Las máscaras de don José Ramón Flores

Con su trabajo logró construir su casa, mantiene a su familia y paga todos los servicios básicos

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José Ramón Flores Álvarez también restaura imágenes labradas en madera. En la elaboración de estas piezas trabaja toda la familia. HOY / Mynor García

HOY / Carazo

José Ramón Flores Álvarez aprendió a tallar máscaras y estatuillas cuando tenía 18 años. Este oficio se lo enseñó su padre José Flores Romero, quien falleció en el 2016 y a quien todos conocieron como el Pitero o Chepito Mascarita, pues tocaba el pito y el tambor en el baile del Toro Huaco. Su nieto Marlon Flores ahora sigue sus pasos.

José Ramón ya tiene preparado su pequeño inventario de máscaras y estatuillas que mostrará en las fiestas de San Sebastián, en Diriamba, y espera que la actual crisis sociopolítica del país no le afecte tanto y sean adquiridas por los turistas que lleguen.

Flores Álvarez comentó que precisamente este mes de enero con la visita de turistas es cuando más demanda hay de las artesanías, así como de las vestimentas que usan los bailantes o promesantes, propios del folclor de esta ciudad.

Mientras tanto con cuchilla, formón y una gubia Flores Álvarez continúa con su proceso creativo de elaborar las máscaras y personajes en miniatura de: El Güegüense, Toro Huaco, El Gigante, y El Viejo y la Vieja, bailes tradicionales del municipio de Diriamba.

Las máscaras que talla José Ramón las hace de madera de talalate y las pequeñas esculturas de madera de cedro.

Ambas llevan un proceso de corte, secado, afinado y de pintura. A él le toca tallar y su esposa y sus cuatro hijos se encargan de darles el acabado.

Refiere que no necesita de ningún molde para hacer sus obras, porque con la experiencia adquirida, ya conoce los diseños, colores y tamaños.

“Aquí por ejemplo no se necesita de ninguna medida para darle la forma de la nariz y ojos a los muñecos, todo está en la mente… todo es al puro cálculo, solo cuando vienen los bailantes a solicitar su máscara, es que se le toma la medida de la cara en un cartoncito”, dijo.

Las estatuillas grandes en su taller las valora en mil córdobas, las medianas trescientos y las más pequeñas en 250, y las máscaras en mil córdobas.

Este hombre de 51 años cuenta que con su trabajo ha logrado mantener a su familia y que además logró construir su casa. No vive con lujos y con lo que hace, manifestó que le da para comer y para efectuar el pago de los servicios básicos.

Apoyo familiar
Su hija Ana Erika confecciona los trajes del Toro Huaco o el Güegüense con todos sus accesorios, explica. En las ferias que se organizan en Diriamba este escultor popular de miniaturas aprovecha para promocionar sus obras y vestuarios. Piezas muy apreciadas por coleccionistas nacionales y extranjeros. Su hijo de 25 años, que lleva igual nombre, se convirtió también en tallador. El muchacho no solo hace máscaras y personajes de los bailes tradicionales, sino de figuras de animales y otro tipo de caretas

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