Captura y recaptura de Alex Vanegas prueban falsas libertades

Tres patrullas llegan alarmadas y un escuadrón armado con fusiles AK-47 lo detiene, lo golpea y se lo lleva a delegación policial

Un excesivo uso de agentes, además la mayoría de la dirección de Tránsito arrestan a Alex Vanegas. Hoy/AFP

El maratonista Alex Vanegas no corrió largo, pues ni 24 horas ha cumplido en libertad cuando la Policía lo detuvo dos veces. Su delito sigue siendo el mismo por el que el régimen de Daniel Ortega lo apresó ilegalmente: correr con globos pidiendo democracia en el país.

El maratonista relató llorando que los oficiales le golpearon los testículos, le golpearon la espalda con un bastón y lo esposaron. Luego vino la advertencia que le deja claro que no es un hombre libre, como lo ha hecho hacer creer el gobierno de Ortega. “No siga de loco en las calles, nos lo vamos a llevar preso”, le dijo uno de los policías.

El maratonista que con su única forma de protestar corriendo con objetos de color de la bandera nacional, es un símbolo de resistencia en Nicaragua, asegura que lo vigilaban.  Y es que es el acoso a Alex inició desde horas tempranas del día. Los vecinos, según cuenta el hijo, lo alertaron de que los agentes, a bordo de unas tres patrullas que estaban cerca de la vivienda, se llevarían a su padre detenido.

La advertencia se cumplió la primera vez cuando él se dirigía a comprar alimentos en el barrio La Luz, Managua, y a correr contra la dictadura, como él mismo dice. Luego lo soltaron, pero nuevamente lo detuvieron, lo montaron en patrullas y después nuevamente fue liberado.Tras la primera detención Vanegas fue llevado a las celdas del Distrito I.

Agentes de transito

Al salir del Distrito I, don Alex se dirigió a los sectores aledaños del Autolote Chele, cuando empezó a gritar “viva Nicaragua libre” y mostraba unos globos blancos.

Fue cuando tres patrullas de la Policía lo subieron a la fuerza a la tina de una camioneta. La mayoría de los oficiales eran agentes de transito, lo que para algunos testigos del abuso es una muestra más del manoseo del régimen a la institución policial.

Un ex contra y un sandinista envían carta desde la cárcel

Combatieron en la guerra en bandos distintos. Pero ahora, casi cuarenta años después, son presos políticos de la misma dictadura; la de Daniel Ortega. Los personajes de esta historia son Alfonso Morazán, militar en retiro, y Noel Valdez, excomandante de la Resistencia Nicaragüense.

Desde una de las celdas del Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo, en Tipitapa, en la que ambos están recluidos por manifestarse en contra de la dictadura, hoy reconocen que “Nicaragua se ha convertido en víctima de las políticas y acciones despóticas” del régimen.

Noel Valdez, excomandante de la Resistencia Nicaragüense. Hoy/Archivo
Noel Valdez, excomandante de la Resistencia Nicaragüense. Hoy/Archivo

Las celdas de La Modelo han sido un sitio de resistencia de los manifestantes contra la dictadura, quienes de diversas maneras han mantenido la protesta pese al encierro y la represión.

A Morazán y Valdez les ha tocado vivir, desde su condición de reos políticos, este capítulo de la historia en que los reclusos han sido víctimas de torturas y golpizas, que es la manera como la dictadura ha intentado acallarlos cuando cantan el Himno Nacional, o gritan consignas como “Nicaragua libre”, o en casos como los ocurridos cuando un reo se pronuncia crítico contra el juez orteguista, su verdugo.

En una carta redactada el pasado 26 de febrero y que está dirigida a Ortega, ambos reos políticos Morazán y Valdez le demandan un diálogo nacional “amplio y sincero”, porque en la crisis sociopolítica que enfrenta el país desde abril pasado “es impostergable la búsqueda de soluciones para la paz de las familias y pueblo nicaragüense”.

La misiva de tres hojas contiene, además, una condena a la prepotencia y arrogancia gubernamental con la que, aseguran, actúa Ortega. Esto “no es una actitud de liderazgo, más bien es una demostración del menosprecio a los intereses generales al sobreponer los intereses personal de familia y partidistas”.

La autenticidad de la carta ha sido confirmada por familiares de Morazán. En esa misiva, le reprochan a Ortega “el nivel de intolerancia gubernamental contra su mismo pueblo, centenares de fallecidos, lesionados, heridos, centenares de presos políticos y decenas de miles de nicaragüenses emigrando a países vecinos en búsqueda de seguridad de sus vías de la represión policial y paramilitar en todo el país”. También el desempleo, el aislamiento internacional y el retiro de la inversión extranjera.

El ex militar Alfonso Morazán, fundador del Ejército de Nicaragua. Hoy/Archivo
El ex militar Alfonso Morazán, fundador del Ejército de Nicaragua. Hoy/Archivo

Morazán es un militar en retiro de 57 años y fundador del Ejército Popular Sandinista (EPS). Fue secuestrado el pasado 22 de octubre en Matagalpa por supuestamente liderar uno de los tranques que la población levantó en la ciudad como forma de protesta contra Ortega y su esposa, Rosario Murillo.

Valdez, su ahora compañero de celda, también es originario de Matagalpa, donde fue detenido el pasado 12 de agosto por supuestamente estar involucrado en la muerte de Lenín Díaz Mendiola tras una marcha azul y blanco que fue atacada en la ciudad.

Aunque la justicia orteguista los acuse de delitos como terrorismo, secuestro, lesiones y exposiciones de personas al peligro, homicidio frustrado, amenazas de muerte y posesión ilegal de armas de fuego, ambos mantienen firme la posición de “que hoy nos encontramos arbitraria e ilegalmente encarcelados”.

Sostienen que su único delito es “reclamar justicia y libertad de expresión junto al pueblo que de manera cívica ha exigido democracia sí, dictadura no; respeto a los derechos humanos y no más represión gubernamental”.

Morazán, según su hijo, el activista Yaser Morazán, aseguró que su padre apoyó siempre al orteguismo, pero que con las masivas protestas que surgieron en abril tras el anuncio de reformas a la seguridad social y que fueron reprimidas por las fuerzas policiales y paramilitares, desistió y se unió a los manifestantes azul y blanco. Fue víctima de constante asedio y persecución. Se convirtió en el segundo preso político que no se pudo despedir de su madre, quien falleció en diciembre pasado, ya que no le concedieron un permiso especial que solicitaron sus hijos.

 

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