La familia Ruiz vende cocos en los semáforos desde hace 40 años

Las ganancias son pocas, asegura la familia, pero es suficiente para sobrevivir. Cuentan que con la crisis sociopolítica la pasaron de "a palito", porque no podían trasladarse los semáforos y además, tenían miedo de ser agredidos.

Don Francisco Ruiz y su familia se ganan la vida vendiendo cocos bajo el sol, HOY/Foto: Uriel Molina

HOY

Francisco Ruiz, de 65 años, lleva más de cuatro décadas vendiendo cocos en los distintos semáforos de la capital.

Para él, una vida de absoluta sombra no es vida, “hay que buscar el sol, el pan de cada día, agarrar colorcito”, dice convencido mientras se toca el rostro y habla de su piel tostada gracias al “trajín diario en los semáforos”.

El negocio familiar no les deja mucha ganancia pero para ellos es suficiente para sobrevivir. HoY/Foto: Uriel Molina

Desde hacía algunos años Ruiz abandonó los sectores de la Centroamérica y Metrocentro para trasladarse con su familia a los semáforos de Larreynaga a ofrecer sus cocos a 15 córdobas. “Es que aquí (semáforos de Larreynaga), hay más espacio, más tráfico (vehicular), en los otros lugares ya todo ha cambiado, uno llega a estorbar”, refiere apesarado.

La dura faena de la familia Ruiz inicia a las 5:00 de la mañana y termina a las 4:00 de la tarde. Don Francisco lo primero que hace es afilar los machetes sin punta, preparar su caballo, su carreta y montar los cocos. Son alrededor de 200 frutas que mueve de su casa (en el barrio Pedro Joaquín Chamorro) a los semáforos.

Los cocos se venden a como los pida el cliente, con cáscara, sin cáscara, en bolsa, solo el agua. HOY/Fotos: Uriel Molina

“Me voy al suave en el carretón, son más de 45 minutos los que me tardo, mi esposa (Blanca Nubia, de 56 años) y cinco de mis nietos (entre las edades de 13 y 17 años), agarran un bus, allá me esperan o los espero, depende de quién llegue primero”.

Ya en los semáforos, la repartición de labores es sencilla, los muchachos corren por la carretera ofreciendo el producto a los taxistas, particulares y peatones, mientras que sus abuelos pelan los cocos con una destreza envidiable; en menos de un minuto, sacan el agua, la carne y hasta embolsan.

Menos de un  minuto tarda don Francisco Ruiz para cortar un coco. HOY/Foto: Uriel Molina

Confiesan que “la práctica hace al maestro” y en toda su trayectoria como “pela cocos”, jamás se han cortado un dedo, ni siquiera se han hecho una heridita.

Precio justo

Muchas personas arrugan la cara cuando conocen el precio de un coco. Preguntan que por qué tan caro y hasta exigen rebaja. Don Francisco Ruiz detalla que nadie se imagina lo difícil que es traer la fruta, movilizarla, pelarla y exponer sus vidas a los peligros de la calle.

Los cocos son traídos desde Carazo y la familia debe pagar acarreo y hacer otros gastos en el negocio. HOY/Foto: Uriel Molina

“Estos cocos son traídos de Carazo, pagamos 2000 pesos la cortada y el acarreo (de Carazo a Managua). Son casi 1000 cocos (para toda la semana).Tengo que darle comida al caballito que me ayuda a venir a los semáforos, se paga pasaje, se compran bolsas y todavía buscar comida para nosotros, creo que es justo el precio, es algo que se da en las manos del cliente a como lo pida, es saludable, es rico, si pueden dar 20 pesos por una gaseosa por qué no pueden dar 15 por un coquito que alarga la vida”.

Pérdidas

HOY/Foto: Uriel Molina

La familia Ruiz resalta que  el año pasado se las vieron “de a palito”,  porque debido a la crisis sociopolítica, las barricadas por esa zona (semáforos de Larreynaga), suspendieron los viajes y las ventas. “Fue difícil, toda la familia vive de esto, es una forma de subsistir, ojalá Dios quiera ya todo mejore, nosotros los pobres somos los que más sufrimos, hay que orar”, recomienda don Francisco.

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