Una sonriente comerciante orgullosa de sus hijos

Viene diario de Masaya cargando una pana con pasteles para sacar adelante a sus hijos

Flor de María Obando, una comerciante que camina siempre sonriendo por las calles del Oriental. Vende pasteles, donas y churros. HOY/Wilmer López

Flor de María Obando, una comerciante que camina siempre sonriendo por las calles del Oriental. Vende pasteles, donas y churros. HOY/Wilmer López

HOY

Uno de los mayores orgullos para doña Flor de María Obando López es que su hija de 18 años el año que viene ya irá a la universidad para estudiar Ingeniería en Sistemas. En total tiene cuatro hijos que son su motor para su lucha diaria.

Obando es una comerciante que tiene más de diez años de vender donas, churros y pasteles de manera ambulante por varias calles del mercado Oriental.

Es habitante del departamento de Masaya y todos los días se levanta antes de las 4:00 de la mañana para preparar dichos productos y así llegar a venderlos al mercado.

Su esposo, Reynaldo Vásquez, también es comerciante del Oriental, pero vende refrescos en el sector de Ropusame. Ambos han sacado adelante a sus hijos por medio de su trabajo honrado.

“Yo y mi esposo siempre hemos trabajado, antes él vendía igual pasteles, pero ahora vende gaseosas y cosas así en un carretoncito, él se viene más temprano que yo al mercado”, comentó doña Flor.

Ella llega al centro de compras todos los días tipo 9:00 de la mañana porque requiere mucho tiempo hacer los pasteles y que queden ricos.

“En la mañana se hace todo, se bate la harina con azúcar y mantequilla se le echa manteca al pan y la dona tiene que llevar levadura por ley para que crezca un poquito”, expresó la comerciante.

La comerciante se levanta muy temprano para preparar sus productos y lleva unos 80 diario al centro de compras. HOY/Wilmer López
La comerciante se levanta muy temprano para preparar sus productos y lleva unos 80 diario al centro de compras. HOY/Wilmer López

Conocida

Mientras caminaba por las calles de Ciudad Jardín, los comerciantes en sus negocios la llaman para comprarle el producto, ella porta en una pana los alimentos y con una bolsa de plásticos los mantiene bien tapados.

La mayoría de los comerciantes la conocen y las 80 piezas de pan que anda en la pana las vende con facilidad y después le ayuda a su esposo en su negocio.

“Siempre ando caminando en el mercado debajo del sol, debajo de la lluvia, cuando está la temporada de lluvia vendo también, todo lo hago por mis hijos para que ellos sigan adelante, hasta donde Dios me dé la vida siempre voy a trabajar por ellos”, fueron sus palabras.

A sus hijos se los cuida una cuñada en su vivienda, mientras ella y su esposo laboran en el centro de compras más grande del país.

Pequeños
Doña Flor de María tiene dos hijos pequeños, uno de 8 y una niña de 3 años, aunque le duele dejarlos, sabe que todo su esfuerzo es por ellos.

Antes vendía pasteles en Monimbó, Masaya, pero la venta se puso escasa y tuvo que venir al Oriental para poder sacar adelante a sus hijos. Su mayor sueño es verlos convertidos en profesionales.

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