Tragedia en La Chureca: tres niños se envenenaron buscando comida entre la basura

En el vertedero La Chureca se dijo que los niños se intoxicaron al comer chocolates de envoltura verde Pero Medicina Legal dio su veredicto.

Los pequeños no lograron llegar vivos al hospital. HOY/Foto: Óscar Navarrete

HOY

El 08 de diciembre de 2004 en La Chureca, mientras Basilia Rodríguez lavaba y tendía ropa, sus diez hijos, entre ellos Daniel Ezequiel, de seis años, José Alberto de cuatro y Moisés Rubén de tres, corrían alegremente de un lado a otro en la humilde casa forrada de latas oxidadas.

El optimismo flotaba en el aire pues era diciembre, Navidad, y en La Chureca, casi a diario llegaban almas caritativas a dejar comida y regalos a las familias que vivían todo el año entre la basura.

Ese 08 de diciembre no fue la excepción, una mujer desconocida llevó la buena noticia de que en la báscula del botadero de desechos había un grupo de personas repartiendo panas de comida y de inmediato la alegría inundó a los tres pequeños que corrieron al lugar para premiarse con su paquete.

Cuando Daniel, José y Moisés llegaron a la báscula encontraron que los repartidores de alimentos ya estaban montándose a la camioneta, tenían mascarillas en la nariz para soportar los hedores y parecían desesperados por irse, los niños preguntaron si no les había sobrado algo, estos negaron con la cabeza y se fueron.

La tristeza de los inocentes fue tan grande que volvieron por el mismo camino, cabizbajos y llorando. Durante la marcha, tropezaron con unas bolsas de chocolates de envoltura verde. Les pareció una suerte y sin pensarlo dos veces se los comieron, eso sería lo último que comerían en sus vidas.

Sin salvación

Padre de los niños desconsolado por la pérdida de sus tres hijos. HOY/Archivo: Yuri Salvatierra

Después de saciarse con los chocolates, uno de los niños, Daniel Ezequiel, de seis años, presentó un fuerte dolor de estómago, era tan grande su angustia que su cuerpecito se encorvó y a como pudo logró llegar a casa con sus hermanitos.

Pedro Orozco Cruz, padre de los menores, contó a La Prensa que el día de la tragedia él estaba en un estudio bíblico puesto que era el pastor evangélico de la zona. Cuando llegó al hogar miró a su hijo Daniel Ezequiel retorciéndose de dolor y vomitando, preocupado, resolvió llevarlo de emergencia al Hospital Fernando Vélez Paiz, sin embargo, cuando llegó, los médicos le informaron que no podían hacer nada porque Daniel ya estaba muerto.

Pero la tragedia continuó, no habían pasado ni cinco minutos cuando llegó Basilia Rodríguez con José Alberto, de cuatro años, en brazos. Al igual que su hijo muerto, José había vomitado y se retorcía de dolor estomacal. También fue tarde para el niño, los médicos dijeron que no logró resistir.

Los gritos llenaron la sala de emergencias, en cuestión de segundos ambos padres miraron morir a sus dos hijos, mas la tragedia no había terminado, de repente, una vecina de la familia llegó cargando a Moisés Rubén, de tres años. El niño ya no se movía, había presentado los mismos síntomas que sus hermanos. También murió.

Al instante, los médicos se interesaron por saber qué había ocasionado la muerte de los tres pequeños. El doctor Julio Flores, para entonces director del Hospital Fernando Vélez Paiz, señaló que por la sintomatología era posible que los niños hubieran sido intoxicados con algún alimento.

También informó que a los cadáveres de los niños les tomarían muestras de sangre para enviarlas al Laboratorio de Toxicología del Ministerio de Salud, pero aseguró que sería el dictamen de Medicina Legal lo que confirmaría las causas de los fallecimientos.

Versiones del envenenamiento

HOY/Reproducción: Yuri Salvatierra

Fueron muchas las versiones del envenenamiento de los niños Orozco, algunas personas del vertedero aseguraron que los repartidores de comida que llegaron ese 08 de diciembre fueron los responsables de la tragedia.

Otros lugareños relataron que los niños habían encontrado unos chocolates en medio del camino, algo inusual según ellos, porque normalmente estos se alimentaban de desechos que les daban los recolectores de la Alcaldía.

Vilma Rosa López, quien “supuestamente” miró a los pequeños en el instante que comían el chocolate, dijo a La Prensa que el producto venía en un empaque verde, “eso fue lo único que comieron, agarraron sus panitas y salieron corriendo”, aseguró.
López mostró el chocolate con empaque verde, cuya fecha de vencimiento habría sido en septiembre del 2003, o sea, tenía 16 meses de estar caducado.

En esos días el teniente Iván Cisneros, jefe de información y análisis de la Policía Nacional del Distrito Dos, informó que la institución estaba a la espera del informe conclusivo del análisis que realizaban en Medicina Legal sobre las muestras de algunos tejidos de las víctimas y agregó que la Policía Nacional ya tenía sus propias conclusiones del tipo de veneno.

Se supo que Basilia Rodríguez y Pedro Orozco resolvieron abandonar por un tiempo La Chureca, el lugar que les arrebató lo más amado. Viajaron a Carazo y a los meses retornaron con sus siete hijos. Orozco continuó su papel como pastor evangélico y toda la familia se sumió en la religión para sobrellevar el dolor.

Dictamen forense

Después de varias semanas de espera, finalmente el Instituto determinó que no era chocolate sino maíz contaminado, con Terbufos, órgano fosforado muy letal en los seres humanos y que se utiliza en la agricultura para el control de las plagas. Trascendió que fue uno de los alimentos que los niños comieron antes de morir.

Antigua  Chureca

El basurero La Chureca existe desde 1977. Era el punto de aglomeración de desechos domésticos e industriales municipales en Managua. Fue el relleno sanitario al aire libre más grande de Centroamérica.

Hoy día está cubierto y sellado, es un moderno sistema de eliminación de desechos que se encuentra en la costa sur del lago de Managua y está cerca de Acahualinca.

Todas las familias que vivían entre los desperdicios actualmente trabajan en la planta clasificando los desechos. Pese al notorio cambio del hábitat, la aproximación a la planta de desperdicios aún significa riesgo para la salud de los pobladores aledaños.

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