Javier Henríquez: mejor bateador del momento e ingeniero en telecomunicaciones

Un muchacho rivense tiene 15 días en el liderato de los bateadores. Se llama Javier Henríquez, nadie más allá de las fronteras de su equipo lo conocía

Javier Henríquez se ha hecho de la primera base de Rivas. Cortesía Julio Flores

Un muchacho rivense tiene 15 días en el liderato de los bateadores. Se llama Javier Henríquez, nadie más allá de las fronteras de su equipo lo conocía. Inició en la banca, pero recuerda las palabras de su mánager Rodolfo Moraga cuando habló sobre la titularidad y rivalidad de la tercera base contra Donald Guzmán (favorito) al principio de la campaña: ” Quiero una competencia sana entre ustedes”. Henríquez apretó sus manos y enfocó sus sentidos.

Guzmán no dejó de batear (.442) su titularidad sería difícil de tumbar, pero Henríquez no se dio por vencido. ¿Por qué mirar solo a mi compañero? seguro se preguntó el muchacho y aspiró a lo más alto. Ahora batea .567, es el mejor bateador de todo el Campeonato de Primera División, conecta 17 imparables en 30 turnos, empuja 11 carreras al igual que las que anota. Moraga no tuvo opción en medio de su alegría por la inspiración de todo el equipo: se vio obligado a buscarle un espacio y lo encontró en la primera base.

No obstante, Henríquez es más que un jugador. Está a dos clases de terminar su carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones en la Universidad de Ingeniería y, aunque su amor por el beisbol es más que evidente, también se ve como un profesional de éxito. El inicialista rivense un día puede estar en el cajón de bateo y definiendo un partido para su conjunto y al día siguiente estar creando luces led, alcoholímetros o puertas inteligentes. “Me he sacrificado hasta hoy por sobresalir en ambas cosas. Es duro y han habido momentos en que he podido tirar la toalla pero Dios me ha ayudado”, agrega.

“Ha sido clave el trabajo que he realizado en los entrenamientos, pero también que he descansado un poco más. Ya casi salgo de la universidad y el ritmo de trabajo es menos. Antes estaba en pie desde las 5:00 a.m.  entrenaba, luego estaba en clases y por la tarde regresaba desde Managua a Rivas a entrenar y tras finalizar el adiestramiento regresaba a Managua por la noche a terminar mis tareas o estudiar para exámenes. Ahora solo me faltan dos clases y las estoy sacando online así que tengo más tiempo de enfocarme al beisbol”, explica Henríquez.

Henríquez debutó en 2012 y su mejor año ha sido en 2015 cuando terminó con .304 de promedio. “Hubo una temporada que no terminé con el equipo porque las clases me estaban consumiendo y luego tuve un problema en la vista  que es hereditario. Uso lentes de contactos y en ocasiones me irritaba los ojos y me afectaba al batear”, confiesa.

A sus 23 años no sabe qué le deparará el destino. Toda su vida ha estado llena de beisbol. Es sobrino de Antenor López (exjugador de Primera División), también  de Ernesto Henríquez (dueño de fábrica de pelota con la que se juega el torneo) y aunque en su momento su principal meta era ser firmado, el niño que empezó a jugar desde los ocho años parece haber madurado en el campo y fuera de él. “Me gusta el ejemplo de Mario Holmann”, como si se estuviera viendo en un espejo.

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