Insólitos operativos que van desde incautaciones, citas con largos interrogatorios, secuestro hasta la cárcel

Manipulación política del régimen ridiculiza acción de la policía

El día que Tamara Dávila Hernández fue liberada, fue a su casa para abrazar a sus hijos. HOY/Mynor García

En Nicaragua debería ser legal exaltar los colores patrios, pero el régimen lo ha convertido en un acto criminal.

Estos gestos han desatado extraños operativos policiales que han terminado en incautaciones, citas con largos interrogatorios, el secuestro, golpizas y claro, la cárcel.

Tamara Dávila Hernández fue secuestrada y mantenida en prisión dos días en Jinotepe. Originaria de El Rosario, esta mujer fue acusada de regar trozos de pajillas de color azul y blanco en la calle.

Cuando “los orejas” del barrio donde vive supieron que era ella la de las pajillas, la denunciaron. Casi de inmediato, los policías rodearon su humilde casa forrada con palos de bambú y plástico negro para llevársela.

Sus hijos Osman Noel Lovo Dávila, de 16 años; Jeans Alexander de 9 y Jeandely Israel de 4, fueron testigos de aquel asalto a mano armada. La sacaron y se la llevaron.

Los menores quedaron al cuido de una vecina, porque a su pareja Norlan Rodríguez, le tocó en esa ocasión realizar las gestiones para lograr que los policías admitieran que ellos la tenían y que estaba bien, porque igual que ahora, las autoridades violan el derecho de la persona a saber por qué la detienen y de comunicarse ya sea con un abogado o con sus familiares. Es por eso que los organismos de derechos humanos califican esas detenciones como secuestros.

Cuando se la llevaron, Tamara se ganaba la vida vendiendo atol. Tras su liberación, la mujer contó que estando en la cárcel se enfermó del estómago y que perdió el apetito, porque no se le olvidaba el rostro de sus hijos llorando por su ausencia y sobre todo sufriendo por la forma en que se la llevaron.

“¿Quién paga las pajillas? ¡Hablá!”

Tamara fue interrogada en tres ocasiones y confió que le preguntaban quién la financiaba por tirar pajillas, quién administraba la página digital “19 de Abril” de su municipio y dónde se abastecía de las pajillas. En la cárcel, la caraceña durmió en una loseta de concreto. Si buscaban intimidarla con su secuestro, los agentes del régimen fracasaron, como han fracasado en otros casos parecidos.

La mujer actualmente se sigue pronunciando en contra del gobierno a través de las redes sociales y se define como una autoconvocada de corazón. La venta de atol la abandonó por completo, porque tenía pensado ofertar verduras, aunque no pudo establecerse. Hace unos meses, le surgió la oportunidad de poner un negocio de ropa de segunda mano y dice que le ha servido para sobrevivir con sus hijos.

La mujer, la capa y el santo

Otro caso de insólita investigación policial, ocurrió el pasado 07 de agosto.

Mientras la poeta jinotepina Karla Daniela Rodríguez Lazo se encontraba en su centro de trabajo, le llegó una citatoria policial donde la señalaban de generar “problemas de convivencia social”.

En redes sociales, fanáticos orteguistas la acusaron ser la mujer que el 04 de agosto pasado, al finalizar las fiestas patronales de Jinotepe, le colocó una capa de color azul y blanco a la imagen de Santiago. Pero no fue todo. “La inteligencia progubernamental de barrio” la acusó también de haber gritado consignas de autoconvocada en la parroquia Santiago.

La poeta Karla Daniela Rodríguez Lazo, en una acto cultural. HOY/Mynor García

Rodríguez admite que es autoconvocada y que ha asistido a marchas antidictadura, pero señaló que no fue ella la de la capa.

“No fui yo —dice— y si lo hubiese hecho, no se trata de ningún delito, por lo que nunca debí ser sujeta a un proceso investigativo”.

El jefe de la Policía en el departamento, el comisionado mayor Pedro Rodríguez Argueta, fue quien la entrevistó. La poeta contó que el jefe policial le preguntó que si ella era opositora al gobierno.

“Yo le dije que sí, porque no voy a mentir. Me dijo que tenía que tener mucho cuidado con esos gritos… pero realmente yo no estuve en la parroquia. Me advirtió que después de eso vienen los morterazos y las bullas”, contó la afectada.

En estos últimos días, Rodríguez ha percibido que hombres de civil la han seguido a pie y la mantienen vigilada.

¿Y la delincuencia?

Mientras la Policía ejecuta las órdenes de represión, la delincuencia opera con libertad. Asaltos armados a camiones en carreteras, a negocios y hasta en residenciales cerrados se denunciaron la semana pasada. Los malhechores siguen sueltos.

HOY/ARCHIVO
Operación pintura

Al excarcelado político Francisco Sequeira, agentes policiales le confiscaron pinturas de color azul y brochas con las que pretendía pintar su casa.

Una capitán de la Policía dio la orden a varios agentes. En insólita actitud, los agentes llevaron hombres vestidos de civil y le pintaron la casa de color amarillo, sin que los propietarios se los pidieran y menos que se los autorizaran.

...

Notas Relacionadas