El suicidio que nunca fue

Un relato de ficción que pareciera haber sido tomado de un hecho ocurrido en la vida real

Martha se llamaba. Era una joven agraciada y con deseos de superación. Quiso brillar tanto por ella misma que se liberó del hombre que como pesado fardo no la dejaba levantar vuelo e hizo planes tomando en cuenta su futuro y el del hijo concebido en lo que terminó en un fracaso.

En el camino conoció a Damián un extranjero que la llenó de ilusiones. Pensaba que esa era la persona que estaba esperando. Pasión desbordada, regalos costosos y viajes a otros países completaron la dosis que Martha necesitaba para desarrollar sus planes.

El anuncio de la boda la sorprendió en el camino. Damián no la quería suelta en el bosque de las oportunidades. La quería solo para él y la sorpresa se tornó más intensa, cuando su romeo le dijo que ya había planeado el lugar donde se casarían y hasta tenía lista la casa en un punto lujoso de la ciudad.

Esas decisiones tomadas de forma unilateral por Damián no le gustaron a Martha, quien antes se había separado con la paciencia desbordada por ese tipo de comportamiento, así que sin dar más explicaciones un día decidió terminar con la segunda relación y se fue a vivir sola con su hijo a impulsar los proyectos que tenía en mente.

Sin embargo las llamadas incesantes de Damián no la dejaban tranquila. En su teléfono escuchaba a cada momento a aquel hombre que antes la había sorprendido esta vez diciéndole que sola nada lograría y que no necesitaba trabajar, porque con él todo lo tendría.

A ese asedio se sumaba su ex pareja, quien le pedía la tutela del hijo de ambos, bajo el argumento de que no quería que el niño tuviera un padrastro al que no conocía muy bien por ser de otro país.

ELCHATEO NOCTURNO

Discusiones por un lado, llamadas llenas de reclamos por otro tenían agotada a Martha, quien a altas horas de la noche se amparaba en sus amistades para pedirle consejos ocupando la conexión a internet de su computadora. Es en esas noches de chateos e insomnio cuando aparece Teresa, a quien ella consideró su voz de aliento nocturno.

“Cómo estás Teresita” era el saludo de entrada en conversaciones que después se volvían videollamadas, hasta que una noche ¡CRASH!, algo se quebró en la sala y Martha salió presurosa a ver el origen de ese ruido, dejando activa la conexión con Teresa.

Estaba sola en la casa. A su hijo lo había dejado donde su madre y de pronto una mano que la sujeta de un brazo y gritos ordenándole que se callara. Eran dos hombres que entraron en forcejeo con ella. Más cosas de la sala se quebraron y esos ruidos entraban por la computadora que estaba enlazada con Teresa.

“Martha ¿qué está pasando?” gritaba Teresa en palabras que se quedaban encerradas en las cuatro paredes del cuarto de donde salió Martha a buscar el origen del ruido. Teresa pudo escuchar los gritos desesperados de la mujer y de los dos hombres que habían irrumpido en la casa.

Pasó un rato. Teresa esperaba que Martha regresara, pero nada. A los pocos minutos pudo escuchar claramente a uno de los hombres decir: “vámonos, aquí ya no hay nada más qué hacer… el niño no tiene culpa”.

A la mañana siguiente, la noticia era que una mujer había sido encontrada muerta en su vivienda con una bolsa plástica en su cabeza y que las autoridades presumían se trataba de un suicidio y solo Teresa sabía la realidad de lo que había ocasionado la muerte de Martha.

Teresa le contó todo lo ocurrido a un amigo que le insistió que hablara, pero ella no quiso. Tuvo temor porque llegó a pensar que así como mataron a Martha, podían llegar a buscarla para que después dijeran que hubo otro suicidio.

La verdad oficial fue que la causa de la muerte fue suicidio, la otra verdad nunca se conoció por el temor de Teresa, quien en el entierro de Martha se acercó a su tumba para expresarle en voz callada: “perdóname amiga, tuve miedo de hablar y solo Dios sabe los motivos y tenlo por seguro que Dios hará justicia”.

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