Hacer el amor o tener sexo… ¿estamos pecando?

Pecado o no, la iglesia tiene una opinión definida con todos los temas relacionados con el sexo

HOY
Para muchos tener sexo y “hacer el amor” es lo mismo, pero aclaremos, no es así. Hacer el amor es más que un acto sexual, no es solo entregar el cuerpo a la pasión, es entregar también el alma, corazón y la vida misma si es preciso… bueno, al menos así lo percibe y enseña la iglesia católica. Y es el modelo que una sociedad cristiana debería seguir.

Pero, ¿tener relaciones sexuales es pecado? Según el monseñor Rodrigo Urbina Vivas, párroco de la Basílica Inmaculada Concepción de El Viejo, Chinandega, explica que la iglesia no mira malas las relaciones sexuales, pero si están dentro del matrimonio bendecido por Dios.

“Las relaciones sexuales no son malas, porque esta es la manera ordinaria que Dios estableció para la procreación de los humanos. Sí existen ciertas regulaciones en cuanto a la moral se refiere. Lo primero que debe de tenerse en cuenta es que la libido, la pasión se debe educar para la vida matrimonial. ¿Cuándo es lícito y cuándo no el acto sexual? Es lícito únicamente para los que están casados legítimamente por la iglesia”, expresa el párroco.

El fin del acto sexual a los ojos de la iglesia es el de procrear hijos y muy a parte de eso está el placer, por el que muchos caen en tentación.

Monseñor Urbina destaca que dentro del marco de la sexualidad del matrimonio hay ciertas normas de regulación permitidas por la iglesia para evitar embarazos y el único método aceptado es el de la regulación de la regla femenina, el método del ritmo.

Caer en pecado
Por ende el acto sexual es pecado cuando se realiza fuera del matrimonio. Por ejemplo en el caso de ser pareja pero no estar casados, entonces están cometiendo fornicación, o cuando uno de los miembros de la pareja es infiel, eso se llama adulterio, el que también es un pecado dictado por las sagradas escrituras.

De tal manera que el acto sexual en sí, malo no es, pero es el mismo ser humano el que comete abusos o malos usos de la capacidad sexual con el que nacemos, cuando no los usamos bajo los designios del plan de Dios.

En el caso de los jóvenes, quienes están experimentando nuevos sentimientos y necesidades corporales y hasta sexuales, la iglesia estima que el máximo protector y educador en este tema es la familia, padre y madre son los principales responsables de mostrar a los hijos las coordenadas indicadas de la sexualidad.

“Cuando no hay maestros en la casa, entonces encontramos afuera a quienes no nos dan las coordenadas correctas, sino un aprendizaje inducido al placer. Esto suscita una inmoralidad que es la que estamos viviendo en estos tiempos totalmente descontrolada”, puntualiza el sacerdote.

Agrega que los padres deben instruir a sus hijos cuando van a entrar en la edad de la adolescencia, explicar sin tabúes qué es el sexo, qué es el acto sexual.

Hacer el amor

Como decíamos al inicio, tendemos a confundir las palabras hacer el amor y tener sexo. Entregarse sexualmente solo denota satisfacción carnal, sin amor.

“La palabra amor no tiene el mismo significado que encierra en otras lenguas. El acto sexual se ha manoseado tanto en el aspecto de nada más que el placer, que maliciosamente hoy en día se le llama hacer el amor. Hacer el amor es darse por completo sin egoísmo al otro, es el sacrificio que uno tiene que hacer para la felicidad del cónyuge o del ser amado, en caso que se haga no en matrimonio, efectivamente es pecado”, expresa el párroco Rodrigo Urbina Vivas.

Las relaciones sexuales y el pecado gran parte del tiempo van de la mano, pero solo cuando el mismo ser humano lo decide.

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