Doña Coquito ya está a salvo, se exilia en Costa Rica

Motorizados rondaban su casa, le gritaban insultos y la amenazaron: "te vamos a quebrar las patas antes que el Comandante se vaya"

Doña Coquito se abraza con un familiar de prisionero político el día que anunciaron la liberaciones. HOY/ Oscar Navarrete

Doña Coquito se abraza con un familiar de prisionero político el día que anunciaron la liberaciones. HOY/ Oscar Navarrete

Miriam del Socorro Matus Alemán abordó el bus llorando. Su hija, Lisseth Vargas, temió por un momento que se arrepintiera. “Me duele el alma”, le dijo segundos antes de abordar.  Ayer doña Miriam, a quien en Nicaragua conocen más como doña Coquito, “la abuela vandálica” de las protestas contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, amaneció en Costa Rica.

“Estoy bien, estoy tranquila”, dice Vargas que le oyó decir, aunque asegura que su tristeza se sentía en el tono de voz de la llamada telefónica.  Vargas confirmó a HOY lo que en redes sociales muy temprano en la mañana comenzó a circular; doña Coquito, de 78 años, se vio obligada a tomar el exilio como lo han hecho ya más de 50 mil nicaragüenses, asediados unos, perseguidos hasta con orden de capturas otros, por el régimen que no perdona las manifestaciones iniciadas en su contra en abril pasado.

El día que se anunció las liberaciones de presos políticos doña Coquito estuvo con los familiares que esperaban la salida de los suyos. HOY/Oscar Navarrete
El día que se anunció las liberaciones de presos políticos doña Coquito estuvo con los familiares que esperaban la salida de los suyos. HOY/Oscar Navarrete

Exilio en tiempos de diálogo

Aunque dice que ella muy poco se mete en asuntos políticos, Liseth asegura que apoya las posturas de su madre, pero sentía que las amenazas contra la mujer de edad ya eran demasiadas. Pablo Cuevas, de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), lamentó la noticia y dijo que le llamaba la atención que doña Coquito sale del país para resguardar su vida en tiempos en que se desarrollan conversaciones entre el gobierno y sus opositores, la Alianza Cívica.

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“Esto quiere decir que debe haber un mayor compromiso de la Alianza con las personas que se encuentran bajo amenaza”, dijo Cuevas, quien considera incompatible que se encuentre abierto un diálogo y se siga reprimiendo a los nicaragüenses. “Es necesario un golpe en la mesa de la Alianza y que le exija al gobierno el respeto a los derechos humanos de las personas”, comenta el defensor.

Doña Coquito se une así a un listado de varias personas que se vieron obligadas a irse del país por sus mismas razones. Uno de los últimos fue el maratonista Alex Vanegas, quien igual que ella se convirtió en un símbolo de las protestas.

"Ya estoy llegando a Costa Rica, voy a conocer este país al que nunca había venido... y estoy lista para decir por qué estoy aquí en este país", dijo Doña Coquito. HOY/Cortesia
“Ya estoy llegando a Costa Rica, voy a conocer este país al que nunca había venido… y estoy lista para decir por qué estoy aquí en este país”, dijo Doña Coquito. HOY/Cortesia

El 13 de marzo se conoció que Vanegas había dejado el país y salido por puntos ciegos hacia Costa Rica también, por el asedio gubernamental del que era objeto. Vanegas había sido excarcelado el pasado 27 de febrero y una horas después fue capturado y liberado dos veces por la Policía, debido a que no renunció a continuar corriendo vestido de azul y blanco.

La seguían y la amenazaban

Doña Coquito se había acostumbrado al asedio de fanáticos del gobierno. No la desmoralizaban con las ofensas que le gritaban, ni la metían en miedo las amenazas. De su parte ahí estaría hoy, en el mismo lugar donde ha estado durante años y atenta a la convocatoria de la próxima marcha, pero a su hija comenzó a preocuparle más que antes una camioneta doble cabina, vidrios oscuros, que se aparcaba por horas con el motor encendido a pocos metros de su humilde vivienda.

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Semanas antes fueron motorizados que pasaban frecuentemente y le gritaban que “le quebrarían las patas, antes de que el comandante (Daniel Ortega) se fuera”. “Ya el sábado un joven y una mujer de civil, de negro y gorras con que ocultaban sus rostros se bajaron y preguntaron por ella, imaginamos que era por lo de la marcha, pero ya era peligroso, porque esa gente no es Policía, no sabemos quiénes son”, dijo Lisseth Vargas, hija de doña Coquito. Vargas contó que ese mismo día salieron con doña Miriam al caer la tarde y notaron que la camioneta las siguió también.

La siguieron

Relató que en el camino se vio obligada a pedirle a un caponero amigo de ellas que se llevara de regreso a su mamá por callejones del sector y ella continuaría con su destino. “Quería saber hacia dónde se movería la camioneta. Y se fueron, pero ya me pareció peligroso para ella que continuara aquí”, explicó la hija.

Relató que doña Coquito no quería irse. “Nosotros le dijimos, insistimos, ‘antes que te vayan a matar, prefiero que te vayás’. Además ella vivía estresada con esto de la crisis y la represión contra los jóvenes. Era lo mejor”, aseguró. Vargas se comunicó con doña Coquito ayer en la mañana. “Quedamos en que Dios primero volverá pronto a su casa, se lo dije y ella dijo que también espera volver a su tierra. Le dije que descansara, porque también está bastante enferma”, confió.

La crisis persiste

345 días cumple hoy la crisis sociopolítica del país, la que inició con protestas contra el gobierno desde abril pasado y empeoró con la represión armada ordenada contra los autoconvocados.

535 crímenes impunes. Según los organismos de derechos humanos, es el número de muertos que dejó la represión armada. Hasta la fecha no hay ningún proceso abierto por opositores asesinados, pero hay más 700 reos políticos por manifestarse contra el gobierno.

40 mil nicaragüenses ingresaron a Costa Rica en busca de refugio por la crisis social y política hasta noviembre pasado. Por eso días, las autoridades de ese país informaron que unos 13 mil estaban tramitando la petición de refugio político. Se cree que otros miles han llegado. Doña Coquito se ganó mucho cariño el día que repartió el agua que vendía entre manifestantes, pero también le generó asedio, arresto y persecución.

 

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