El Psicólogo de HOY: El juego del odio

Dañar más a quien me ha dañado, es una de las respuestas más repetidas cuando se meten con nosotros. El odio es una emoción muy dolorosa, principalmente para el que lo siente.

El odio es una emoción muy dolorosa, principalmente para el que lo siente. HOY/Istockphotos.com

Dañar más a quien me ha dañado, es una de las respuestas más repetidas cuando se meten con nosotros. El odio es una emoción muy dolorosa, principalmente para el que lo siente. Se ha comparado al odio como un pedazo de carbón al rojo vivo en el centro de nuestro corazón y en cierta forma esta analogía es bastante significativa, puesto que ni más ni menos, es algo que nos carcome el alma.

Hace un par de días me escribía una joven mamá diciéndome que odiaba a un hombre porque había intentado abusar de su hija menor de edad y, claro, es comprensible.

Otra me escribió porque le habían asesinado injustamente a su hijo y el hecho de acercarse el Día de las Madres y no tenerlo le hace odiar más, pero cuando ya ha pasado un tiempo prudencial, como que es inútil seguir cargando esa emoción con nosotros, claro, dirás que es fácil decirlo porque no me ha pasado a mí, pero siendo francos, a la única persona que le sigue dañando lo que hace tiempo pasó es a esta persona que me escribió, no al perpetrador.

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El abusador seguro anda campantemente, en caso de que no lo hayan denunciado por la razón que sea, o si está purgando prisión, te aseguro que allá adentro tampoco se la está pasando tan mal, como quisieras.

Te pido que no me malinterpretes, es necesario perseguir a los culpables, a los autores materiales, la red que los soporta y aplicar la ley. Que las consecuencias sean legales, no que sigan siendo emocionales dentro de tu corazón. Sé que es un trabajo arduo e inimaginable para ti porque sentirías que estás traicionando a tu familiar, pero es un fin necesario para que puedas vivir en paz.

Muchas veces se toma al odio como la forma de recordar y mantener la memoria del ser que se nos fue arrebatado y eso no debe ser así, hay formas más sanas de recordar a nuestro familiar o amigo y esa es desde el amor que le tuvimos a él o ella, y no por el odio a su asesino. Con odiar no vencemos al que nos lo arrebató, más bien nos hacemos esclavos dentro de nuestros propios corazones.

En lo que no estoy de acuerdo es en atacar el odio con más odio: así solamente se alimenta el problema, se hace más grande: guerra, rencor, ojo por ojo, etc. El amor alimenta al amor. El odio alimenta al odio. Cuando nos atacan directamente la reacción natural es la de defendernos, el contraataque o la huida. ¿Pero realmente es necesario contraatacar en este tipo de situaciones, atacando a quien nos ataca? ¿Qué ganamos con ello?

¿Qué podemos hacer? Como siempre digo, todo es cuestión de equilibrio: cuando estamos ansiosos lo afrontamos entrenando nuestra capacidad de relajarnos, por ejemplo.

El odio se ha de atacar con sus contrarios: fomentando el amor, la empatía, la integración, y sobre todo la educación. No estoy diciendo que ames a quien te hace daño, estoy diciendo que asumas ese dolor y no entres en el juego de hacer daño a quien te daña.

Psicólogo clínico. Encuéntrelo en Facebook como Psicólogo Martínez. Twitter: @PsicologoCli. Visita: www.psicologomartinez.com Teléfono: 8584-9784

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