Carlos “El Pollo” González: entre la cancha de baloncesto y el volante de un taxi

El Pollo, de 38 años, empezó a jugar baloncesto desde los 12 años. Flavio Moreno lo inició en este deporte que después se convirtió en su modo de vida.

Nicaragüense Carlos “el Pollo” González, actualmente juega con el equipo Real Estelí en la LSB. Foto HOY/OSCAR NAVARRETE.

De Carlos “el Pollo” González quizás se conocen muchas cosas dentro de la cancha: es uno de los jugadores más bajos del baloncesto nacional (1.66 metros), es miembro de la Selección Nacional absoluta desde 2001, ha ganado cerca de 18 títulos diferentes y alcanza en la selecta lista de los mejores de la historia. Lo que probablemente pocos saben es que en su rato libre, o temporadas sin torneos exigentes, se lo puede ver al volante de un taxi.

El Pollo, de 38 años, empezó a jugar baloncesto desde los 12 años. Flavio Moreno lo inició en este deporte que después se convirtió en su modo de vida. Conforme pasó el tiempo empezó a destacar cada vez más y a ser cotizados por los quintetos más fuertes a nivel nacional. Su talento y disciplina le permitió conseguir mejores ingresos y decidió invertir.

“En 2007 ganaba más o menos, no era de los que quería guardar el dinero y nació la idea de tener carro, pero no uno particular porque es una inversión y busqué algo que me diera un dinero extra y se me ocurrió comprar un taxi. Ahí nació la idea y en estos momentos de la vida me ha ayudado eso”, recuerda el Pollo.

Ingreso adicional

El taxi que posee lo ocupa para transportarse a los juegos, lo da a trabajar o él mismo sale a la calle a taxear. “No me gusta estar sin hacer nada. No soy una persona de estar quieta, siempre tengo que hacer algo, ¿por qué no trabajar un rato? No tengo problema con eso”, señala.

“Trabajo cuando no hay temporada, puedo trabajar por la mañana, mis cuatro horas, luego me voy a descansar”, apunta el actual jugador del Real Estelí.

Los últimos años muy pocas veces ha estado al volante. El Torneo Carlos Ulloa y la Liga Superior de Baloncesto (LSB), entre otros, lo ha mantenido más pegado en la cancha. La LSB es más exigente y debe prepararse mejor. “Si no juego aquí estoy allá, la exigencia es mayor, el cuido es más, tengo que pasar más tiempo descansando y entrenando porque lo hacemos dos veces en el día”.

Seguidores sorprendidos

El Pollo tiene muchas historias al volante, especialmente con sus seguidores. “Casi la mayoría de la gente me conoce, a veces se asustan y me dicen ¿qué hacés vos aquí? Pensando que uno gana millones, pero vivimos en un país que a todo el mundo le gusta el deporte y lastimosamente no son millones lo que gana, tenemos que trabajar porque hay responsabilidades como cualquier otra persona, gastos del hogar”, manifiesta.

A Carlos también le piden el número de teléfono para que haga viajes privados. “Hay muchas que piden los números (ríe), pero les digo que no trabajo al tiempo completo. Hay gente que llama, pero no lo hago (los viajes) porque estoy jugando. Cuando termine de jugar dedicaré más tiempo a esto, probablemente tenga más clientes”.

El Pollo asegura vivir a gusto y da lo necesario a sus hijas (Dayana de 20 años y Alexa de 17) con sus ingresos en el baloncesto y el taxi.

“No gano el montón, tampoco vivo sofocado”. Aún no piensa en el retiro, cuando lo haga en dos o más años, le gustaría entrar al negocio de los taxis adquiriendo más unidades.

Jugó futbol

En el barrio Monseñor Lezcano creció Carlos “el Pollo” González. Ese sector de la capital es reconocido porque se practica mucho futbol. Jugó en el desaparecido Parmalat FC.

“Jugué la temporada que subieron a Primera División, cuando ascendieron me vine al baloncesto porque me gustaba más y me chocaban. Podía jugar los dos deportes porque no era malo”, asegura el Pollo.

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