Pesadillas siguen a presos políticos excarcelados

Torturas sufridas en cautiverio, amenazas de muerte y asedio paramilitar no los deja recuperar su vida pese a que han regresado a sus casas

Allan Enrique Alemán Castillo (centro), su hermano José David y su madre Aura María Castillo. HOY/MYNOR GARCÍA

El Allan que el régimen les regresó tras varios meses de encierro ilegal no es el mismo, dicen. Su hermano que lo conoce bien asegura que el joven de 22 años pasa mucho tiempo callado y su madre asegura que siempre huye cuando alguien quiere platicar con él sobre lo que le tocó vivir en prisión. “Yo le pongo música, le busco películas para distraerlo, pero lo veo igual. Está triste”, dice su hermano.

Allan Enrique Alemán Castillo estudiaba la carrera de Enfermería en Diriamba y en el 2018, en las protestas cívicas de Jinotepe, durante los diferentes ataques de policías y paramilitares, ayudó a asistir a los autoconvocados heridos de bala que se encontraban en las barricadas.

Alemán fue apresado, procesado y condenado a 32 años de prisión por delitos que nunca cometió. Recientemente fue excarcelado. Doña Aura, su mamá, ha notado muchos cambios en su hijo.

Allan Enrique Alemán,  en octubre de 2018, día en que fue llevado a los tribunales de Carazo. HOY/MYNOR GARCÍA
Allan Enrique Alemán, en octubre de 2018, día en que fue llevado a los tribunales de Carazo. HOY/MYNOR GARCÍA

“Algo pasó en prisión”

Ella, su madre, siente que algo malo le ocurre y que él no quiere contar para no preocuparla. “Yo no veo que sea el mismo, sé que tiene algo, no sé si es un trauma por todo lo que vivió o es que siente algo en su cuerpo de algo que le hayan hecho”, dijo al diario HOY .

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Mientras cocina, doña Aura trata de animarlo. Le recuerda constantemente que lo quiere. Pero Allan responde frío y distante.  “Él parece atrapado, inconforme más bien, no sé cómo explicarlo”, dice esta mujer quien cree ciegamente en la inocencia de su hijo y presume que Allan requiere ayuda psicológica.

Contó que ella dudó que lo sacaran de aquellas celdas, aunque nunca perdió la fe. “La lucha sigue hasta que salgan todos (los excarcelados), esto no ha terminado… No es justo que queden cien, setenta o veinte, ninguno de los que están adentro, se merecen estar ahí, porque no son culpables de los que verdaderamente se les acusa. Hay una justicia divina que se va a encargar de todo”, sentenció.

Normalidad no les llega

La tortura y encarcelamiento de su hijo, doña Aura las describe como una pesadilla.
Ella en la Policía de Jinotepe estuvo también presa injustamente por cinco días, tras supuestamente haber participado en las protestas antigubernamentales.

Allan fue acusado de terrorismo, crimen organizado, tenencia y tráfico de armas, fabricación de armas, robo, secuestro, torturas, entre otros delitos y fue condenado a 32 años de cárcel. Casi seis meses pasó en La Modelo, en Tipitapa.

El universitario y preso político Allan Enrique Alemán Castillo. HOY/MYNOR GARCÍA
El universitario y preso político Allan Enrique Alemán Castillo. HOY/MYNOR GARCÍA

Fue capturado por policías y paramilitares el 20 de septiembre del año pasado, cuando visitaba a su padre en Masaya.  Estuvo en El Coyotepe retenido, pero por la oscuridad que hay en el antiguo fuerte militar no supo por cuántos días. Ahí fue torturado con tonfas y choques eléctricos. El miedo del jinotepino era que lo asesinaran.

“No nos preguntaban nada, solo nos decían que nos íbamos a morir y que nos iban a matar”, recuerda. Dice que los verdugos eran violentos y siempre tenían capuchas y armas de guerra colgándoles.

Terror en El Coyotepe
El testimonio de Allan prueba lo que se denunció durante la represión: que la Policía y los paramilitares del gobierno habilitaron El Coyotepe y ocuparon el viejo museo como cárcel y centro de torturas. Tras varios días en las oscuras mazmorras de El Coyotepe, Allan y varios autoconvocados fueron enviados a delegaciones policiales para pasar del secuestro a la detención y enfrentar proceso que sus mismos captores inventaron.

Allan: “Trato inhumano”

En el Chipote, Allan fue también interrogado por cinco días, pero como le tocaba enfrentar audiencia lo regresaron por un tiempo a la Policía de su municipio.  En la fortaleza de El Coyotepe refiere que fue el sitio donde más sufrió, porque no recibía agua, ni alimento y sus necesidades fisiológicas las hacía en una bolsa plástica.

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La Modelo fue el último lugar donde le tocó estar preso y la comida dice que llevaba veneno, vidrio y virutas (trozos de metal).  Al consumir ese alimento, cuenta que estuvo seis días con diarrea de sangre y que en su momento le negaron la atención médica. Estuvo inicialmente en la celda 001, luego en la 300.

Los casi seis meses que estuvo en la cárcel sintió que fue un tiempo eterno y nunca se imaginó volver a ver pronto a su familia. Aunque sus cosas estaban como las dejó, en su casa se siente extraño y comenta que está en un proceso de adaptación.

Al igual que los demás excarcelados, el universitario sostiene que el trato en La Modelo es inhumano y que las condiciones son deplorables.  Actualmente junto a su familia trata de acostumbrarse a la vida que una vez llevó, pero le es difícil.

Para olvidar los malos momentos que estuvo en prisión dedica parte de su tiempo a la lectura. El internet lo usa para mantenerse informado del contexto sociopolítico que atraviesa el país y para comunicarse con sus amistades.

Su meta es seguir estudiando y volver a practicar judo. A pesar de haber sido condenado a 32 años de cárcel, asegura que es inocente de los delitos que se le imputaron.

Atormentado
Alemán expresa que no tiene miedo salir a las calles a pasear o hacer algún mandado, pero por su familia trata de evitarlo. El maltrato que recibió en la cárcel le genera pesadillas. Sueña casi a diario que lo torturan y que tratan de asesinarlo. El hecho de gozar del régimen de convivencia familiar lo llevó a hacer un pacto con Dios, pero la promesa se la reserva. Recuerda que el mejor cumpleaños que ha tenido fue el 24 de febrero pasado y lo festejó con tortillas, queso y avena junto a los demás reos que le acompañaban en su celda. Asegura que sigue creyendo en los motivos que lo llevaron a protestar.

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