Policía mantuvo el asedio en Jinotepe durante la misa para recordar a las víctimas de la masacre

Madres siguen demandando justicia por los asesinatos

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Tres patrullas llenas de antimotines y policías rodearon el templo San Antonio, para dispersar a los creyentes que pedían justicia. HOY / Mynor García

HOY / Carazo

Elizabeth Velásquez, vestida de negro —el color que refleja el luto que vive desde hace un año debido al asesinato de su hijo Josué Israel Mojica—, llegó ayer a la parroquia San Antonio de Jinotepe, para participar en una misa de aniversario por las víctimas de la “operación limpieza” que ejecutaron las fuerzas combinadas en ese departamento el 8 de julio del año pasado.

Sin embargo, los simpatizantes sandinistas y la Policía Orteguista acosaron a esta madre y al resto de familiares de asesinados.

“De ellos se espera todo, pero nosotros tenemos derechos a como ellos de andar libremente en las calles. Nosotros somos nicaragüenses también, tenemos derechos a protestar y a hablar y no nos pueden quitar esos derechos, fueron nuestros hijos los que fueron asesinados”, dijo Velásquez.

Sobre el asesinato de su hijo, a quien todos conocían como Fetito, espera que prevalezca la justicia divina.

Eva Ruth Campos, madre del bartender José Manuel Narváez Campos, asesinado también por parapolicías y policías, lloró casi durante toda la misa que presidió el sacerdote Gonzalo Rodríguez.

“Primeramente quiero darle gracias a Dios por que nos dio la oportunidad de estar aquí de conmemorarlos y homenajearlos, gracias a todos los participantes… aquí no nos detiene nadie… seguimos adelante, fueron nuestros hijos, parte de nuestras vidas lo que nos arrebataron”, lamentó Campos, quien habita en Jinotepe.

“Para mí no pasa el tiempo y quiero sobre todo que se haga justicia, porque nosotras las madres no tenemos paz, hasta que se haga justicia”, concluyó.

Por otro lado, Alejandro César Ochoa Rosales, padre del estudiante de secundaria Alejandro Carlos Ochoa, asesinado también por las fuerzas represoras del gobierno, espera que los paramilitares entreguen las armas que les asignaron.

En la iglesia Santiago de Jinotepe, en horas de la tarde se realizó una misa por las víctimas de la masacre del 8 de julio de 2018. La Policía Orteguista mantuvo asediado el sitio y eso implicó que gran parte de la feligresía regresara a sus hogares y los familiares de las víctimas se ausentaran.

Ochoa es talabartero y al concluir la misa entregó unas pulseras de cuero azul y blanco, con las iniciales de su vástago. Al recordarlo, sus ojos se le llenaron de lágrimas. Alejandro tenía 17 años cuando lo asesinaron y además estaba asistiendo a clases de cocina para convertirse en un chef profesional. Su madre, después del acto religioso, sufrió un desmayo.

Tres patrullas cargadas de antimotines y de policías vestidos de azul-celeste, fueron las que rodearon el templo San Antonio para dispersar a los creyentes que pedían justicia por las víctimas del ataque armado. El operativo estuvo a cargo del Comisionado Mayor Pedro Rodríguez Argueta, jefe de la institución en el departamento.

En la eucaristía el cura Gonzalo Rodríguez, habló de la palabra de Dios, de la fe y del poder de la oración. “Si el bien, la verdad, la sinceridad y la justicia están de parte de ustedes y nosotros, son frutos que vienen y que brotan de la casa de Dios, Dios se manifiesta de esa manera”, dijo el clérigo, quien lamentó lo ocurrido.

Destacó que el derecho a culto en Nicaragua no se está respetando, “pero también a veces somos muy apasionados y eso a veces no es conveniente, pero basta con tener una actitud bien firme y fuerte y defender lo que hay que defender, en este caso la justicia, la verdad y la paz”.

Asimismo dijo, “uno tiene que ser muy prudente, muy sobrio. Lo importante es tener la certeza de lo que se defiende es la verdad y ante eso, no es necesario gritar”.

Componen canción
Una vez que concluyó la misa, se mencionaron sus nombres y se tiraron papelillos y globos azul y blanco. También se cantó el Himno Nacional. Dos de los hermanos Esteban Lesage, Harvin Roberto y Luis Manuel, cantaron a capela una música que recién compusieron al bartender José Manuel Narváez Campos, a quien se le conocía como Chema Campos. Los simpatizantes sandinistas con una caravana de vehículos, música y morteros celebraron la masacre.

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