Hace un año la voz de trueno de Lesther Alemán hizo temblar a Ortega en la apertura del Diálogo Nacional

En esta entrevista Lesther Alemán cuenta como vivió ese encaramiento con el dictador y revela situaciones que padeció a raíz de ese día... Ortega lo quería muerto.

Lesther Alemán tuvo que exiliarse por las constantes amenazas de muerte. HoY/Foto: Archivo

HOY

El 16 de mayo del 2018, Lesther Alemán, un joven de apenas 20 años de edad, se enfrentó a Daniel Ortega en la apertura del Diálogo Nacional y le exigió en nombre de todos los nicaragüenses que ordenara el cese inmediato de la represión y, sobre todo, que abandonara la silla presidencial, “porque es lo que pide el pueblo”, le dijo el joven al dictador. A un año de ese momento que marcó la historia, Lesther Alemán comparte cómo vivió ese día.

¿Ya el grupo de jóvenes Azul y Blanco había resuelto que vos alzarías tu voz contra Ortega o fue una resolución espontánea?

Un día antes del Diálogo Nacional, bajo una fuerte lluvia conocimos el programa de ese posiblemente histórico 16 de mayo, cansó, molestó saber que Ortega en su participación llegaría tarde, contaría historias, hablaría de todo menos del problema. Ante esto, debíamos salirle adelante, salirle al paso, por ello decidimos saltarnos la palabra, se me eligió, concibo, porque podía hablar sin micrófono, dado al tono de voz, aunque pudo haberlo hecho otro estudiante, o cualquiera de los que estábamos en esa mesa. Asumí esa responsabilidad sin dimensionar lo que significaría, en ningún momento he buscado protagonismo. Lo dije al inicio: a un lado tenía la cámara y al otro lado el fusil.

¿Qué sentiste cuando Ortega empezó a ofender la memoria de las víctimas de abril?

Mayor repudio hacia él, hacia Rosario, que estaban en esa mesa. Cabe destacar las reacciones de Bayardo Arce e Iván Acosta, se veían incómodos. Edwin Castro con su sonrisa cínica y Rosario Murillo enojada. Es por eso que Madelaine Caracas lee la lista de víctimas. Después de cada nombre mencionado en los gritos ¡presente, presente, presente!, se desgarraban nuestras almas, el alma de Nicaragua.

¿Pensaste alguna vez que te enfrentarías así a un político como Ortega?

Jamás pensé enfrentarme al dictador. Esto no estaba planeado, ni orquestado como ellos suponen, es curioso, porque al inicio de la rebelión de abril, se pedía la renuncia de Aminta Granera o el General Avilés y me sorprendió cómo todo esto evolucionó. Sin imaginarme que un mes después, nosotros pediríamos la renuncia de Daniel Ortega.

¿Qué viste en el semblante de Ortega ese día, en la apertura del Diálogo?

Ese 16 de mayo, mientras yo hablaba, lo miré directamente a los ojos, se veía frío, no me sorprendió dado que nunca ha escuchado a Nicaragua y siempre se ha encerrado en sus castillos, una realidad paralela por once años. Todo el tiempo él mantuvo sus manos sobre la mesa, probablemente quería el control de la situación, obviamente no la tenía, así también hizo creer que estaba bien mientras se le decía la verdad en su propia cara. Eso transmitió su lenguaje corporal. Era un hombre totalmente desentendido de la realidad.

Los ojos de Ortega se posaron en vos mientras hablabas altisonante, ¿sentiste que te miraba con odio, te intimidó en algún momento?

A pesar de que su mirada estaba directamente en mí y no parpadeaba, no le tuve miedo, creo que me había limitado a increparlo, además, la rebeldía de la juventud, no tiende a darse por intimidada. A ratos lo percibía perdido, en otros momentos como si lo ocurrido no le importaba. Lo que más reflejaba Daniel Ortega ese  día  era su ego y altanería. Aclaro siempre, esto no fue un show, ni tampoco una malcriadez. Debíamos reflejar la realidad, el pueblo estaba en las calles exigiendo libertad y nosotros teníamos que dejar clara ante Nicaragua, ante Ortega y ante el mundo, nuestra posición.

¿Ortega mandó a alguien a amenazarte?

Las amenazas no se hicieron esperar, yo suponía que los fanáticos para congraciarse lo iban a hacer. Recuerdo esa noche del 16 de mayo 2018 que yo revisaba mi teléfono, un usuario en Facebook que era de la seguridad de Ortega, dijo que ese día ¡lástima!, no le había tocado turno, sino me hubiera disparado al salir, y como esas hubo muchas. Por otro lado entendí que el régimen bajaba órdenes de una forma vertical, tanto medios como páginas oficialistas, al igual que personajes del mismo partido, me hostigaron. Era constante la difamación, la amenaza, la radio Ya posteó hasta unos volantes con los nombres de mis padres, cédula, procedencia, toda información que había sido rastreada.

Debo contar algo, no lo había dicho, pero en un momento determinado, más o menos en julio del 2018, se me confió el plan de asesinato que declaró la exembajadora, Laura Dogu, hace poco. Ese plan de asesinato tenía como objetivo a Monseñor Silvio Baez, la embajadora Dogu, Humberto Ortega, a mi persona y a otro ciudadano. A pesar de eso, por mi terquedad, así como la presión de no defraudar al pueblo, decidí no salir de Nicaragua, desgraciadamente la represión recrudeció y los hostigamientos eran continuos, no me dejaban participar en las manifestaciones, en la última fase de represión que viví, no me dejaban ni ir a las reuniones con la Alianza Cívica. Todavía me siento incómodo porque yo no quería salir de Nicaragua. Lo único que tengo fuera es mi cuerpo, yo continúo en el país.

Asimismo, también  se me confirmó un monto que estaban ofreciendo en las alcaldías municipales, por mi cabeza. El precio era de 50 mil a 55 mil dólares. Me pareció absurdo saber que el régimen ofrecía eso solo porque les había dicho sus verdades.

¿Volverías a gritarle a Ortega?

Claro que sí, a pesar de todo no me arrepiento de haberlo hecho y si se llegase a presentar una oportunidad no lo pensaría dos veces, aunque lo continúo haciendo desde donde estoy, continuamos diciendo sin ningún tipo de censura lo que Daniel Ortega ha hecho con nuestro país.

Yo entiendo que fui uno de los interlocutores de los reclamos del pueblo que hasta hoy sigue siendo el mismo. Creo que mi generación le pondrá un “detente” a cualquier político tradicional. Somos francos, criticamos y deconstruimos la idea de los intocables. Sigo siendo joven y eso es parte del espíritu de mi generación, decir la verdad, retar al sistema,

¿Qué te pareció la presencia de Rosario Murillo ese día?

Cuando entramos al seminario Rosario Murillo intentó ser cordial, se excedió con sus gestos para saludarnos, en el programa que presentó la Conferencia Episcopal de Nicaragua, ella no tenía participación alguna, pero en algún momento arrebató el micrófono para atacar a Azahalea Solís. Hubo un cambio drástico, después de nuestra participación, que pasó del saludo al odio. Nos quería matar con la mirada. Unos dicen que fue humillada.

¿Qué querés que se recuerde de ese 17 de mayo?

Ese 16  de mayo fue la suma de tantas agresiones al pueblo, quiero que se recuerde la rebeldía de un pueblo inquebrantable, el entusiasmo, la algarabía y que nunca se olvide que hay víctimas, nos los arrebataron y queremos justicia.

Compartile algún mensaje a los nicaragüenses

El mayor reto que tenemos es alcanzar el consenso del país, porque obviamente queremos cambiar el país, pero hoy tenemos la oportunidad, abril nos la ha dado, todos debemos y somos parte de la construcción, de una Nicaragua más democrática, con justicia y sobre todo con memoria, tenemos que luchar en presencia y por las redes, exigiendo, denunciando, visibilizando casos y sobre todo en esa constante manifestación.

 

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