La columna del psicólogo: El efecto espejo

La proyección psicológica o efecto del espejo es un mecanismo de defensa por el que atribuimos a otros sentimientos, pensamientos, culpas, creencias o incluso acciones propias inaceptables para nosotros.

La proyección psicológica o efecto del espejo es un mecanismo de defensa por el que atribuimos a otros sentimientos. HOY/Archivo

La proyección psicológica o efecto del espejo es un mecanismo de defensa por el que atribuimos a otros sentimientos, pensamientos, culpas, creencias o incluso acciones propias inaceptables para nosotros.

Es aquel que establece que nuestra inconsciencia, ayudada por la proyección psicológica que realizamos durante ese momento, nos hace pensar que el defecto o desagrado que percibimos en los demás solo existe en ellos, no en nosotros mismos. Más aun, proyectamos nuestros errores, debilidades, culpas en otros para no reconocerlas en nosotros mismos.

La ley del espejo se refleja cuando afirmamos conocer muy bien a otras personas y en realidad lo que hacemos es proyectar sobre ellas nuestra propia realidad. Cuando se da esta situación estamos superponiendo nuestra visión proyectada de nosotros mismos sobre la imagen física de dicha persona captada por nuestros sentidos.

No hay nada más fácil que ver los defectos de los demás, antes que los de esa persona que no sabe asumir su propia naturaleza. Pero hay quienes no solo se detienen a ver los de terceros, sino que sus propios errores y debilidades las trasladan a esas personas para hacerlas sentir responsables de sus actos, cuando en realidad quien utiliza el efecto espejo lo que necesita es asumir sus errores, soportar la consecuencia de los mismos con la misma valentía con que los cometió.

Y es que aceptar los propios defectos, las debilidades, los errores, es una de las tareas más titánicas en el ser humano. Por eso se elige el camino más fácil que es el del señalamiento, el de trasladar eso que no nos gusta de nosotros en los demás o peor aún, engañarnos y creer que los demás tienen la culpa de lo que somos y de cómo actuamos.

De lo que se trata es de darnos cuenta que es una caracterización muy constante en nuestra sociedad actual, para justificar los propios actos como un supuesto acto de venganza o de presunta igualdad, cuando en realidad es la falta de reconocimiento y aceptación entre el propio ser y el de los demás.

Nuestros pensamientos construyen o destruyen nuestro mundo interno. ¿Tú qué crees que pase si tienes un mundo interno destruido? Afectarás a otras representaciones psíquicas y proyectaras algo de esa destrucción a la realidad externa. Si eres maduro suficiente para reconocer este efecto en ti como un mecanismo de defensa, entonces necesitas tiempo para reparar tu realidad interna.

Esto ocurre porque la mente trata siempre de deslindarse de los problemas y, sobre todo, de las culpas. Es como una especie de protección hacia los ataques de otros, que a veces realmente son más producto de nuestros miedos e imaginación.

Ser conscientes de aquello que proyectamos en los demás nos permite descubrir cómo somos en realidad.

El permitirnos tener constancia de este mecanismo mental nos facilita recuperar el control sobre lo que está sucediendo en nuestro interior para poder hacernos cargo y trabajar aquellos aspectos de nosotros que no deseamos mantener o queremos transformar a positivo.

Psicólogo clínico. Encuéntrelo en Facebook como Psicólogo Martínez. Twitter: @PsicologoCli. Visita: www.psicologomartinez.com Teléfono: 8584-9784

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