Dirian Bonilla, el tumbador de obstáculos

El nicaragüense Dirian Bonilla ha vencido al asma y una terrible lesión, para convertirse en el mejor fondista del atletismo nicaragüense

El nicaragüense Dirian Bonilla durante su competencia en Estados Unidos. HOY/Cortesía/Dirian Bonilla

El nicaragüense Dirian Bonilla durante su competencia en Estados Unidos. HOY/Cortesía/Dirian Bonilla

Al ver cruzar la meta del Maratón de Los Ángeles a Dirian Bonilla le es difícil imaginar que era el mismo niño al que el asma incluso le hizo perder un año y medio de estudios. La historia de este fondista nicaragüense está llena de determinación, la misma que lo ha llevado a eventos de primera línea.

Bonilla es el mejor fondista del país en la actualidad y es por ello que fue elegido para representar a Nicaragua en los Juegos Panamericanos de Lima, con el uso de unos de los wild card otorgados a la Federación Nicaragüense de Atletismo (FNA).

En el Maratón de Los Ángeles, Bonilla fue noveno (2:28.23 horas) y el mejor latinoamericano en 2018, y fue 14 (2:23.04) y tercero entre latinos en 2019, pero además ha ganado los maratones Space Coast en 2011 (2:37), el de Long Beach en 2012 (2:30.16), el de Ventura en 2013 (2:32.34) y ganó bronce en el de los Juegos Centroamericanos de San José en 2013 (2:34.32).

Los triunfos de Bonilla pueden tomar una dimensión mayor al ver su pasado, pues se trata de un atleta que inició a una edad poco común, los 18 años, y que incursionó en los maratones hasta los 23.

“Cuando era niño tenía asma y corría bastante para que se me quitara. A mi mamá le daba miedo por mi salud, pero con las medicinas y corriendo se me quitó”, recuerda Bonilla.

A las 10 años dice que superó la enfermedad y tras probar un poco con el futbol, después empezó a participar en carreras de atletismo, motivado por la profesora Carla Traña, de su natal Jinotega.

Así empezó a participar en eventos locales y nacionales, pero no ganaba. Entonces, apareció el entrenador Jorge Isaac García, quien pulió su talento desde 2003 hasta 2018. Con él, primero ganó el subcampeonato nacional de los 3,000 metros Juvenil A y el tercer lugar en los Juegos Escolares de Codicader.

Puesto a prueba

Pero le llegó otra difícil prueba, una lesión en 2005. Cuando se preparaba para correr los 1,500 metros en un evento nacional se lastimó el ligamento cruzado anterior y el menisco de la rodilla derecha. Al año siguiente fue operado, pero los doctores le dijeron que no volvería a correr.

“Yo cuando salí de la operación me propuse algo, sabía que era grave el problema y sabía que si Dios quería me ayudaría a sanar”, señala.

Y no fue con ayuda de un fisioterapeuta o un entrenador especial, fue su mamá, Raquel Castro, quien comenzó a empujar a Bonilla para que volviera a correr.

“Mi mamá me ayudaba con los ejercicios, animándome y me sacó a flote”, reconoce Bonilla, quien dio el giro a su carrera al incursionar en los maratones, también con el consejo del exatleta Dimas Castro.
Con su propia iniciativa y el apoyo del movimiento Managua Runners, Bonilla empezó a participar en maratones en Estados Unidos, República Dominicana y toda Centroamérica.

En uno de esos eventos conoció al entrenador Enrique Hernández, quien le dio la oportunidad de entrenar con su equipo en México, donde actualmente se prepara para los Juegos Panamericanos de Lima.

Con sus ahorros y un premio obtenido en el Maratón de Los Ángeles, Bonilla hizo el viaje a México y después recibió una ayuda de parte de la Federación de Atletismo y el Comité Olímpico Nicaragüense (CON), para completar la que sería su mejor preparación para un evento.

“Mi meta es acercarme al récord nacional, que es de 2:20.39 horas de William Aguirre, yo tengo 2:23.04. Si el récord no se da ahí, lo intentaré en el Maratón de Houston, que será en enero de 2020”, dice Bonilla y hay que tomarle la palabra a este luchador.

En lo personal

Dirian Bonilla es casado con Alba Pérez y con ella tiene dos hijas, Linsay Raquel de 5 años y Dulce María de 9.

A su padre, Manuel de Jesús Bonilla, nunca lo ha conocido, pues se separó de su madre antes de que él naciera. “Me dicen que vive en Managua, pero nunca se ha dado la oportunidad de conocernos, me gustaría conocerlo y no para exigirle algo”, dice.

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