Antes de tener uno de los mejores salones de belleza del país, Valeria Vásquez hizo y vendió pan para sobrevivir

Desde niña, Valeria Vásquez tuvo que cuidar de su familia. Cuando murió su madre apenas tenía trece años y a esa edad empezó a trabajar en salones de belleza como ayudante, a la vez que luchaba por estudiar... conozca más de su historia

Valeria quería ser diseñadora de modas, no le gustaba el mundo de salones de belleza, pero su madre la condujo por ese camino. Hoy día le agradece. HOY/Foto: cortesía

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Su manicure es perfecto, pero esas manos no siempre lucieron así de impecables. Valeria cuando era niña ayudaba a sus padres panaderos a elaborar el pan para la venta. Era la encargada de los pudines, las tortas, y cuando ya había cumplido con su tarea, movía una mesita cargada de pan y la ubicaba exactamente donde hoy día es la recepción de su salón de belleza. “La idea de la mesita”, fue iniciativa propia y no le avergonzaba, al contrario, se sentía bien al saber que podía ayudar en casa a solventar algunas necesidades básicas.

La panadería fue el primer acercamiento que tuvo Valeria con el trabajo. Recuerda que en ocasiones, mientras otros niños salían a jugar, ella estaba amasando al lado de su madre o sacando las piezas del horno, embolsándolas una a una.

“Mi familia era bien pobre, mi padre nos daba diez córdobas diarios y con eso teníamos que resolver qué comer durante el día”. Valeria comparte que nunca tuvo lujos y que le daba pena ir a la escuela con los zapatos despegados o remendados por su padre: “Casi nunca podían comprarme, mi papa me regañaba, decía que tenía que ir así, que no importaba, pero a mí me daba pena”.

Mas ninguna situación fue tan dura como el día en que Valeria, de apenas 13 años, miró morir a su madre de cáncer en los huesos. Antes de expirar, Isabel Moreno (q.e.p.d.) la llamó a su lado y le dijo que cuidara a sus hermanos. Desde ese momento la mentalidad de niña le cambió por completo, tuvo que convertirse en “la mujer de la casa, la que salía a trabajar para alimentar a la familia”.

“La vida me la ganaba de ayudante en un salón de belleza. Mis hermanas se quedaba haciendo comida, y mis dos hermanos lavaban carros donde unos vecinos. Estaban chiquitos, pero así nos ayudábamos todos”, confiesa Valeria, quien en esos días también tuvo que lidiar con el alcoholismo de su padre, quien se entristeció en demasía con la muerte de su esposa.

Admirables esfuerzos

Fue su madre, Isabel Moreno (q.e.p.d.), quien notó en Valeria poderosas aptitudes de belleza. A sus 12 años, sin que ella quisiera, la inscribió en una academia. “Realmente no me gustaba, yo quería ser diseñadora de modas. Empecé poco a poco a interesarme hasta que me enamoré del maquillaje y todo lo demás. Cuando murió mi mamá, me fui a trabajar a los salones”.

Salones de día, escuela de tarde, así logró Valeria culminar su primaria y secundaria. Explica que no asistió a la universidad porque sus obligaciones eran grandes. Resolvió trabajar incansablemente durante casi diez años.

“Yo estuve en muchos salones de belleza. Antes o después del trabajo atendía a mis clientas a domicilio. Yo hacía de todo. Nunca renegué, daba gracias a Dios por las oportunidades, pero sí fue duro”.

A los 22 años de edad, Valeria decidió dejar de trabajar para otros salones y quiso poner su propio negocio en la casa de su padre, la misma que hoy tiene un letrero en las afueras que dice: “Valeria Salón &Spa”, situado en el barrio El Paraisito, de la P del H dos cuadras al sur.

Rememora que inició humildemente; con una silla de pupitre, “de las que se usan en las escuelas”, una bata, un espejo y una tijera.

“La primera publicidad”, ríe Valeria, fue a los dos meses, cuando un bus de la ruta 111 se me metió al negocio y lo destruyó todo. “Cuando la gente se asomó a ver miró que era un salón, nadie se percataba. Desde ese día empezaron a venir por curiosidad y el nombre Valeria empezó a sonar”.

Según la emprendedora, ya Dios le tenía el camino preparado. Por consejo de amistades inició a colaborarle a La Prensa: “yo retocaba a personajes de todos los segmentos especiales y los dominicales. Actualmente maquillo a las modelos que salen en la contraportada del Periódico HOY. Maquillo en certámenes de belleza, para productoras de televisión, artistas, entre otros”.

Con mucha paciencia Valeria fue posicionándose como una de las mujeres más influyentes en el ámbito de la belleza nicaragüense. Al denotar que su clientela cada vez era más grande y exigente quiso remodelar su salón, invertir en baños, en luces, asientos, aire acondicionado y variados productos para el rostro, el cabello, la piel…

Escoger el nombre de su salón de belleza no le fue complejo, dado a su popularidad comprendió que era conveniente usar el “Valeria”.

“Al principio yo quería ponerle Excelent, pero mi hermana me dijo que era un nombre que evocaba a los lujos y mi salón era muy sencillito. Entonces quedó como Valeria y hoy no me arrepiento, he crecido con él y me he capacitado en Europa y varios países de Centroamérica en temas de estilismo, maquillaje y asesoría de imagen”, asevera.

Tuvo complejos

Valeria ha viajado por Europa y Centroamérica profesionalizándose en temas de belleza y asesoría de imagen. HOY/Foto: cortesía

No por ser una especialista en maquillaje y otros servicios de belleza, Valeria Vásquez Moreno tenía el autoestima al cien.

Expresa que desde los trece años le salieron várices en sus pies, por lo que prefirió usar siempre zapatos cerrados y pantalones largos. A la fecha, sigue utilizándoles, aunque ya luce sus pies en sandalia o ropa semicorta.

Otro de los complejos que Valeria tuvo fue su cuerpo. Cuenta que por sus problemas de tiroides puede aumentar rápidamente de peso: “Me daba pena verme rellenita, pero todo eso ya lo superé, entendí que lo importante es estar sana”.

Relata que hace siete años decidió mejorar su apariencia, arreglarse más porque hubo una persona que intentó hacerle daño recalcándole sus defectos, “ me decía que nadie me iba a hacer caso con esos pies. Pero soy una triunfadora. Sigo siendo sencilla, pero ahora me cuido por dentro y por fuera, voy al gimnasio”.

Fallido pero vigente

El proyecto a futuro de Valeria es poner otro salón de belleza. Hace un año lo tenía en el puntero, pero debido a la crisis que estalló en abril del 2018 tuvo que frenar sus planes.

Hoy día Valeria asegura que la situación económica está golpeándole, pero ella ha tomado sus medidas. Resalta que no le importa limitarse en cuanto a la compra de alimentos, ropa, cortar “gustitos”…

“Todo es de sacrificio, mis hijos estudian gracias al esfuerzo de mis manos, yo no salgo más que para capacitarme… no despilfarro dinero que no tengo, siempre pienso en el mañana”.

Valeria señala que de su negocio se ha dicho de todo, algunas personas le han señalado de estar involucrada en negocios turbios, “otros me han dicho que un hombre me lo ha dado todo. No. Valeria es luchadora desde niña. No necesita a un hombre para progresar, ninguna mujer necesita a un hombre para surgir, sino el esfuerzo de sus manos, así he sacado adelante a mi familia… gracias a Dios”, concluye.

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