Los buenos recuerdos y la calidad de vida

Los recuerdos llenan nuestras vidas, porque sin querer tendemos a comparar nuestras realidades presentes con las pasadas.

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En estos días compartía con un amigo de colegio los locos y alegres recuerdos de la secundaria. Y es que cuanto uno se encuentra con los compañeros y amigos de antaño, o con familiares, o vecinos, los recuerdos llenan nuestras vidas, porque sin querer tendemos a comparar nuestras realidades presentes con las pasadas.

Yo trato de hablar y tener los buenos recuerdos que son los que mejorarán mi vida y mi salud, pues sé que las actitudes de mi pasado, presente y futuro tienen gran incidencia en la calidad de vida y de mi salud física, emocional, mental y espiritual. Es sorprendente que la dimensión más influyente para la calidad de vida, estabilidad emocional y actitudes hacia los demás y su entorno en las personas, es la percepción del pasado.

Las personas que tienen una visión negativa de su pasado, son más propensas a la soledad, la baja estima, la depresión y por consiguiente tienen mala salud física, emocional y espiritual. Esto se debe a que las personas que tienen malos recuerdos de su vida, se esfuerzan muy poco físicamente en las actividades cotidianas, rinden muchísimo menos en su trabajo, tienen mucho más dolor corporal, y se enferman con mucha más facilidad. Y con el tiempo si no se sanan, no oran, no perdonan y no superan los problemas, suelen tener tendencias depresivas, ataques de ansiedad, mal humor, y alteraciones de la conducta en general.

En cambio, las personas que aún con problemas y dificultades pasadas y presentes, pero que tienen una actitud positiva y con un perfil equilibrado, son las que tienen una actitud más saludable con respecto al presente, al pasado y al futuro. Son las personas que aprenden positivamente de las experiencias pasadas, se orientan para actuar con honradez, cumplir con sus obligaciones en el presente, y aspiran a tener un mejor futuro, y por consiguiente, tienen aún con las enfermedades, mejor capacidad de esfuerzo físico; mejor salud mental y en general, mucha mejor aceptación de la enfermedad y de la edad.

Los que se obsesionan con el futuro también les va mal, porque al obsesionarse con el futuro están perdiendo el disfrutar cada día de las cosas que la vida les ofrece; porque vivir cada día, lo que a uno le corresponde, es muy agradable. Por eso, debemos ser más felices cada día, porque es contagioso y, sin darnos cuenta, estaremos mejorando mucho la vida en nuestra casa, ciudad o pueblo, país, y el mundo en general.

No debemos olvidar que una caminata empieza con un paso, una buena comida con una cucharadita y una vida de fe con una “rezadita”.

Padre Óscar Chavarría. Correo: padreoskar@gmail.com

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