Rosa Umanzor: la nicaragüense que fue seleccionada para fotografiar África

En su infancia Rosita Umanzor Díaz sacó conchas de las ñangas, buscó larvas de camarones y pidió pescados para ayudar a su familia. También vendió frescos, papas fritas, y otro productos para costear sus estudios

Roa Umanzor sueña con ayudar a jóvenes y hacerles creer en que pueden cambiar su mundo. HOY/Foto: Gloria Díaz

 

HOY

Mientras sobrevolaba el continente africano, Rosa Umanzor Díaz recordó su pasado. Quién iba a creer que la niña que extraía conchas en las ñangas, buscaba larvas de camarones y pedía pescados para ayudar a su familia llegaría tan lejos.

“Nadie lo habría creído… pero ahí estaba yo, cumpliendo mi sueño de conocer ese lugar y mejor aún, con la posibilidad de retratarlo y contar sus historias a través de las imágenes”, expresa Rosa.

El 7 de septiembre del 2017 la nicaragüense, junto a integrantes de la fundación Picture Change, pisó tierra en Uganda, donde les esperaba la fundación Sole Hope (entidades sin ánimos de lucro). Juntos liderarían un proyecto de empoderamiento comunal.

Rosa Umanzor compartiendo con los niños en Uganda. HOY/Foto: Cortesía

El motivo del viaje —cuenta Rosa— fue llevar una buena nueva a los jóvenes de ese país: “Llegamos para cambiar la apariencia de sus vidas a través de la fotografía… como una de las beneficiadas de esa iniciativa, fui seleccionada para ir y hablar de Nicaragua y de mi historia, que no ha sido fácil”.

Y es que Rosita (como todos le llaman cariñosamente) no siempre ha sido feliz en la vida. Desde niña supo de pobreza extrema y sacrificios.

Infancia difícil

Rosa Umanzor y su familia vivieron el maremoto de 1992 en San Pedro Ramos, Chinandega. Han padecido pobreza y tristeza pero pese a todas las dificultades, se han mantenido unidos. HOY/Foto: Cortesía

Nació en El Salvador, su padre —el nicaragüense Carlos Díaz— viajó al vecino país huyendo del servicio militar, “ahí conoció a mi mama y el resto del cuento soy yo y mis hermanos”, comparte la fotógrafa de 32 años.

Pero en 1992, cuando aparentemente las cosas habían mejorado en Nicaragua, los padres de Rosita regresaron a casa. Lo hicieron en un bote pequeño e inseguro.

Como pudieron, llegaron a punta La Salvia, en el municipio e El Viejo, Chinandega. Un mes después viajaron a la comarca Padre Ramos y fueron recibidos por un maremoto que les arrebató lo poco que tenían.

“El día del maremoto estaba con mi abuelito intentado cambiar unos zapatos. De repente, escuchamos como que venía un camión. Cuando vimos era pura agua de mar. Me subí a un catre. Vimos que entraron montones de pescados y una lancha llegó a rescatarnos”.

Para Rosita, lo más doloroso de ese año fue no poder asistir a clases y que el mar se llevara su única muñeca.

“Yo quería aprender, tenía en mi mente la frase que mi maestra en El Salvador le dijo a mi mama: ‘ponga a Rosita a estudiar en cuanto llegue a Nicaragua, es una niña muy inteligente’. Eso me motivó a creer en mí desde pequeña”.

Rosa y sus colegas y amigos de la fundación Picture ChangeHOY/Foto: Cortesía

En la comarca Padre Ramos, en la década de los noventa, la educación llegaba hasta el segundo grado y Rosita no la desaprovechó.

Luego, para culminar su primaria tuvo que someterse a un sinnúmero de sacrificios, entre ellos, caminar largas distancias, para llegar a escuelitas de otras comunidades, soportar la marea que se comía los caminos, el hambre, la lluvia, el frío.

“Mi fuerza era inquebrantable. Yo sabía que estudiar era lo más importante, aunque nadie me lo había dicho”, manifiesta.

De la mano con sus estudios, Rosita también debía ayudar a su padre, que se ganaba el pan de su familia como pescador. A veces le tocaba faltar a la escuela para trabajar. Cuando culminó su sexto grado, Rosita se convenció de que su formación académica había terminado.

“Mi padre me llamó un día y me dijo: ‘hasta aquí llegaste… no tenemos dinero para seguirte ayudando’. Eso me dolió y tuve que resignarme, buscar qué hacer”, narra la fotógrafa.

Rosita y Kate Gazaway , la fundadora de Picture Change, toman fotografías en África. HoY/Foto: Cortesía

Llegar a las ñangas a sacar conchas y larvas de camarones para luego vender, fue la manera en que Rosita logró ayudar a sus padres durante tres años. Después viajó en familia a El Salvador, y estando allá sus parientes le motivaron a quedarse y seguir estudiando.

La decisión fue tomada. Rosita quiso volver a la escuela y la situación se tornó difícil para ella. “Yo quería ser alguien y así ayudar a mi gente. Tuve que adaptarme a todo. Y sí, me sacrifiqué. Vendí frescos después de clase, vendí agua, papas fritas, buñuelos, hice tortillas y así me permití estudiar”.

Por su excelencia académica y su deseo de superación la escuela becó a Rosita para que estudiara inglés durante la secundaria. Lo logró. Mas cuando creyó que sería apoyada para ir a la universidad, en el centro de estudios le dijeron que precisamente ese año ya no estarían dando becas.

HOY/Foto: Cortesía

“Regresé a Nicaragua deprimida. Le dije a Dios que si había algo más para mí que me hablara, fue cuando conocí la fundación, inicié en la cocina y luego me volví traductora, luego conocí a Kate Gazaway, Dios y ella cambiaron mi vida a través de la fotografía. La fotografía me ayudó a contar mi historia y sentirme empoderada… aprendí que todo de la mano de Dios es posible”, concluye Rosita, quien hoy día está recién casada y tiene proyectos de ayudar a jóvenes de escasos recursos. Quiere enseñar inglés, fotografía y motivar a quienes han perdido la fe en sí mismos.

Más de Rosita

HOY/Foto: Cortesía

 

Para que Rosita fuera a África, Kate Gazaway —la fundadora de Picture Change— hizo una colecta a través de redes sociales. Así cumplió el sueño de la nicaragüense amante de la fotografía.

La primera cámara de Rosita fue pequeña. De apenas 10 megapixeles, le costó cinco dólares. Hoy día tiene cámaras de calidad que se ha ganado gracias a su trabajo.

 

 

...

Notas Relacionadas