Raudez padre e hijo y Norman Cardoze candidatos al Salón de la Fama

Diego Raudez, Julio Raudez y Norman Cardoze fueron tres peloteros que dejaron su marca y merecen ser del templo de los inmortales del deporte nacional.

Norman Cardoze, mánager del San Fernando, tuvo una gran carrera como pelotero.HOY/ARCHIVO

Un lanzador de bola submarina con nervios de acero y brazo de hule, junto a su hijo, quien lo superó hasta convertirse en el máximo ganador de nuestro beisbol luego de tocar las puertas de las Grandes Ligas, más uno de los artilleros de más frialdad y explosividad en el cajón de bateo, sobre todo en momentos de presión, están siendo nominados con mucha justicia al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense. Ellos son Diego Raudez, Julio Raudez y Norman Cardoze.

Diego (q.e.p.d.) es el veterano del grupo. Asomó en 1978 en nuestro beisbol con los Tiburones de Granada y se retiró en 2010. Jugó además con el San Fernando, Matagalpa y el Bóer. Los números más visibles de su carrera son las 120 victorias y los 1,121 ponches en los campeonatos nacionales.

Era un tirador de todos los días. Podía abrir o relevar. Un robot de carne y hueso, tanto así que en el sexto juego de la Serie Final de 1985 ante los Dantos, hizo un relevo de 14 entradas y lo ganó, apenas dos días después de llevarse el triunfo en el quinto partido de la serie.

No obstante, la obra maestra de Diego tiene que ser el juego de 20 ponches contra la Costa, el 2 de mayo de 1983 en Granada. Solo él y el costeño Steve Braughtigham han abanicado a 20 o más en un partido en nuestro beisbol. Ese mismo año estableció un récord de ponches para una temporada: 220, el cual sigue firme.

Mejor que papá

Julio,  hijo de Diego, no proyectaba tanta fiereza en la colina como su papá, pero fue un verdugo silencioso y claramente es el mejor Raudez, con las coronas de máximo ganador de los campeonatos nacionales (170) y la Liga Profesional (43).  Debutó en 1994 con los Pinoleros y se retiró en 2016 con Granada.

Igual que su papá, cruzó la barrera de los mil ponches y fue dueño de un gran control, al regalar apenas un promedio de 1.6 bases por bolas cada nueve innings.

A diferencia de Diego, Julio fue firmado por los Gigantes de San Francisco y estuvo luchando por llegar a las Grandes Ligas entre 1999 y 2004. En su último año escaló hasta la categoría Triple A, que es la antesala del Big Show.

Tanto Diego como Julio fueron además pilares de la Selección Nacional y serán la primera pareja de padre e hijo que ingresen de forma simultánea al templo de los inmortales del deporte nicaragüense.

El súper pollo

El tercer indiscutible inmortal es el Pollo Cardoze, quien dentro y fuera del país fue un bateador intimidante. Apareció en 1988 y cuatro años más tarde ya era un ídolo en Masaya.

Cardoze se retiró en 2010, dejando cifras relucientes como 183 jonrones –empatado en el quinto lugar con Nemesio Porras–, 1,385 hits, 805 carreras anotadas, 780 impulsadas y promedio vitalicio de .317.

Su promedio de slugging de .501, es el séptimo mejor entre los bateadores con más de mil juegos en nuestro beisbol. También es uno de apenas nueve del club de mil hits, cien jonrones y cien robos.

Pero sobre todas las cosas, se le recuerda por ser un bateador de momentos duros, de cuando la presión ahoga, ahí solía hacerse más grande la pequeña figura de este artillero pinolero, tanto en los campeonatos nacionales como en la Selección.

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