Un hombre dedicado al trabajo y a su familia

Onarvin dice que tiene claro que todo tiene su momento, por eso trata de ser feliz siempre

Onarvin es uno de los comerciantes más populares en el centro de compras. Comenta que siempre que puede apoyar lo hace. Manuel Esquivel

HOY

Onarvin Juárez Meza partió de la comunidad San José del Sur, en Moyogalpa, Isla de Ometepe, hacia la capital hace más de 30 años, con el objetivo de encontrar mejores condiciones de vida, pues las necesidades económicas de su familia lo hicieron trabajar en el campo desde que tenía seis años.

El primer trabajo que tuvo Juárez en el capital, cuando tenía unos 17 años, fue en el mercado Oriental. Ahí estuvo como acarreador por unos días, hasta que “por corazonada me vine al Iván Montenegro, vi a una señora atareada y sin que me dijera le ayude a pelar queso, también a venderlo, yo no tenía idea de cuánto me estaba ganando, hasta el final del día que ella me recompensó; así me fui quedando, además que me recomendaba con el resto de mayoristas”, contó.

Onarvin señala que con el paso del tiempo se ganó la confianza de la mayoría de vendedores, hasta el punto que recibía los pedidos que traían los proveedores y se encargaba de colocarlos.

“Me tenían como una persona honrada y muy dedicada al trabajo, yo trataba de captar todo lo que tenía que ver con el negocio porque ya me veía con el mío, y sin desesperarme la oportunidad llegó”, refirió.

Esfuerzo

Juárez adquirió un pequeño tramo en el Iván, compraba más de 600 quintales de queso, pues había recogido suficiente dinero y sabía administrarlo. A eso se sumaba su amabilidad y esfuerzo, los cuales le abrían las puertas para que su negocio se extendiera con facilidad.

Según Onarvin, después que tomó la decisión de salir de su comunidad, su vida cambió por completo, sin embargo reconoce que cometió un pequeño error.

“El afán por hacer dinero a veces no te permite valorar aquellas cosas que no se pueden comprar como el amor, la familia y la estabilidad, yo hace cuatro años perdí a mi esposa y sinceramente me duele, pude haber pasado más tiempo con ella, hice tanto dinero que no lo disfrutaba en cosas que valían la pena, pero de los errores se aprende”, señaló.

Trabaja junto a sus hijos en el tramo del Iván Montenegro, no le gusta perder tiempo, siempre lo van a ver activo ofreciendo sus productos lácteos a los clientes.
Manuel Esquivel

Agrega que en la actualidad trata de ser una personas diferente: “Me quedan mis hijos y mi deber es educarlos, trabajan en este mercado conmigo, porque necesitan saber que la vida no es fácil, y aunque yo pueda darles todo sin que les cueste, no debo hacerlo, entonces me estaría equivocando”.

Onarvin se describe como una persona sencilla y trabajadora, aunque tiene colaboradores en su tramo, él siempre busca qué hacer. Menciona que a veces sus colegas le reprochan porque siendo él jefe se pone a elaborar cuajadas, pero él prefiere ignorarlos. En su tramo vende todos los productos lácteos.

Su base fundamental
Onarvin confiesa que mantiene una relación muy cercana con Dios, todos los días ora, de lo contrario siente que nada le sale bien.

Aconseja a todas las personas vivir cada momento como si fuese el último. “Afanarse por los problemas no es bueno, con fe y perseverancia todo se puede cumplir”, subraya.

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