Reflexión Cristiana: Cariños y abrazos

Todos necesitamos cariño. Somos seres superiores que necesitamos recibirlo porque estamos dotados para darlo

La importancia de los abrazos. HOY/Istockphotos.com

Todos necesitamos cariño. Somos seres superiores que necesitamos recibirlo porque estamos dotados para darlo. Desde hace tiempo he querido hablar de lo que para mí significa un “abrazo”.

El papa Francisco en una visita a un hospital en Brasil dijo algo que me emocionó mucho, pues creo que compartimos el mismo sentir. Nos dijo: “Todos hemos de aprender a abrazar al necesitado”. Yo le agregaría, también al hermano, al amigo, a los hijos y a todo aquel que desearíamos tener cerca… ¡muy cerca!… a todo aquel que el latir de nuestro propio corazón le quisiéramos compartir.

Para mí un abrazo es una dulce cercanía de corazones, es un querer sentir el gozo o el consuelo del otro. Y como dice el papa, hay que “aprender” a abrazar, pues para muchos no es fácil, y a pesar de que todos necesitamos de este gesto humano en ocasiones es difícil recibirlo y mucho más ofrecerlo.

Nuestra necesidad de cariño es tan grande, que personas enfermas de diferentes edades, han mejorado muchísimo, y han elevado su energía vital, ya que ese cariño que recibían, les hacía sentirse capaces de sanar y de aliviar sus dolores. El ambiente de cariño y amor, cura.

La falta de amor es tan grave que desencadena problemas de desequilibrio psíquico. Las relaciones que establecemos a lo largo de nuestra vida las vamos salpicando de afecto, dependiendo de la afinidad que sintamos; influye mucho también la frecuencia de esa relación, y la reciprocidad afectiva que notamos en ellos.

Desde pequeños, damos afecto, y sin apenas darnos cuenta, esperamos obtener resonancia en la persona que queremos, y que reaccione devolviéndonos cariño también, sí funciona, es el primer paso para establecer un vínculo afectivo, como la amistad.

El cariño se demuestra muy bien de manera física. Una de las mejores demostraciones de cariño que tenemos es el abrazo. Un buen abrazo te consuela, te alegra, te reconforta. Abrazar a las personas queridas es una terapia para el alma.

Cuando abrazamos a los niños, les estamos transmitiendo un mensaje de cariño, protección, apoyo y seguridad, porque los niños que no se sientan queridos, serán inseguros siempre, y no sabrán cómo actuar en las distintas circunstancias que les presente la vida…. Los niños queridos se interrelacionan muchísimo mejor y suelen tener una buena imagen de sí mismos, y un buen nivel de autoestima, ya que se sienten merecedores de cariño.

A veces el abrazo sustituye las palabras. Cuántos abrazos han roto un bloque de hielo que separaba a dos hermanos, a dos amigos, a una pareja. Abrazándose se han perdonado y se han dejado llevar por su mutuo afecto.

Los niños tienen que acostumbrarse a verbalizar los sentimientos. Tratándoles con afecto y confianza se les hace avanzar con seguridad por el camino de la vida, y aprenden a participar con entusiasmo en los desafíos que la vida les presente. Y a querer se aprende, los niños que están rodeados de personas que les quieren y que a su vez se quieren entre sí, conseguirán distinguir claramente las relaciones apropiadas de las que no lo son.

Saber disculparse y pedir perdón, es abrir un puente entre las personas que han tenido un problema, y a veces una sincera puesta al día de los sentimientos, quita mucho dolor, evita la depresión y la ansiedad, y mejora el estado anímico del que lo hace.

Una amiga mía dice que hacen falta como mínimo 4 abrazos diarios para vivir, porque un buen abrazo nos hace sentirnos protegidos, sobre todo a los niños y a los abuelos (que son en eso del afecto, como niños). ¡Dios te bendiga!

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