La periodista Maritza Cordero Ardila estrena su primer poemario

Cordero dice que vive una nueva etapa: la de escritora en plenitud, porque además de este poemario ya tiene en espera de publicación dos textos, uno de cuentos y el otro de periodismo

Ardila ejerció un periodismo de peligro al que llamaron de “catacumbas”. Foto: Arnulfo Agüero

Era un secreto pero salió al aire en versos libres”, dice la periodista radial Maritza Cordero Ardila entre sonrisas al referirse a su primer poemario Grito a la vida y al amor, escritura que desafía las sombras del amor con apasionados pensamientos en versos libres.

Cordero Ardila dice que la lectura de sus poemas ya pasó la “prueba de fuego”, cuando su amiga la periodista guatemalteca Patricia Melgar los dio a conocer en su país entre jóvenes y adultos y su resultado fue alentador.

Esta selección —agrega Cordero Ardila— abarca escritos realizados en su juventud y en años recientes, además vienen ilustrados por la pintora María Gabriela Dacaret y trae un prólogo del poeta Julio Valle Castillo.

“Mi poesía es vivencial, hablo del amor, la entrega apasionada y el desgarro del desamor; también hay cierto grado de erotismo sin caer en el extremo como lo plantean otros”, exterioriza la escritora.

De acuerdo con el poeta Julio Valle Castillo, los poemas de Maritza en esta primera publicación parecen y aparecen sencillos, con algo tradicional en cuanto a las formas y moderno en cuanto al erotismo.

“Su poema A mí amiga… la vejez! es acaso el de mayor aliento, el más largo y el más hermoso, ya dije que venía del exteriorismo”, dice el poeta al valorar este poemario.

Maritza Cordero —destaca Valle Castillo— también habla de “sus vivencias que hacen de León y de ella misma una ciudad llena de vuelo, de misterio, de encanto”.

Cordero Ardila, actualmente jubilada, dice que vive una nueva etapa: la de escritora en plenitud, porque además de este poemario ya tiene en espera de publicación dos textos, uno de cuentos y el otro de periodismo.

Aguerrida
Ardila ejerció un periodismo de peligro al que llamaron de “catacumbas”, porque tenía que hacer su trabajo bajo las represalias del régimen militar de los Somoza.

Otras de sus pasiones inseparables es el deporte y su promoción como gerente del equipo de León. Esta afición al deporte también la aprendió de su padre Aníbal Cordero García.

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