Tener o no tener reptiles… ¿Acaso son mascotas?

Definitivamente el hombre es un animal raro, débil e influenciable… nos hacemos los fuertes e intransigentes, pero cedemos al encanto de la publicidad que nos venden en forma casi permanente.

¿Sabían que el 75 % de las personas internadas por salmonelosis en los Estados Unidos son dueños de tortugas? Además de que créanme, muerden duro, durísimo. HOY/Istockphotos.com

Definitivamente el hombre es un animal raro, débil e influenciable… nos hacemos los fuertes e intransigentes, pero cedemos al encanto de la publicidad que nos venden en forma casi permanente.

Es así que luego de que se estrenara la película “Los 101 Dálmatas” o como se le llamaba antes “La noche de las narices frías”, todos querían tener o compraban perros de la raza dálmata… Cuando apareció Harry Potter, los búhos se pusieron de moda, y, luego de aquella escena de Salma Hayek en la película de Quentin Tarantino “Del crepúsculo al amanecer”, muchos adquirieron boas y pitones para estar a tono con la moda… y así es permanentemente, adquirimos animales para estar a la moda o en la onda del momento… ¿y después? ¿Qué hacemos con ellos?

El caso de los reptiles es muy particular, porque además de seguir la moda, incluye otros parámetros, como la ansiedad de ser visto como algo diferente, en algunos casos, la ansiedad de llamar la atención, o como se ve frecuentemente en aquellos países donde mucha gente vive sola, como una mascota a la que no tengo que sacar a pasear, ni limpiar sus deyecciones y puedo darle de comer una vez a la semana.

¡Pero yendo al título, les diremos rotundamente que no! No son mascotas, ni mucho menos. Una mascota es un animal de compañía, es alguien de la familia, y en esencia, personalmente, creo que la mascota por exégesis es sin lugar a dudas el perro, porque este es nuestro amigo, es fiel, nos avisa, nos protege, nos acompaña, interactúa con nosotros.

No me vengan con el cuento que en cuanto sienten la puerta y estamos llegando, nuestra iguana, camaleón, tortuga, boa o cuajipal, llegan a recibirnos y mueven la cola porque es mentira. ¡Ni que si los llamamos por el nombre vienen a comer de nuestra mano… ojo no les coman la mano!

Lo que mucho de los dueños o poseedores de reptiles no saben, o ignoran, es que los reptiles crecen, es muy bonito andar con una boa o una pitón de dos o tres meses de edad en la mano asustando o provocando admiración entre nuestros amigos, pero un par de años después, cuando tenga 3 o 4 metros, y la fuerza suficiente para quebrarme las costillas o asfixiarme, qué hago con ella?

Llevar una iguana en el hombro para llamar la atención es muy bonito, sus fulgurantes colores verdes sin duda son bellos, pero ¿si me muerde una oreja y me arranca un pedazo, o me muerde la mano con su hilera de dientes como sierra, qué hago?

Tener una tortuga es como una tradición en las casas nicaragüenses y los niños juegan con ella y nos parecen inofensivas… pero, ¿sabían que el 75 % de las personas internadas por salmonelosis en los Estados Unidos son dueños de tortugas? Además de que créanme, muerden duro, durísimo.

Esto sin contar que todos los reptiles prefieren alimento vivo y no son escenas muy agradables de ver. Así que, si quieren compañía, adopten un perro y déjense de ideas locas como tener un reptil en la casa. ¡Porque los animales nos importan!

Dr. Enrique Rimbaud, director del Consultorio Animal, presidente de Fundación A.Mar.Te. y doctor en Medicina y Tecnología Veterinarias. Teléfono: 8852-1488

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