La difícil búsqueda de oro para vivir

Comunitarios de Villanueva pican piedras a mazazos para sacar metal precioso, venderlo y sobrevivir en una zona cada vez menos agrícola

Beto muestra orgulloso 1.5 gramos de un metal precioso que acaba de sacar de un puñado de tierra, mientras, alrededor, sus familiares lo observan sentados, literalmente, en un banco de oro que tiene el municipio de Villanueva, en el noreste de Nicaragua.

A unos 145 kilómetros al noroeste de Managua se encuentra el municipio de Villanueva, un pueblo pequeño con calles contadas y habitantes tradicionalistas en sus rutinas que se dedican, en su mayoría, a la ganadería, agricultura y, en los últimos años —como una fiebre—, a la minería artesanal.

Beto Escobar Ramos es un adulto de piel blanca y con lentes similares a los fondos de las botellas de vidrios, accesorio que lo distingue del resto.  Escobar Ramos tiene varios años de dedicarse a buscar oro para vivir.
En su casa, un espacio grande, construyó un molino artesanal y herramientas básicas para sacar el metal valioso de la tierra que le regalan en minas artesanales aledañas.

Beto tiene suerte, otros buscadores de oro tienen que comprar la tierra y probar suerte. Sin embargo, para que a Beto le regalen al menos unas 13 libras de tierra, que posiblemente contenga oro, puede pasar una noche entera en una de las tres minas artesanales que tiene Villanueva en su periferia y que es fuente de ingreso de cientos de familias en ese lugar.

“Estamos allí hasta que quieran darnos un poquito de tierra”, explica a Acan-Efe, en referencia a los cooperativistas e inversionistas que están a cargo de las minas en Villanueva, un poblado de unos 25 mil habitantes.

Una vista general de la excavación artesanal de una mina de oro en Villanueva, ubicada a unos 145 kilómetros al noroeste de la capital del país. HOY/Jorge Torres/EFE
Una vista general de la excavación artesanal de una mina de oro en Villanueva, ubicada a unos 145 kilómetros al noroeste de la capital del país. HOY/Jorge Torres/EFE

Duro oficio

Beto es uno más de los pobladores locales que a diario van a las diferentes minas a pedir tierra. Caminan varios kilómetros bajo el inclemente sol, pocos árboles y en caminos polvorientos repletos de pequeñas rocas afiladas y puntiagudas. Hombres, mujeres y niños cargan en sus cabezas sacos con pequeñas porciones de tierra.

Otros en motocicletas entran y salen de las minas con más tierra pedregosa, estas extraída de las fosas artesanales que abren los güiriseros (buscadores de oro de forma artesanal).

Nada seguro

Dentro de la mina El Quemado, un yacimiento de oro que aún no ha sido explotado en su totalidad, una escena de un inmenso embudo de tierra y piedras se puede apreciar, y en la parte más estrecha, está más de una treintena de hombres trabajando como hormigas.

Grupos de 37 obreros hacen turnos para sacar material del interior de la tierra a través de un hueco de al menos 18 metros de profundidad, al que ingresan con escasa protección de seguridad. En un segundo orificio, menos abismal, también se observa la entrada y salida de hombres cargando cubetas con piedras y tierra que es triturada manualmente por otro trabajador para saber si contiene el metal precioso.

Sin embargo, no es de esa tierra “recién sacada” la que le regalan a Beto. A él le dan de aquella a la que ya los güiriseros la han “descartado” por haber, supuestamente, extraído el oro y la desechan en un sitio destinado dentro de la misma mina.

En la búsqueda del metal precioso. Un hombre ingresa a un túnel de extracción en una zona donde se dice abunda el oro. HOY/EFE
En la búsqueda del metal precioso. Un hombre ingresa a un túnel de extracción en una zona donde se dice abunda el oro. HOY/EFE

A ninguno parece preocuparle la mala estadística de accidentes que han ocurrido en lugares como estos.
Solo el año pasado cuatro personas adultas y un adolescente fallecieron en derrumbes ocurridos principalmente en minas del Caribe.En 2017, fueron siete los buscadores de oro muertos, tres de ellos fallecieron por falta de oxígeno cuando hacían una extracción artesanal.

Cadena de sobrevivencia

¿Se puede vivir de la búsqueda de oro? Un güirisero podría responder que sí es posible encontrar en el oficio la muerte, y también se halla la vida.  La búsqueda rústica que han inventado los habitantes de Villanueva en las zonas mineras, ha originado toda una cadena de sobrevivencia.

Un balde de tierra sustraído directamente de las fosas donde hay un yacimiento, los mineros artesanales lo compran en 300 y hasta 500 córdobas.  Explican aquí que la variación del costo es en dependencia de que la tierra sea de la “buena”. Pero ¿quién determina la calidad?

Eso también ha surgido en la práctica. Mientras las compañías mineras utilizan aparatos de alta tecnología para el estudio del suelo a explotar, los mineros lo prueban “al ojo”.  “Las pruebas” que ellos mismos hacen al sitio, se basan más en experiencias y en la cadena de sobrevivencia han dado resultados. Los mineros saben comprar, muy pocas veces pierden el dinero invertido. Algo, dicen ellos, logran recuperar.

Dinero por oro bueno

En Villanueva, cada gramo de oro es comprado a los mineros artesanales en 850 córdobas, es por eso que personas de todo el país llegan hasta ese pueblo a comprar el oro, que además, dicen los mismos obreros, tiene fama de ser “bueno”. La minería es una de las principales industrias exportadoras de Nicaragua.

En 2017, el país exportó 338.3 millones de dólares en oro, según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN).
Según la Cámara Minera de Nicaragua, esta actividad representa el 3 por ciento del producto interno bruto (PIB) y llega a generar cerca de 5,000 empleos formales, en su gran mayoría hombres.  También, aunque no rola en las estadísticas, el rubro tiene un segmento de empleo informal.

Vida y muerte
21 mineros artesanales han sido reportados muertos en varios accidentes durante la búsqueda artesanal de oro en los últimos tres años. En la mayoría, las víctimas fallecieron soterradas. 300 y hasta a 500 córdobas pagan los buscadores de oro artesanal por un balde de tierra de zonas donde se presume hay oro. Hay días en que logran extraer algo, y otras veces no. 850 córdobas recibe un minero artesanal por vender cada gramo de oro.

Un eslabón de esa cadena es precisamente la de los mineros artesanales. En el país no se tiene la certeza de cuánta gente se dedica a la búsqueda del metal en condiciones inadecuadas, pero se habla de miles, tomando en cuenta que Nicaragua tiene un alto porcentaje de zonas con muchos yacimientos.

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