Policía desertó porque lo estaban obligando a recibir un entrenamiento de guerra

El entrenamiento era recibido en la clandestinidad y le obligaban hacer cosas no en pro del bienestar de la ciudadanía. Era un adiestramiento de ataque. El expolicía no quiso seguir siendo parte de los masacradores.

El expolicía teme por la vida de su familia. HOY/Foto: Alejandro Flores

HOY

El exteniente de la Policía Edwin Antonio Hernández Figueroa temía por su vida y la de su familia. Por eso, acudió el 3 de junio del 2019 a la Comisión Permanente de los Derechos Humanos (CPDH) con la esperanza de encontrar protección, puesto que estaba amenazado y posiblemente era perseguido por agentes de la institución, quienes descubrieron su aversión a las “oscuras exigencias del gobierno”.

Hernández Figueroa grabó un video en donde advirtió que si algo le pasaba, responsabilizaba al Estado. Estaba dispuesto a marcharse del país, ir al norte, los Estados Unidos, y dejar atrás ese ambiente tóxico y de muerte que lo atormentaba día y noche. Así lo hizo el 10 de junio, acompañado únicamente de un bolso con ropa y dos cartas; una brindada por la CPDH y otra que le concedió un sacerdote de El Sauce, León.

Foto: Cortesía

Con estas misivas el expolicía solicitaría asilo político para él y su familia, pero al llegar a la frontera con Honduras, fue detenido por oficiales de Migración al entregar su pasaporte y lamentablemente cayó en manos de la Policía Orteguista, que hoy día “por traición al comandante” le teje un delito de tráfico de estupefacientes.

Para la familia de Hernández Figueroa, tal acusación es un absurdo y aseguran que la institución está utilizando a su pariente como ejemplo “para intimidar y amenazar a los demás policías que no quieren estar en esa institución”.

“Mi esposo no quería seguir en eso, no lo decía directamente pero yo lo miraba destruido de los nervios, vivía con una mochila a cuesta, se sentaba a la mesa con ella, cuando íbamos por las calles me decía que si miraba a un policía saldría corriendo, no dormía y lo peor es que cargó su temor en silencio para protegernos”, cuenta afligida Ana Delgadillo.

Foto: Cortesía

Posterior al estallido social de abril de 2018 Hernández Figueroa, de 33 años, empezó a notar cosas raras en la Policía: repentinamente llegó el comunicado interno, “nadie podía renunciar” y el que lo intentara quedaría preso o con restricción en la unidad.

Entrenamiento de guerra

A Edwin Antonio Hernández Figueroa, originario de León, siempre le gustó servir a los demás. A los 21 años de edad ingresó a la Academia de Policía Walter Mendoza Martínez, en Managua, llevó a cabo entrenamientos duros. Por su disciplina y su inteligencia en esos días lo ascendieron a jefe de sector, estuvo laborando en León.

Posterior a eso lo trasladaron a Achuapa, donde también se desempeñó como jefe de sector. Paralelo a su trabajo, le dieron la oportunidad de estudiar Psicología y hace cinco años, cuando logró coronar su carrera, lo nombraron inspector. Hernández Figueroa era querido por todos los altos jefes.

“Lo estimaban pero cuando inició la crisis sociopolítica, empezaron a exigirle hacer cosas que él miró malas. A él lo trasladan a El Sauce, igual como jefe de sector. Pero luego lo regresan a León, estando en León a él le dan órdenes de que trabaje con antinarcóticos, no le gustaba porque eso lo alejaba de la gente, a él le encantaba estar cerca de la población”, relata Delgadillo, su esposa.

El exteniente ejerció el cargo de oficial antinarcótico, aproximadamente dos meses. En ese lapso, se le exigió realizar un entrenamiento. No le precisaron de qué o para qué, solo que llegara detrás de la Central de la Policía, en León, salida a Chinandega, en un predio baldío donde todos se reunirían.

No le gustó lo que miró, lo que le obligaban hacer no era normal, definitivamente no era un entrenamiento que solidificara sus conocimientos anteriores en cuanto a defensa de las personas, sino confrontativo, casi un adiestramiento de guerra.

Foto: Cortesía

Hernández Figueroa comprendió que el gobierno preparaba un ataque mayor, decidió que saldría del país lo más pronto, no le importaba la liquidación, medallas al mérito, nada, solamente no quería ser parte de una pronta masacre. Sus principios cristianos evangélicos no se lo permitían.

“Me decía que confiara en él, que tenía que irse, luego se comunicaría conmigo y nos sacaría del país. Le preguntaba qué pasaba, pero él no me decía, lo miré irse, se despidió… y ahora está en las peores manos, temo lo que puedan hacerle, es un hombre bueno, no un delincuente, nunca reprimió, como él hay muchos en la Policía, pero están amenazados, están presos, con miedo a que les hagan daño a sus familias”, asevera Delgadillo.

¿Droga, un montaje?

El documento que presentó la Fiscalía asevera que al expolicía le encontraron dos bolsas de cocaína en un bolso y, de acuerdo con el pesaje realizado, el primer paquete era de 1,155.9 gramos y el segundo de 1,145 gramos.

El juez Quinto Distrito Penal de Audiencia, Julio César Arias, este 21 de junio admitió el intercambio de información de pruebas y lo envió a juicio para el próximo 15 de julio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

...

Notas Relacionadas