El talento oculto que tenemos todos

A veces ese talento lo tenemos oculto, pero en los momentos de prueba o dificultad, de crisis y catástrofes, surge sin darnos cuenta; es más hasta nos asombra el tenerlo.

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Todos tenemos un talento. A veces ese talento lo tenemos oculto, pero en los momentos de prueba o dificultad, de crisis y catástrofes, surge sin darnos cuenta; es más hasta nos asombra el tenerlo.

Tenemos que aceptar la realidad de que muchas personas hacen cosas que nosotros no hacemos, pero a veces es porque nunca lo hemos aprendido a hacer, o simplemente porque no lo hemos intentado. Somos muchísimo más fuertes de lo que creíamos, y a veces somos como el iceberg, que solo asoma una octava parte de su volumen al exterior.

Tenemos que aceptar lo que no podemos cambiar y ser lo suficientemente valientes para cambiar lo que se pueda cambiar.

Tenemos que descubrir la diferencia entre lo que podemos y lo que no podemos cambiar. Nadie podrá decirnos lo que podemos y lo que no podemos hacer. Tenemos que cuidar y desarrollar nuestro talento, porque si lo dejamos oculto, se secará como una planta a la que nadie riega, y desaparecerá.

Las decisiones las tenemos que tomar nosotros, y para ello necesitaremos tener confianza en nosotros mismos, en que somos capaces de hacer las cosas que queremos hacer.

Unas personas cantan, otras bailan, otras pintan, otras escriben, otras leen, otras cocinan, otras cosen, otras tocan instrumentos musicales, otras corren, otras practican diferentes deportes, otras tienen el don de ayudar a los enfermos, a trabajar con adultos mayores o niños… hay quienes tienen el don de la oración, del servicio y la misericordia y así podríamos llenar hojas y hojas nombrando los distintos talentos con los que nacemos.

Nosotros sabemos, aunque a veces no lo reconozcamos en voz alta, que hay ciertas cosas que podríamos hacerlas igual o mejor que otros que presumen de ello; así que, si somos capaces de decírnoslo en voz alta, tenemos que dar el segundo paso, que es llevarlo a la práctica.

Para estar en buen estado espiritual, físico o emocional, tendremos que buscar el diario equilibrio entre el orar, pensar, realizar y trabajar. Para ello tenemos que discernir, ser cuidadosos con nuestras decisiones y vigilar lo que decimos y hacemos… También tenemos que tener en cuenta llevar una vida sana y en ello la dieta influye muchísimo en nuestra salud, en nuestro carácter, en nuestra inteligencia, en nuestra memoria, y en nuestro estado del ánimo. Todo lo que necesitamos, puede estar en nuestra dieta.

Así que haremos una lista de buenos propósitos y dedicaremos un ratito cada día a descubrir cuál es nuestro talento y el de nuestros familiares, nuestros amigos, y nos sorprenderemos al comprobar que todos tienen al menos un talento, aunque a veces esté oculto, pero será emocionante descubrirlo. ¡Dios te bendiga!

Padre Óscar Chavarría. Correo: padreoskar@gmail.com

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