El legado de Luis Cortez: “Quiero que me recuerden como un buen amigo”

Con 74 años, Luis Cortez permanece la mayor parte del tiempo en su casa, en Bello Horizonte. Siempre anda descalzo porque, según cuenta, eso le ayuda a la circulación y a mantenerse sano

Luis Cortez tiene 7 y fue gran amigo de Alexis Argüello.

Con 74 años, Luis Cortez permanece la mayor parte del tiempo en su casa, en Bello Horizonte. Siempre anda descalzo porque, según cuenta, eso le ayuda a la circulación y a mantenerse sano. Me muestra un video donde explica los beneficios de pasar tiempo así. No se aburre para nada. Maneja muy bien su celular táctil y utiliza su televisor conectado a internet. También le gusta mucho mirar documentales sobre ovnis y todo tipo de misterios en YouTube. Le pregunto si tiene o ha tenido algún problema de salud y, si titubeos, responde: “Desde hace muchos años que no visito al doctor, ya no tengo nada”, dice en medio de carcajadas.

Actualmente, Cortez entrena al único campeón mundial de Nicaragua, Félix “el Gemelo” Alvarado. “Todos los días me voy en bus al gimnasio Roberto Huembes”, cuenta. Su buena forma física se debe a que siempre ha permanecido cerca de los encordados, desde joven cuando decidió entrar al pugilismo y dejar la secundaria, la cual solamente cursó hasta segundo año. Su sentido del humor, recorrido en el boxeo y experiencias de la vida le hacen uno de los adiestradores más respetados del país. “Yo vengo de una familia acomodada. Mi mamá era la licenciada Adilia Pereira y mi papá era un músico, por eso tengo más de 20 hermanos”, comenta entre risas Cortez. “Yo estudié en muchos colegios. En el Goyena, Calasanz, Salomón de la Selva, la Normal, entre otros”.

La vida de Cortez siempre estará ligada con la del Flaco Explosivo, Alexis Argüello. Fue su “cutman”, el hombre que está en la esquina curándole las heridas durante una pelea. Vivió la coronación de Argüello ante Rubén Olivares y también cuando conquistó su segundo cetro en Puerto Rico ante Alfredo Escalera, por mencionar las peleas más importantes, entre tantas que estuvo. “Esa etapa la recuerdo como una de las mejores. Andaba a la par del Flaco. Teníamos una conexión especial. Como ‘cutman’ recuerdo que el momento más impactante fue en esa pelea contra Escalera, ambos estaban partidos y me tocaba hacer que la sangre no saliera y no afectara a Alexis. Lo que más me afectó fue ver perder a Alexis contra Aaron Pryor. Yo no pude estar con él. Hizo una tremenda pelea y vi muchos errores de la esquina que tal vez hubiera ayudado a que la historia fuera distinta. Ahí en el ring yo lo cuidaba más que a nadie y no iba a dejar ninguna mañana de los otros”, recuerda.

Sus inicios en el boxeo

Cortez entró al boxeo por Black Bill, quien cuidaba un gimnasio de pesas y tenía una escuadra de boxeadores que se enfrentaban a los de Kid Pambelé, quien más adelante fue entrenador de Alexis Argüello. “Yo era peso mosca. Iba a ir a las Olimpiadas de México 1968, pero lo vi muy lejos y decidí saltar al profesionalismo. Para ese entonces estaba Evelio Areas montando eventos. Comencé con gran proyección, pero después peleaba para irme al Malecón a gastarme el dinero”, relata don Luis, quien no ha dejado de sonreír durante toda la entrevista.

Cree mucho en el ocultismo, la metafísica y en una conexión telepática con sus boxeadores. “Siempre me gustó estudiar por mi cuenta. Con Alexis aprendí mucho y eso le gustaba de mí, que estábamos conectados. La primera vez que lo conocí de cerca fue en Costa Rica, cuando peleó con Marcelino Beckles. De ahí empecé a trabajar directamente cuando Evelio le dijo a Pambelé que buscara a otro asistente y de inmediato surgió mi nombre. Yo también había ayudado al Ratón Mojica en algunas peleas”, explicó, mientras muestra unas fotografías que adornan la sala de su casa, unas donde sale como pugilista profesional y otra abrazando al Flaco Explosivo.

Cortez dice con orgullo que fundó el gimnasio de boxeo del Roberto Huembes, se entristece un poco recordar cuando estuvo en dos ocasiones preso. La primera cuando tenía 13 años en la época del dictador Somoza durante unas cuantas horas y la segunda en los años 80, cuando se le acusó de traer dólares de Costa Rica a Nicaragua. “Estuve como cuatro años hasta que Tomás Borge se dio cuenta y me sacó”, explicó.

Ahora vive día a día pensando en su muchacho Félix Alvarado, a quien llevó a coronarse el año pasado. “Félix no debe de bajar el ritmo si quiere hacer historia”, señala. Y sobre su legado de cómo le gustaría ser recordado cuando ya no esté en este mundo agrega: “Quiero que me recuerden como un buen amigo. Y me siento orgulloso de haberle dado educación a mis hijas”.

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