Planetarium, a solo un kilómetro de la casa de su familia, pero era como que se hubiera ido a miles de kilómetros.

Jimmy Herrera fue condenado por el crimen de Mabel Cardoza. HOY/Archivo

“Ni siquiera nos visitaba, pues él no la dejaba salir. Cuando iba a tener su primer hijo la visité y andaba el ojo amoratado. Yo le pregunté qué le había pasado y ella me contestó: ‘son caricias de Navidad’”, dijo su hermana Blanca Cardoza (q.e.p.d.), al Diario La Prensa el 25 de octubre de 1984.

“Era muy celoso. La suegra era grosera. Le metía cuento a él, que ella andaba con hombre y ella no salía de la casa. Ella se dedicaba a los cipotes”, rememora Luisa Cardoza.

Mabel dejó en la orfandad a dos niñas, una de 21 meses y otra de ocho meses de nacida.

“Usted no es mi padre”

La familia de Mabel solicitó la custodia de ambas niñas. Y el extinto Ministerio de Bienestar Social se las dio a Ena Cardoza, hermana de la fallecida, y quien ahora tiene 61 años, y su esposo Francisco Augusto Hernández.

La niña de 21 meses estaba acostumbrada a estar con su abuela paterna, por lo que esta última habló con Francisco Hernández y este accedió a que la menor la criara la familia paterna. Pero él y Ena criaron a la bebé de ocho meses de nacida, como que fuera una hija más de ellos.

“Él (Jimmy Herrera) vino a buscar a Flor (hija menor de Mabel), y le dijo: ‘Yo soy tu papá’. Pero ella le dijo: ‘Usted no es mi padre’”, cuenta Hernández sobre el encuentro que tuvo Herrera con su hija menor.

“Ellas saben la historia. Pero a la mayor le lavaron bien el cerebro. Aceptó que el hombre haya matado a su mamá, le dijeron al revés, que ella se había matado. Pero él aceptó que la había matado (hizo admisión de hechos). Teníamos un documento donde decía que él la había matado, que según la amenazó (con el arma) y que el tiro se le fue. Pero él la amenazó para matarla y la mató”, asegura Ena Cardoza.

Quiso hacer justicia

El papá de Mabel se llamaba Arnoldo Cardoza, pero ella siempre se firmó primero con el apellido de su madre.

Cuando ocurrió el crimen la mamá de Mabel ya había fallecido, pero su padre estaba vivo.

“Lo voy a matar” habría dicho don Arnoldo cuando vio a su hija muerta, pero su yerno, Francisco Augusto Hernández le dijo que “ahí lo dejara así”.

Las “caricias de Navidad”

“Ni siquiera nos visitaba, él no la dejaba salir. Cuando iba a tener su primer hijo la visité y andaba el ojo amoratado. Le pregunté qué le había pasado y ella me contestó: ‘son caricias de Navidad’”. Su hermana Blanca Cardoza (q.e.p.d.), al Diario La Prensa el 25 de octubre de 1984.

Ena Cardoza Díaz y su esposo Francisco Augusto Hernández se hicieron cargo de una de las hijas de Mabel. HOY/Wilih Narváez

Periplo de un cadáver

La familia de Mabel tiene presente el crimen, que de haber ocurrido en estos tiempos hubiera sido tipificado como femicidio.

El cuerpo que le fue entregado a la familia tenía hematomas y golpes en las piernas y rostro, detallan reportes periodísticos de la época.

Herrera se llevó el cadáver de la mujer y lo anduvo en una camioneta, mientras la familia de la joven la buscaba en todos los hospitales de Managua, hasta encontrarla cerca de la medianoche, cuando el crimen ocurrió a las 5:40 p.m.

A pesar que les entregaron el cuerpo, tuvieron que devolverlo porque la entonces Policía de Procesamiento, ordenó llevárselo para realizarle la autopsia. El cuerpo fue devuelto hasta dos días después.

El mismo día del hecho los vecinos comenzaron a levantar firmas para que capturaran a Jimmy Herrera, ya que temían que el crimen quedara impune porque este trabajaba con el partido de gobierno en esa época.

Los mismos vecinos declaraban en los medios que el hombre antes había baleado a un poblador y que no había quedado preso.

“Estamos mal, porque el deber de él era que estuviera más tiempo preso. Pero como él era de esa gente, no dilató, allí nomás lo sacaron, pero para mí que hubiera estado 30, 40 años preso”, dice en la actualidad Ena Cardoza, quien asegura que Jimmy Herrera fue condenado a 10 años de prisión, pero como apeló, no estuvo ni cinco años en la cárcel.

El diario La Prensa reportó el crimen de Mabel. HOY/Reproducción La Prensa

“Yo lo he visto. Iba en la Carretera Norte, por el paso a desnivel, me hizo así (señalándolo con un dedo), me sentenció”, manifiesta el esposo de Ena, Francisco Augusto Hernández. Es el único de la familia que lo ha visto en años recientes. Ninguno de los hermanos sobrevivientes de Mabel se lo ha vuelto a encontrar, ni saben dónde vive.

Las hijas de Mabel se casaron y tienen hijos. La mayor llega a visitarlos de vez en cuando. No rompió el hilo con su familia materna. Y la menor vive en un apartamento que construyó atrás de la casa de su tía Ena, en Chiquilistagua, la misma comarca donde vivió, jugó y creció su madre.

(Reportaje publicado originalmente el 18 de febrero de 2018)

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