Quieren confiscar iglesia que apoyó a manifestantes

Un colaborador demanda a congregación. Pastor está en el exilio, porque la justicia orteguista lo acusó en tribunales tras orar por manifestantes

La entrada a los terrenos de la iglesia La Roca en Jinotepe. HOY/Mynor García

Allegados al Gobierno pretenden apoderarse de la propiedad y bienes de la iglesia La Roca, en Jinotepe, una congregación que ha sufrido una fuerte represión por orar y apoyar con agua y alimentos a jóvenes autoconvocados durante las protestas pasadas.

La denuncia la hizo el pastor de la iglesia Rudy Antonio Palacios Vargas quien desde el exilio dio a conocer que el Tribunal Nacional Laboral de Apelaciones (TNLA) sentenció a la iglesia o sus representantes a pagarle más de cien mil córdobas al señor Álvaro Daniel Rosales Porras, quien los demandó autollamándose co-pastor.

La demanda fue bajo la supuesta acusación de falta de pago de sus prestaciones laborales, donde incluye el derecho al décimo tercer mes de salario, vacaciones e indemnización.

Dirigido

El Pastor de la iglesia La Roca Rudy Palacios Vargas. Actualmente esta en el exilio pues lo acusan de apoyar a manifestaciones contra el gobierno. HOY/Archivo

Como tráfico de influencia califica el pastor Palacios Vargas la acción en que el tribunal admite ese reclamo. El dinero, según la sentencia emitida por el TNLA, debe ser entregado en un término de 3 días, una vez notificadas las partes.

A Palacios Vargas —pastor oficial y fundador de la iglesia La Roca—, lo han acusado de “golpista y terrorista” solo por haber orado por los jóvenes autoconvocados que levantaron tranques para exigir justicia y democracia.  El pastor y varios miembros de su iglesia han sufrido muerte, encarcelamiento, juicio y exilio porque los fanáticos orteguistas locales los señalaron con nombre y apellido. En el caso de Palacios Vargas apareció en una lista de acusados judicialmente.

Antes amenazas y asedio

Otro “pecado” que le acuñan al pastor fue acompañar a sus hijos a las marchas azul y blanco que se organizaron en los meses de abril a julio en ese municipio, donde al igual que en otras regiones se exigía la inmediata salida de la pareja presidencial.

El predicador fue también víctima de asedio, lo amenazaron de muerte y hasta le dijeron que le quemarían la casa donde vivía con su familia. Actualmente tiene orden de captura. Las amenazas obligaron al pastor a huir de Nicaragua y se refugió primero en Costa Rica para después exiliarse en Estados Unidos. Su esposa fue notificada de la sentencia y le anunciaron la posibilidad de embargarla.

A los miembros de la iglesia La Roca les han sorprendido los reclamos repentinos de don Álvaro Daniel Rosales Porras. No pueden pensar en otra cosa más que el hombre no está actuando de buena fe. Señalan que Rosales se quiere aprovechar de la difícil situación por la que ha pasado la congregación solo por hacer lo que ellos consideraron correcto.

Según el pastor Palacios Vargas, don Álvaro en efecto es pastor, pero no tenía un cargo en la estructura de la organización religiosa. Explicó el pastor que don Álvaro no puede ni considerarse co-pastor, ni trabajador de la congregación. Aseguró también que lo recibieron en la iglesia hace tres años y no más de diez como él asegura en su demanda.

Era ayuda, no salario

Contó Palacios Vargas que el demandante recibía un estipendio en concepto de ayuda de menos de 4 mil córdobas mensuales y que ahora no se explica como el TNLA orienta que se le cancele una gran suma de dinero.

“El Mitrab (Ministerio del Trabajo), el Tribunal y el señor Álvaro inventan una serie de cosas… como que recibía un megasalario, él miente, pone argumentos falsos para poder inflar esa cifra. Sale poniendo que ganaba más de 12 mil córdobas y que tenía más de diez años de estar con nosotros. Todo eso es falso”, expresó el religioso.

Aseguró que el reclamante se desempeñaba como guía de jóvenes y que entró a trabajar al templo en marzo del 2016. La demanda fue puesta en septiembre de este año, apenas dos meses después que iniciaron los ataques contra la iglesia y sus miembros.

Finanzas de la iglesia mal

El pastor de La Roca y los miembros de la congregación admiten que a raíz del estallido sociopolítico, muchos feligreses han dejado de asistir al templo y eso les ha afectado. “Nosotros no tenemos dinero, la iglesia quedó prácticamente quebrada por todo lo sucedido…”, sostiene Palacios Vargas.

La iglesia situada en el barrio Cruz de Guadalupe, de Jinotepe, ha sido asediada por los fanáticos del Gobierno. Los hermanos no logran olvidar el terror que les causó la incursión de los paramilitares en meses pasados.

Irrespetaron templo

La hermana de don Rudy, la señora Arely Carolina Palacios Vargas, administraba el templo el día que los orteguistas llegaron para llevarse a algunos miembros.  Doña Ivania Cruz Aburto denunció la detención y proceso ilegal que enfrenta su hermano Carlos Alberto Cruz, de 48 años, quien fue secuestrado por parapolicías el domingo 8 de julio, en las instalaciones de La Roca.

Los paramilitares del gobierno llegaron armados y dispararon contra civiles en Jinotepe. Las muertes están impunes aun. HOY/Archivo
Los paramilitares del gobierno llegaron armados y dispararon contra civiles en Jinotepe. Las muertes están impunes aun. HOY/Archivo

Cruz colaboraba como guarda de seguridad. Asimismo dos miembros más del templo que ahí se encontraban fueron también secuestrados, aunque días después fueron puestos en libertad.  “No había orden de captura, los paramilitares pasaron, entraron y lo montaron en la camioneta y se lo llevaron. Ahora estamos esperando que se haga la verdadera justicia”, dijo doña Ivania. Crimen organizado y daños a la propiedad son las causas por las que llevaron a juicio a don Carlos Alberto.

Con influencia

Trascendió ayer que uno de los hermanos del demandante trabaja en la Asamblea Nacional. Cerca de su casa, don Álvaro formó su propia iglesia a la que denominó Ministerio Internacional El Shaddai.  Al ser consultado por HOY el miércoles pasado, manifestó que judicialmente no ha sido notificado y que no podía brindar declaraciones al respecto. La iglesia La Roca fue fundada en marzo del 2006 y nunca antes tuvo problemas.

Ángeles caídos de La Roca
Seis disparos terminaron con la vida de Luis Acevedo en las afueras de su casa en Jinotepe. Los que lo conocían le llamaban pastor, aunque en La Roca estaba trabajando como traductor. Acevedo predicaba en la iglesia y era alguien muy entregado a los asuntos de Dios.

Gerald Barerra.
Luis Acevedo.

La balacera que lo mató el domingo fatal que los paramilitares llegaron a botar tranques y barricadas a Jinotepe con armas de guerra, fue tan solo un par de días antes que él dejaría el país para asumir una misión de su congregación en África. Su esposa y sus niños ya habían viajado y los esperaban allá. Los boletos estaban comprados y las maletas casi listas. Acevedo nunca pensó que salir de su casa con un balde de agua y media docena de vasos para darle a un grupo de autoconvocados que se lo pidieron, sería un error fatal. Era el 8 de julio, el día que los paramilitares hicieron sangrar Jinotepe matando a varios de sus hijos. Doña Rebeca García, suegra de Acevedo, recordó aquel día como el más horrible que le había tocado vivir y que se volvió más amargo cuando supo que entre las muertes se contó al padre de sus nietos. “Yo no estaba en la casa, pero me dijeron que fue horrible. Donde yo estaba se oían los disparos”, contó a HOY García. Otro miembro de La Roca que ese día fue asesinado fue el joven Gerald Barrera. Su esposa Karen Martínez no termina una frase sobre él sin soltar el llanto. Dice que ha sido difícil para ella y sus dos hijos, uno de ellos bastante pequeño. “Ha sido difícil para nosotros esta muerte. La niña me pregunta por él. Al niño que aún está tierno, le debe hacer falta el calor de su padre, su presencia”, dijo Martínez. Barrera pertenecía a la Red de Hombres de la iglesia La Roca como evangélico practicante. Como muchos jinotepinos, llevó ayuda y alimentos a los jóvenes que estaban en las barricadas de autodefensa. Su esposa no tiene quejas de él y sus hermanos de fe lo recuerdan con mucho orgullo.

 

 

 

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