La historia de Daya: La niña que hacía siempre lo contrario

Cierto día, la mamá de Daya había notado una conducta bastante extraña en ella: hacía siempre lo contrario de lo que le orientaban.

HOY
Como de costumbre, Daya jugaba con Masiry, su hermana mayor, frente a la casa donde habitaba su familia. Cierto día, la mamá de Daya había notado una conducta bastante extraña en ella: hacía siempre lo contrario de lo que le orientaban.

Más tarde, la mamá le dijo a Daya que no se ensuciara la camisa blanca que andaba puesta, porque era la que llevaría el día siguiente a la escuela, sin embargo la niña fue lo primero que hizo, tomó uno de sus juguetes y se manchó. Al verla, Masiry se sorprendió porque su mamá se lo había advertido. Cuando llegó la hora de ir a cenar, las niñas entraron a la casa y Daya se cambió rápidamente para que su mamá no la regañara.

Estando ya a la mesa, les fue dicho que primero comieran y después fueran juntas a cepillarse los dientes para acostarse y dormir.

De repente, Daya se escapó del comedor y fue al baño y se lavó los dientes; se tardó tanto que su mamá y su hermana se preocuparon por ella. Entre tanto la mamá de Daya iba por la comida, ella se fue a sentar para cenar.

Bien, dijo la mamá, es tiempo de irse a cepillar los dientes y luego irse a dormir porque mañana deberán levantarse muy temprano para ir a clases. Pero, solo Masiry lo hizo (ya sabrán ustedes por qué) y Daya se fue a la cama. La mamá de Daya estaba muy triste por no saber qué pasaba con ella, pues siempre hacía lo contrario a lo que le decía.

Fue así como buscó ayuda con la maestra de Daya, entonces se dirigió con sus niñas a la escuela donde estudiaban la primaria. Estando en el portón de entrada, la mamá de Daya le explicó lo que sucedía con su hija menor. Luego, la maestra, sonriente, le dijo: “No se preocupe, Daya se comporta así porque es muy pequeña todavía, mediante ella vaya creciendo su comportamiento será diferente, ya verá”.

Al oír estas palabras, la mamá se alegró muchísimo porque ella había creído que podía ser un problema más grave. Eso la alegró tanto que cuando las fue a retirar de la escuela, les dio a sus hijas un abrazo enorme y las besó con mucha ternura. Así pues, pasaron varios años desde aquel instante y la mamá de Daya no volvió a ver aquellos comportamientos en ella. Ahora Daya obedecía a su mamá.

Escrito por: Carlos José Blandón Ruiz

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