Todo llega, todo pasa, todo cambia

Debemos ser muy cuidadosos con la gente, porque algunas de las personas con las que nos cruzamos día a día están luchando alguna batalla, o tienen un momento de crisis, problemas o enfermedades.

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Debemos ser muy cuidadosos con la gente, porque algunas de las personas con las que nos cruzamos día a día, están luchando alguna batalla, o tienen un momento de crisis, problemas o enfermedades. Hay personas que están pasando por un mal momento, y no se atreven a contarlo porque a veces al estar asustadas han perdido el contacto con su verdadera esencia, y no están conscientes de que son capaces de afrontar ese problema y otros muchos peores que se les pudieran presentar.

Por eso debemos llevar siempre nuestra sonrisa ya que es la mejor tarjeta de visita que les podemos ofrecer a los que conviven con nosotros, e incluso a aquellos amigos que sabemos que están en un problema, para que sientan que estamos a su lado y a su disposición.

Nuestra felicidad depende de los pensamientos que tengamos y de aquellos a los que nosotros demos permiso para instalarse en nuestra mente. Por eso si estamos pensando tonterías o cosas malas, es solamente culpa nuestra, porque en nuestra mente solamente mandamos nosotros. Muchas veces, nos han dañado, lo hemos aceptado y le hemos dado poder en nuestra mente.

Nosotros no lo hemos sabido rechazar, nos hemos guardado ese daño. Si queremos mejorar, o que nuestros seres queridos mejoren, lo primero que tenemos que aprender es a ponernos en manos de Dios, darse un momento para orar, para pensar, para examinar las emociones, porque estas están muy relacionadas con la salud física, emocional y espiritual.

De ahí que la fe, la expresión de lo que vivo y el seguir adelante, aumentan la capacidad de luchar, enfrentar y superar cualquier momento difícil. Al mal tiempo buena cara; una sonrisa, buscar la felicidad con personas alegres en nuestra casa, en nuestro trabajo y en nuestra vida, para así ser cada día más felices. Los seres humanos somos tremendamente vulnerables a las emociones, pero debemos de tratar de salir rápidamente de las emociones negativas. Podremos estar tristes en un momento puntual, pero no tenemos por qué convertirnos en personas tristes.

Así que, hagamos el propósito de borrar las emociones negativas. El resentimiento y el rencor son dos mochilas pesadísimas que cargarlas solamente nos perjudican, nos enferman y nos entristecen. La vida siempre nos ofrece una segunda oportunidad, y lo que hay que hacer es aprovecharla y cogerla al vuelo, porque sí la vida nos da un limón ¡hagámonos una limonada! A veces por motivos de salud, de trabajo, de familia, de amor, nuestra vida cambia y eso no tiene por qué ser una tragedia.

Cambiar es hacer las cosas de otra manera, y es sano ver las cosas desde otro punto de vista. Eso no quiere decir que tener malos momentos es bueno; muchas veces esos malos ratos nos sirven para que valoremos muchísimo más los momentos buenos… ¡A veces los obstáculos y los tropiezos nos hacen más fuertes!. Recuerda que en la vida todo llega, todo pasa, todo cambia.

Si un amigo tuyo enferma, cuídale, escúchale, pero si cada vez que lo ves se queja, no lo permitas, porque si constantemente te habla de enfermedad no es sano. Las defensas se paralizan y no actúan, dejándole desvalido frente a cualquier tipo de virus y bacterias, así que habla de salud y sanará.

Di conmigo parte del Salmo 31,2-6: A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado: ¡tú que eres justo, ponme a salvo! Inclina tu oído hacia mí, date prisa en librarme. Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve. Porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges. Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi refugio. En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.

Padre Óscar Chavarría. Correo: padreoskar@gmail.com

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