El régimen de Ortega lleva un año asesinando a los jóvenes y estos crímenes siguen impunes

Nicaragua está manchada de sangre, son miles los exiliados y continúa la persecución, las vendettas y el dolor. Por las calles corren los rumores de que para este 19 de abril, el pueblo volverá a marchar y exigir el cumplimiento de sus derechos y pedirá justicia por los más de 300 asesinados.

Tania Romero dice que nunca dejará de pedir justicia por su hijo y está segura de que pronto los asesinos pagarán. HOY/Foto: Oscar Navarrete

HOY

Todos los días Yadira Córdoba derrama lágrimas por su hijo Orlando Córdoba, de 15 años, asesinado por paramilitares en la sangrienta “Marcha de las madres”, el 30 de mayo del 2018.

Todavía recuerda cuando entró a la morgue del Hospital Fernando Vélez Paiz y lo miró tendido en una cama, morado y con una herida que iniciaba desde su cuello hasta la zona baja del abdomen.
A casi un año de esa visión dolorosa, ella sigue pensando que a su niño lo mataron en el hospital. Asegura que la persona que lo trasladó en una motocicleta le dijo que a Orlandito lo había dejado bien.

“Dicen que el niño se quitó solito la ropa y tranquilo se la dio al muchacho. Él (Orlando) decía que solo era una rozadura de bala, que segurito ya iba a salir. Yo creo que los paramilitares se lo llevaron y lo torturaron, a veces pienso que esa gran herida se la hicieron vivo, mi corazón me lo dice, y quién sabe si hasta le quitaron órganos”, relata la madre.

Orlando Córdoba no fue llevado a Medicina Legal. La familia doliente supo de las anomalías en los dictámenes que proporcionaba la institución y prefirieron llevarlo a casa, donde lo esperaban sus amigos, atacados en llanto.

Sedienta de justicia

Yadira Córdoba está segura que un día ella verá a los asesinos de su hijo pagando el mal que hicieron. HOY/Foto: Francely Navarro

En la casa Orlando Córdoba vivió su infancia, hay un mural con su nombre, todas sus fotos y una bandera azul y blanco. Su madre acaricia las imágenes con nostalgia. Asegura que extraña todo de él. “Me decía ‘mi viejita linda’. Dormía conmigo, me besaba los pies, me preparaba el café por la tarde”, dice con nostalgia.

Menciona que a pocos días de la muerte de Orlando, había resuelto no denunciar el caso a ningún organismo pues para ella bastaba la justicia divina. Pero todo cambió cuando los medios oficialistas iniciaron sus campañas de mentiras y desprestigio a las víctimas.

“Dijeron que era falso que había muerto, que los golpistas habían enviado a los muchachos a otro país, no sabía que el cementerio Milagro de Dios era otro país. Ahí sí me levanté y fui a la CIDH a quejarme. Hoy tengo sed, estoy terriblemente sedienta de justicia, quiero que paguen los asesinos, este gobierno”, exige la madre.

Expresa que este abril (2019), le duele mucho, “sí, y mayo está cerca, yo el año pasado cuando cayeron los primeros muchachos en las universidades decía ‘pobres esas madres’, al mes me tocó vivir lo mismo y llegar a estas fechas es revivir el dolor”, afirma.

Complicaciones

Tras perder a su hijo menor, Yadira Córdoba también perdió a su hijo mayor, quien trabajaba para el Estado.

“A él lo llamaron para correrlo y le dijeron que era un espía, porque su hermano ‘terrorista’ andaba en las marchas con los azul y blanco. Luego empezaron a seguirlo por todas partes. Tuvo que irse al extranjero. Ahora tengo planes de sacar a mis otros hijos también, que nos vayamos todos, aquí no se puede vivir”, finaliza.

Músico de Dios

Orlando Córdoba cursaba sexto grado en el Centro Escolar España, en Managua. Amaba el futbol y la música, su instrumento era la batería. Sus amigos lo describen como dulce y con una fe en Dios inquebrantable.

Matt Romero: el último estudiante asesinado por el régimen orteguista

Tania Romero dice que nunca dejará de pedir justicia por su hijo y está segura de que pronto los asesinos pagarán. HOY/Foto: Oscar Navarrete

El 23 de septiembre de 2018, en la marcha “Todos somos la voz de los presos políticos”, cayó Matt Romero, de 16 años, el último menor asesinado por el régimen de Daniel Ortega.

Para su madre Tania Romero, abril es el detonante del dolor, no olvida que durante el inicio de las protestas su hijo se exaltaba y le decía: “mama están matando a la juventud de Nicaragua y yo los voy a ayudar”.

En casa de Matt hay un lugar donde sus familiares tienen una especie de altar en su honor. HOY/Foto: cortesía

“Si algo tenía mi hijo es que era decidido, él dijo que iba a ayudar y sí, ayudó. Participó en casi todas las puestas de barricadas, pasando bloques, no se perdía una marcha”, cuenta Romero.

Expresa que a la fecha, no ha podido vivir su luto tranquila porque siempre hay persecución y amenazas. “Imposible sanar si no han dejado descansar a mi muchachito en paz. Han inventado tantas cosas, lo han querido criminalizar, si era un niño, yo voy a visitar su tumba cada semana y el 23 de cada mes, me hace tanta falta”, confía.

En peligro

Dilcia Romero, tía de Matt, señala que su sobrino tenía un espíritu de liderazgo y le gustaba el trabajo. “Lo metí en mi negocio de vidrios y él no decía no. Me ayudaba mucho. Yo extraño su alegría, su energía, yo lo vestí cuando nació y lo vestí cuando lo mataron, estoy dolida y quiero justicia. Nos quitaron un trozo del corazón”, dice alterada.

La familia del joven asesinado de un balazo en el pecho cuenta que muchos parientes han tenido que salir del país por asedio y por denunciar el crimen a todo pulmón.

“Aquí vienen a rondarnos, a ver qué hacemos, al mes de los muertos nosotros hicimos un mural en la calle, con arreglo azul y blanco, y aquí vinieron patrullas y paramilitares, nos observaban a lo largo, pero ahí estuvimos cuidándolo, la gente se acercó con velas, con globos, le cantaron y en estos días no habrá quien no recuerde a Matt… ya veremos”, detalla Dilcia.

El joven que quería ser arquitecto

Esta es la mochila de Matt. Era un excelente estudiante y tenía un espíritu de liderazgo único. HOY/Foto: Francely Navarro.

Matt Romero, de 16 años, cursaba el cuarto año de secundaria en el Colegio Rubén Darío y era un apasionado participante en las marchas azul y blanco. Era amante de la comida y le gustaba trabajar para ayudarle a su mamá. Su sueño era llegar a la universidad y estudiar Arquitectura.

Madres siguen llorando

Las madres de abril lideran las marchas y exigen justicia para sus hijos. Archivo

La instauración de un movimiento que visibilizara a las madres de las víctimas del régimen y velara por la justicia, nace el 20 de abril del 2018.

Francis Valdivia, representante de la Asociación Madres de Abril (AMA), debido a la muerte de su hermano y un amigo cercano, Orlando Pérez, emprende todo un proceso de búsqueda de justicia con otras familias.

“Hicimos una serie de señalamientos a la Fiscalía e hicimos el primer plantón en Managua. Luego otras madres empezaron a llamarme, a pedirme ayuda para que las asesorara. De esa manera nos empezamos a organizar”, cuenta Valdivia a La Prensa.

Hoy día, pese al nulo interés del Gobierno por responder ante los más de 500 crímenes, las madres siguen en pie de lucha, denunciando a toda costa el trago amargo que probaron el año pasado y el que, según ellas, “jamás podrán superar”.

En torno a las supuestas negociaciones entre el Gobierno y la oposición, con respecto a la justicia para las víctimas, Valdivia refiere que “cualquier arreglo” tiene que ser avalado por las madres y demás familiares afectados, pues son quienes no han dejado de sufrir y llorar a sus parientes.

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