Excarcelados aprendieron a tejer en La Modelo y ahora emprenden un negocio propio

Los jóvenes Kitzel y Kevin son hermanos y viven en Estelí. Tejen bolsos, pulseras, forran lapiceros etc. Sueñan con lograr proyectar sus diseños a nivel nacional e internacional.

Los jóvenes trabajan a diario sus diseños y los venden en el municipio. Si desea comprar alguna de sus piezas llame al: 85126726. HOY/Foto. Cortesía

HOY

El 19 de octubre del 2018, los hermanos Kitzel y Kevin Pérez Valdivia llegaron al Sistema Penitenciario La Modelo a engrosar la lista de reos políticos en el país.

Dos días antes se celebró una audiencia preliminar en la que se les condenó a cuatro años de cárcel por “obstruir la vía pública y exponer a personas al peligro en Estelí”. Una falacia absoluta porque el verdadero pecado de los jóvenes fue marchar en contra de la dictadura orteguista.

En las mazmorras de La Modelo los estelianos fueron recibidos con calidez, se encontraron con otros jóvenes que, al igual que ellos, salieron a las calles a protestar contra las injusticias del gobierno.

Mas el encierro empezó a deprimirles, tenían que buscar la manera de distraerse y sobrevivir esa prueba que les puso la vida.
En celdas separadas, el único medio de comunicación de los hermanos era una ventana, por ahí se dieron fuerzas el uno al otro y pronto descubrieron el pasatiempo que los mantuvo activos y llenos de esperanza.

¡Tejer y tejer!

Los jóvenes aseguran que tejer no es difícil, basta con aprender a hilar y luego, los diseños surgen espontáneamente. HOY/Foto: cortesía

Kitzel y Kevin Pérez Valdivia aprendieron a tejer en prisión, otros reos les compartieron los principios básicos y luego ellos se volvieron expertos por pura práctica y dedicación.

“Siempre digo que mi experiencia en prisión es bastante enriquecedora. En el tejido, lo primero que aprendí fue personificar lápices y pulseras, luego me interesé en diseñar grabados, tengo bastante habilidad en eso. El secreto de esto es aprender a estirar el hilo, luego solo vas poniendo tu mente y salen los diseños”, detalló Kevin.

Kitzel desde su celda también se afanó por aprender a forrar lapiceros, pero le apasionó más la creación de bolsos.

“Al principio me costó, pero después todos nos animábamos a mejorar nuestras técnicas, además de mantener ocupada la mente, al venderlos era posible comprar algunas cosas allí (en La Modelo)”, relató Kitzel.

Casi cinco meses permanecieron presos los hermanos Pérez Valdivia. Su corazón azul y blanco jamás se doblegó. Cuando fueron excarcelados, el 27 de febrero del 2019, ya llevaban un plan bajo la manga, un proyecto que prometía ayudarles a sobrellevar las necesidades económicas si en un dado caso no volvían a conseguir un trabajo.

Este es uno de los bolsos que diseñan los jóvenes. HOY/Foto: cortesía

“Aún en prisión, nos unimos todos los que éramos de Estelí y dijimos que cuando fuéramos libres íbamos a poner un negocio de bolsos, pulseras entre otras cositas”, indicó Kevin.

Pronto se apagó el esmero de emprender el negocio artesanal, los excarcelados por temor a volver a ser vinculados al terrorismo, agitación de las masas, entre otros delitos, resolvieron apartarse del proyecto.

“Hubo miedo. Se perdió el interés en algunos compañeros, pero mi hermano y yo seguiremos trabajando con los que quedamos. Somos poquitos, pero lo hacemos con esmero y la meta es vender, llevar el producto fuera de Estelí y hacerlo importante, porque nació de la adversidad y tiene un valor único”, expresó Kitzel.

La rutina de trabajo de los jóvenes es bastante intensa, Kitzel tiene que asistir a la universidad, porque cursa el quinto año de Ingeniería Civil, y al volver a casa se dedica con su hermano a elaborar e ir a dejar pedidos.

El sueño de los hermanos y sus aliados es impulsar el producto a nivel internacional y conseguir un pequeño local en Estelí para vender.

 

En La Modelo, los materiales que Kitzel y Kevin Pérez Valdivia utilizaban eran las bolsas de paquetería o sacos en los que era llevada la comida.

Al volver a casa, en Estelí, desearon utilizar madeja. “Queremos que se miren más finos. Pero esa solo es una acción porque nuestro modelo original es el que aprendimos a elaborar en prisión, nosotros convertimos lo rústico en arte”, advirtió Kevin Valdivia.

Delia Valdivia  celebra el negocio de sus muchachos

Delia sigue yendo a la Modelo a dejar alimentos s las madres de los presos políticos. HOY/Foto: Archivo

Delia Valdivia Blandón, de 51 años, tiene la seguridad de que trajo al mundo hombres de bien. Sus hijos, los excarcelados Kitzel y Kevin Pérez, son su adoración y ahora que están emprendiendo un negocio peculiar (venta de bolsos, pulseras, etc.) es una madre completamente orgullosa.

“Hemos sufrido todo lo malo que nos ha hecho el gobierno, pero cuando estaban en prisión yo los encomendé a Dios. A ellos y su papá. Ahora mis hijos tienen este negocito, que sé que va a crecer porque yo les voy a apoyar, nunca los he abandonado, menos ahora”, menciona la madre.

Cuenta que no se asombra de la iniciativa de sus muchachos, que en plena prisión decidieron aprender el arte de tejer.
“Son bien inteligentes desde chiquitos y cuando se proponen algo, lo cumplen, yo sentía que allá adentro ellos buscarían qué hacer, mis hijos son universitarios, chavalos activos, sanos, sin vicios, tienen sus familias y yo celebro sus victorias”, resalta Delia.

“Salieron a mí”

Para Delia Valdivia, sus hijos heredaron de ella el positivismo y la voluntad de salir adelante.

Es una mujer que no dice “no” a una causa social y, en conjunto con otras personas de buen corazón, reparte paquetes de comida a las madres de los presos políticos cada semana.

“Es una ayuda que las madrecitas esperan y es bonito verles una sonrisa en el rostro. Esos víveres que les damos, ellas se los pasan a sus hijos, la situación está dura, es conveniente que más nicaragüenses aporten a estas mujeres que sufren por sus hijos. Yo lo viví. Por eso no las dejo”, cuenta Delia Valdivia.

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