Vilma lo sigue esperando

Un relato de ficción que pareciera de la vida real

I
Mateo un día zarpó junto con 20 marineros a bordo del “Lady Raquel”. Iban de pesca y eso significaba estar varios días o meses en altamar. En el muelle dejó a Vilma, su esposa fiel, la que siempre lo despedía con lágrimas en los ojos y con el acostumbrado “cuidate amor”.

Mateo y Vilma tenían dos hijos, Adrián y Bonifacio. El último nombre heredado del abuelo paterno y aunque al chavalo no le gustaba, siempre estaba la excusa de que su “papito” era bien cariñoso porque siempre que le pedían dinero, les daba.

La vida de esta familia dependía de la pesca que realizaba Mateo y del aporte que daba Vilma. Uno o dos meses de espera significaban que hombre no descansaría, junto a sus compañeros, de buscar peces muy adentro del Mar Caribe. “Cuándo regresará papá”, era la pregunta que Vilma siempre respondía a sus hijos con el “muy pronto, papá traerá ricos pescados y mucha comida”.

Vilma derrochaba amor materno para sus hijos. Del poco dinero que Mateo conseguía, siempre hacía maravillas para que no faltara el pan de cada día. Ella complementaba los gastos del humilde hogar al ir al muelle a vender comida, labor que mientras la hacía, se quedaba viendo hacia el horizonte dirigiendo su ojos hacia el mar, donde se había perdido de vista su amado Mateo.

II

La pesca era buena. Mateo gritaba a los demás marineros que eran días de suerte y el oleaje no los amilanaba en la dura jornada de la pesca. En las redes quedaban peces de diferentes tamaños y colores. Una que otra tortuga se enredaba en los trasmallos, pero la regresaban al mar con el mensaje “vaya a llamar peces”.

Antes habían pasado por varias islas. La Palmera y La Playera eran las preferidas para hacer un alto en la ruta hacia mar adentro. En La Palmera estaba el bar “Las Pescadoras”, donde, además del licor, mujeres voluptuosas ofrecían sus servicios sexuales a los incansables marineros. Mateo podía tomarse unos tragos, pero siempre fiel a su amada Vilma, más bien se ponía a contarles cómo era su vida hogareña.

Dulce, nombre que se puso para hacerse más sugerente ante los clientes era la amiga preferida de Mateo. Ella siempre le escuchaba y en vez de ofrecerse a quien consideraba su amigo, siempre le preguntaba por Vilma y sus hijos, a lo que el marinero respondía ” están bien” para alargar conversaciones que iban más allá de la medianoche.

Esa amistad con una prostituta era del conocimiento de Vilma, quien siempre le mandaba un regalito a Dulce con el mensaje “cuidame a Mateo. No dejés que otra se lo lleve o me le hagan brujería”. Un collarcito de fantasía, un pañuelo o una pintura de labios eran recibidas con una sonrisa por Dulce. Vaya usted a entender esta amistad.

III

Llegó la madrugaba y la campana sonó. El “Lady Raquel” volvió a la mar. Dentro del barco Mateo y sus compañeros iban llenos de regocijo porque el día anterior había sido de buena pesca y esperaban que este día también lo fuera. Si algo les llamaba la atención es que el oleaje no era normal. Las aguas estaban más agitadas que de costumbre, pero no le tomaron importancia.

Seis horas más allá de la isla La Palmera, los marineros pidieron a gritos al capitán que se regresaran. Sabían que algo inusual estaba ocurriendo con el mar y eso conllevaba peligro. Mateo, como todos los demás, temió por su vida, pensó en Vilma y sus hijos, se encomendó a Dios y pidió que se calmaran las olas.

Ruegos, oraciones y medidas tomadas por los marineros del “Lady Raquel” no sirvieron de nada. Después del llamado por radio pidiendo auxilio, lo que vieron venir fue una ola gigante que con fuerza descomunal dio vuelta a la embarcación y con ello los marineros cayeron al agua. Mateo se aferró a una tabla. Suplicaba por salir con vida al igual que sus compañeros.

El capitán José, hombre fornido y de piel curtida por el sol, se agarró del timón fiel al juramento de que su papel era morir con su embarcación, mientras al fondo del mar se iba la “Lady Raquel” cargada de pescados.

IV

Eran las 3:00 de la madrugada. Vilma se despertó sobresaltada. Algo muy en su interior le decía que algo le había pasado a su Mateo. Se vistió, le dijo a sus hijos que ya regresaba y al llegar a la capitanía del puerto le confirmaron su presentimiento: la embarcación “Lady Raquel” había lanzado un llamado de auxilio y creían que había naufragado sin que se supiera la suerte de su tripulación.

La alerta se lanzó con los primeros rayos del sol. Fuerza Naval y otros barcos pesqueros se fueron a buscar a la “Lady Raquel” mar adentro. Sabían de la ruta que había tomado, pero no el destino de los 20 marineros. El día pasó. Silencio total. Ni una señal. El manto de la noche volvió a caer sobre el mar iluminado con una luz tenue de la luna en su cuarto menguante.

Otro día. Dos días. Tres días. No había rastros de la embarcación “Lady Raquel” y las autoridades queriendo calmar la preocupación de los familiares de los marineros, siempre les decían que no pararían de buscar hasta encontrara la tripulación perdida.

Pidieron ayuda internacional. Varios países ofrecieron aviones y embarcaciones, pero nada. Todo hacía indicar que el mar se había tragado a los 20 marineros y con ello comenzaron a surgir varias hipótesis de lo que pudo haber pasado.

VI

Dos años atrás, el “Lady Raquel” había sido detenido con droga en altamar. El narcotráfico no perdona un error de ese calibre y desde Colombia mandaban a ajustar cuentas con su dueño, quien temeroso optó por vender la embarcación, pero el nuevo propietario cometió un error más grave: ni le cambió nombre, ni le cambió el color.

Eso hacía suponer a los familiares de los pescadores que los tripulantes habían pagado el costo de la anterior incautación de droga en ese barco, aunque en la misma se mantuvieran cuatro de los anteriores ocupantes del “Lady Raquel”.

Vilma sabía eso. Mateo le había expresado su preocupación de que un día les pasaría algo en altamar por el “expediente manchado” del “Lady Raquel”. La mujer lo calmaba diciéndole que se encomendara a Dios y al amor de su familia, pero el hombre sabía que ese día llegaría tarde o temprano.

VII

El brujo del pueblo. Sí, había que acudir al brujo del pueblo para saber dónde estaban los 20 marineros y el viejo cubierto por su túnica verdosa y gran barba blanca habló: “Están muy cerca de la isla La Palmera, donde pasaron la última noche”, lo que fue confirmado 10 días después cuando otra embarcación divisó los restos del “Lady Raquel”.

Un halo de esperanza embargaba a Vilma y a los demás familiares de los pescadores. ¿Será que fueron rescatados por otra embarcación? ¿Estarán en una isla cercana? Cuatro cadáveres fueron encontrados por los buzos. El de Mateo no estaba entre ellos, así que Vilma sigue esperando junto a sus hijos en una esperanza que no se agota pese al paso del tiempo. El amor todo lo puede.

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