Con energías para seguir trabajando en el mercado de Diriamba

Don Pedro no sabe leer ni escribir, pero nadie “le da vuelta”

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Pedro Antonio Flores Martínez lleva más de 50 años vendiendo frijoles, cacao, maní, dulces, entre otros productos varios. HOY / Mynor García

HOY / Carazo

Pedro Antonio Flores Martínez, conocido cariñosamente entre los comerciantes como Masayita, lleva más de cincuenta años vendiendo frijoles, cacao, maní y atado de dulce, en el mercado municipal de Diriamba.

También vende chía, jamaica, soya, linaza, cebada, almidón, romero, pimienta, canela, clavo de olor, comino, manzanilla, rodamina, entre otros productos naturales. Su tramito de malla y de láminas de zinc, está situado en la calle de la escuela Rubén Darío.

La libra de frijol negro en el negocio de don Pedro la encuentra en 15 córdobas. La tapa de dulce cuesta 20 y la libra de maní 20 y 30 córdobas. La libra de cacao cuesta 40 córdobas y la de soya 20.

Don Pedro es originario de Masaya, pero criado en Diriamba, antes de ser comerciante laboraba en las tareas del campo. También fue guarda de seguridad en casas particulares.

Cuenta que viene de una familia humilde y campesina y que para aportar en los gastos del hogar en vez de estudiar tuvo que trabajar. Hoy dice que se arrepiente de no haber asistido a la escuela porque no aprendió a leer.

En el antiguo mercado, donde actualmente se ubica el parque infantil La Mascota, le ayudaba a su hermano a vender frijoles. Luego con un préstamo que hizo se dispuso a poner su propio negocio.

“Yo de noche me dedicaba a cuidar fincas o casas y de día me venía al mercado, presté dinero y nunca quedé mal con los pagos, así fue como comencé”, recuerda Flores, de 78 años.

Sueños

Dice que se siente con muchas energías para seguir trabajando. Don Pedro, tiene tres hijos, de 19, 17 y 11 años, que le ayudan en su establecimiento, los dos menores son varones, pero él lo que quiere es que se preparen. “Yo no quiero que les pase como a mí, ahorita que me tienen que me aprovechen, es cierto no les doy lujos, porque no puedo, pero por lo menos garantizamos la comida”, cuenta.

Este hombre también cortó algodón en las fincas de Chinandega. Su mayor deseo es contar con una casa propia para que sus hijos y esposa no anden rodando, como le tocó vivir a él. También anhela mejorar su tramo.

Refiere que su hija desea ser enfermera y que al mayor de los varones le gustaría estudiar la carrera de Electricidad Industrial. El menor sueña con tener su propia carpintería.

Este personaje trabaja todos los días y antes de las seis de la mañana ya se encuentra en su tramo y cierra después de mediodía. Los fines de semana es cuando más aprovecha porque hay buena asistencia de clientes.

Aunque don Pedro no asistió a la escuela, suma y resta, sin ayuda de una calculadora. Asegura que con el dinero nunca le han “dado vuelta”.

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