Yonarqui Martínez: “Vivo aislada por seguridad”

La abogada Yonarqui Martínez, se ha destacado en su labor como defensora de derechos humanos, principalmente de reos políticos

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Yonarqui Martínez, aboga defensora de reos políticos. HOY/Oscar Navarrete

Managua
Yaosca Reyes Centeno
De ser asesora legal de instituciones, bancos y hospitales, a defensora de derechos humanos en los tribunales. Yonarqui Martínez cambió las asesorías privadas para servir a su prójimo.

Solo le bastaron cuatro meses en la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) para darse cuenta que era su misión apoyar a los presos políticos, que hoy son encerrados por elevar sus voces contra la opresión.

Como sobreviviente de violencia intrafamiliar, considera que Dios puso esta nueva etapa en su vida laboral para darle mayor sentido a su vida personal.

Su tiempo está compartido entre sus cuatro hijos y su trabajo como abogada defensora. Es egresada de la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) en 2006; y le acompañan 12 años de experiencia laboral.

¿Cómo llegó a ser defensora de derechos humanos?
Toda la vida he sido abogada litigante, asesora legal de instituciones públicas y privadas, hospitales, etc., pero yo comienzo como voluntaria precisamente con el estallido de la crisis. Con un caso de cuatro jóvenes que son inocentes y que fueron acusados de haber asesinado a Roberto Carlos García Paladino, hijo de crianza de Francisco López (tesorero del Frente Sandinista de Liberación Nacional).

Ese día llegué a la CPDH, con la que ya tenía una cercanía, porque siempre en mi labor de abogada remitía los casos que me llegaban y que eran de derechos humanos. Pero esa ocasión mientras visitaba por el caso de violación de derechos humanos de un cliente mío, Pablo Cuevas me habla sobre estos muchachos y me dice que ellos no tienen dinero para pagar un buen abogado, que si quiero hacerme cargo.

Sin pensarlo le dije que sí. Entonces comencé a hablar con sus madres, a anotar todo y así fue como empecé en este mundo de los derechos humanos.

¿Cómo ha cambiado su vida?
En estos cuatro meses de meterme de lleno en la defensa de derechos humanos, mi vida ha cambiado completamente. Muchas personas me dejaron de hablar, teléfonos no me volvieron a contestar, instituciones me han cerrado la puerta, distritos de la Policía que desde que me miran me vetan, y como que se activan todas las alarmas ahí.

Y lo peor es que a todo defensor de derechos humanos, defensor de reos políticos, no los pueden ver divirtiéndose sanamente, bebiendo algo porque comienzan a criticarte como alcohólico, denigran tu labor y tu persona.

Entonces la vida de nosotros se vuelve extremadamente estricta. Para ponerte un ejemplo, desde hace semanas yo no me atrevía a sentarme siquiera en una mesa a tomarme un café con alguien.

He estado totalmente aislada por seguridad y por el miedo a que me tomen fotos o video y te maltraten en las redes sociales. Porque también a eso nos enfrentamos, a la persecución, al bullying, al daño que le puedan hacer a tus hijos.

Logré comprender que puedo ser defensora de derechos humanos, incluso aunque no esté en una institución. Ahora por cuenta propia yo puedo apoyar a quien necesita defensa gratis.

De hecho, cualquiera puede defender los derechos humanos dentro de sus posibilidades.

Hablando de la familia, ¿ha afectado a sus hijos el que ahora sea una defensora de derechos humanos?
Yo tengo cuatro hijos, dos mayorcitos y dos pequeños. Por toda esta situación, nos hemos tenido que separar. Pero es por seguridad.

Hubo momentos que en la temporada más difícil de la crisis, yo no miré a mis hijos hasta por tres semanas. Y no era porque no los quisiera ver, sino porque había decidido mantenerlos a salvo, y era muy arriesgado tenerlos conmigo.

Mis hijos han tenido una vida escolar, ahora mismo, bastante quebrantada. Sus compañeritos le dicen que me miran en la televisión o en los diarios, eso los mueve. Peor cuando escuchan que les dicen: “tu mamá es una terrorista”, “una golpista”.

Incluso tuve un problema con una madre de uno de los compañeros de mis hijos, porque ella es policía, y mientras estaba dejando a mis hijos en el colegio le da por decirme que todas las personas que yo defiendo son terroristas, golpistas y otro montón de cosas. Me detuve y le dije que me parecía que no estaba en lo correcto, que eran inocentes y que ella era la equivocada. Le pedí respeto.

Por esa y otras razones yo decidí que por un tiempo los niños iban a recibir clases en la casa. Porque también para ese momento tenían muchas presiones por parte de mi expareja, que quiere que me salga de ser defensora de presos políticos, y aún sigue insistiendo en eso, y también porque ese momento había sido perseguida.

¿De qué manera la han perseguido?
La persecución la han hecho con tomas de fotografía y videos. Inclusive, uno de estos días estuve en un sitio por Altamira, y una persona me miró y comenzó a tomarme foto.

Eso mismo me ha alentado a cuidarme un poco más. Ya sé que después de las 6:00 de la tarde es mejor estar guardadita.

He tenido represalias de la Corte Suprema de Justicia, donde tengo una queja del año 2014, que nunca la movieron, pero da la casualidad que desde que empiezo a defender a reos políticos en este 2018, me comenzaron a llamar por esa queja.

Como defensora de presos políticos, cuando defendés derechos humanos en un país donde el estado de derecho no existe, te enfrentás sin duda a peligros y represalias.

Por ejemplo, así como corrieron a la jueza del noveno Indiana Gallardo (quien era la titular del Juzgado Noveno de Audiencias), a uno le pueden quitar la licencia, y luego uno ¿cómo hace si de esto vive y mantiene a su familia?

Las agresiones a veces vienen de los medios de comunicación del Gobierno. Un camarógrafo del Canal 4 me dañó mi celular, solo porque yo estaba exigiendo que no le tomara fotos ni videos a un familiar de un reo.

Pero las peores represalias vienen de los fanáticos. Porque el Gobierno te ataca por la parte legal, no directamente, pero el fanático es el que te daña físicamente, el que te asedia, el que graba, el que acusa.

Eso sí, quiero dejar claro que nunca me han llamado, nunca me han mandado mensajes con amenazas. Pero sí han llegado a asediar la casa donde vivía.

¿Siente que ha estado en riesgo su vida en estos meses?
En varias ocasiones he sentido que he expuesto demasiado mi vida. Una vez fue a inicios de junio, viajaba para Diriamba con dos defensores de derechos humanos más.

Cuando llegamos a las Cuatro Esquinas, en Carazo, unos paramilitares nos detuvieron y nos apuntaron con un fusil Dragunov. A mí me apuntaron directamente en la cabeza con una de esas armas. Casi nos matan ese día. Sinceramente tuve miedo, pensé que hasta ahí nomás llegábamos.

Nos bajaron del carro, nos revisaron, siempre nos apuntaron con las armas. Pero al final nos dejaron ir.

En el mismo mes, salí de mi casa. Yo vivo en un lugar que está bastante cerca de la UNAN y toda esa zona estaba llena de paramilitares.

Yo logro salir del sitio, con todo el miedo del mundo. Dejé a mis hijos bajo el cuidado de un familiar. Bien protegidos. Yo salgo porque como defensora de los derechos humanos sentía que era mi deber ir a ayudar y defender a los muchachos. Salgo bajo balas.

No logro entrar a la UNAN, pero entro el Cenidh (Centro Nicaragüense de Derechos Humanos) y me avisan que me vaya a los juzgados.

Ese día mientras atacaban la UNAN, llevaron a los juzgados a reos políticos, y a todos los pude defender. Fueron 15 reos.

La otra ocasión fue en el Chipote. El día que escaparon dos reos, ese día los paramilitares atacaron esa zona y yo tuve que tirarme al suelo para que no me hirieran.

En la desesperación intenté correr, pero me enredé con los pies y me caí. Me lastimé mi pie y un brazo. Fue horrible ver cómo tiraban balazos contra la gente que estaba ahí.

¿Hay días de descansos?
No, el defensor de derechos humanos no tiene día de descanso, no tiene días feriados. Es una vida completa dedicada a esto.

Claro, en este tipo de realidad que estamos viviendo es que no hay descanso. Porque en épocas diferentes, un defensor de derechos humanos llevaba una vida normal, como la vida de cualquier asesor legal.

A pesar de haber más contras que beneficios en esta labor, ¿piensa seguir en esto?

Esto es algo que puso Dios en mi corazón. Porque antes que todo esto pasará, cuando culminé mi matrimonio, y toda la depresión que sufrí, yo le decía a Dios: “¿por qué me pasa esto a mí?”. Yo no sabía en esos momentos cuáles eran sus propósitos.

Pero con el estallido de esto en abril, yo me meto de lleno. Comienzo a ver que de esta manera era útil para la sociedad.Comprendí que era un propósito de Dios que yo llegara a este lugar. Solo él ha quitado incluso el miedo a morir.

Sí me da miedo que mis hijos se queden solos, pero yo he hablado con ellos, saben que quedarán con mi familia. Pero les he dicho que si Dios me mandó a hacer esto, Él también me protege contra todo mal.

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personas que fueron detenidas en medio de esta crisis, han logrado su libertad por gestiones de Martínez. Asegura que Dios y esos logros son lo que la animan a seguir adelante.

Demandada por expareja

Yonarqui Martínez sobrevivió a la violencia de su expareja el 15 de noviembre de 2017, quien casi la priva de la vida con un machete. Desde ese momento se separa del padre de sus hijos para emprender una vida nueva. Aunque puso la denuncia por el maltrato, la acusación no avanzó por motivos ajenos al hecho.

Por meses, luchó contra con el estrés y la depresión que le generó. Sus hijos son la fuerza que la mantiene en pie, dice. Otro pilar que la mantiene activa en estos momentos es dedicarse a la defensa de derechos humanos.

“Mi expareja ha insistido mucho en este tema, quiere que me aleje de esto. Y por no salirme de defender a reos políticos, me demandó y me quiere quitar a mis hijos, la casa, el carro”, comentó la abogada defensora.

 

 

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