Babyface, el boxeador piloto y políglota

Giovanny Gutiérrez está platicando con su mamá cerca del Mercado de Tipitapa. No hay sonido en esa conversación, solo señas. Ambos se entienden a la perfección. Los dotes naturales del instinto combinado con “la astucia del pobre” han hecho del joven algo más

Giovanny Gutiérrez tiene 24 años. HOY/URIEL MOLINA

Giovanny Gutiérrez está platicando con su mamá cerca del Mercado de Tipitapa. No hay sonido en esa conversación, solo señas. Ambos se entienden a la perfección. Los dotes naturales del instinto combinado con “la astucia del pobre” han hecho del joven algo más. Si la calle tuvo la habilidad de potenciar su valentía, la educación maximizó su sentido de la percepción y el aprendizaje. No solo es un boxeador con talento para hacer ruido en el país, sino que habla cinco idiomas más allá de su lengua natal y es piloto de helicópteros.

Sin embargo, Babyface, seudónimo boxístico, ama el pugilismo. Posee una pegada que abruma, no una técnica depurada, pero tiene todas las herramientas necesarias para seguir creciendo. Posee cinco nocauts en seis peleas, batalló en 230 combates como amateur, perdió 18, tiene el nocaut más rápido de la Copa Alexis Argüello, cuando noqueó en 10 segundos a un muchacho de El Cuá, quien terminó con la quijada desencajada con un recto de derecha.

“Quiero ir paso a paso. Primero hacer unas 10 peleas e ir por el título juvenil de las 118 libras. Posteriormente batallar por el Fedelatin, luego el Fedecentro, estar ranqueado e ir por el mundial. Quiero ser el primer campeón mundial de Tipitapa”, relató el joven que empezó a los seis años en el mundo del boxeo por castigo de su abuelo. “Le partí la nariz a un muchacho en el colegio más grande que yo y mi abuelo me dejó pelón y me mandó a practicar boxeo. No me gustaba pero después me enamoré del deporte. Yo peleo porque me gusta su esencia”.

Entró al Ejército

Hasta los milagros muchas veces necesitan condiciones para prosperar. Con 15 años tras bachillerarse, Babyface entró a la Universidad Nacional de Ingeniería. Quedó en su primera opción (Ingeniería Civil), pero el dinero no ajustaba. “La mayor parte del tiempo me crié con mis abuelos. Mi abuelo murió a los seis años, mi mamá siempre ha sido una excelente persona y un ejemplo para mí, sin embargo, decidí permanecer con mi abuela. Estaba abatido sin saber qué hacer cuando dejé la universidad”, comentó. Es ahí cuando empezó a vender carne por las calles de Tipitapa para entrar al Ejército.

Gutiérrez no se imaginaba que ese paso importante le cambiaría la vida. “Me mandaron a estudiar a Rusia piloto de helicóptero. Estuve cuatro años preparándome y a los seis meses ya hablaba ruso, luego tenía compañeros de diferentes nacionalidades y a través de ellos aprendí alemán, francés y portugués. El lenguaje de señas ya lo dominaba desde niño por mi mamá”, explicó.

Con 21 años ya estaba de regreso en Nicaragua y por diferentes motivos salió del Ejército, pero volvió a su primer amor: el boxeo. “El Ejército me dio una mentalidad fuerte y siempre estaré agradecido. Tuve la suerte de encontrar a Ismael Alonso, quien es mi entrenador. Me ha pulido y enseñado lo que sé. Hemos cosechado juntos muchos éxitos, además se agregó Sergio Quintana. Poco a poco hemos ido creciendo”, agregó Gutiérrez.

La mamá de Giovanny es sorda y muda. HOY/URIEL MOLINA

Babyface tiene en la universidad un sueño inconcluso. Volvió a estudiar pero ahora Relaciones Internacionales, sin embargo falleció su abuela por cáncer. Otra vez tuvo que asumir muchos gastos y sacrificó su educación. Se dedicó a vender pollo en el mercado, no obstante, ha encontrado estabilidad como boxeador e inspector de transporte en la Alcaldía de Tipitapa.

“Siendo sincero, no quiero quedarme sin estudiar en la universidad. Después de haber finalizado el primer año tuve que abandonar. Otra de mis metas será retomar las clases para ser un licenciado”, relató el pugilista.

Termina la entrevista y su mamá se acerca. Ella nació sordomuda por un problema del cordón umbilical. Dice gracias a través de sus gestos, abraza a su hijo y se ven fijamente. No necesita decir una palabra para reflejar su orgullo.

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