Utilizan los tramos como viviendas, sin otra opción donde habitar

Algunos comerciantes se han instalado en los mercados por comodidad y otras por necesidad

 

HOY

Cuando tenía 25 años de edad, doña Cristina Torres Hernández llegó a vender perecederos al mercado Roberto Huembes, al sector de la terminal de buses, lo que nunca se imaginó es que el tramo que usaría para guardar los productos sería también la vivienda donde habitaría junto con sus cuatro hijos.

Ella, quien actualmente tiene unos 65 años de edad, procreó tres varones y una mujer, todos ya son mayores de edad y cada uno tiene su pareja. En el mercado Roberto Huembes han encontrado un lugar donde vivir, pero también han pasado dificultades por no tener otro sitio donde habitar.

En la vivienda conviven unos 19 niños y 9 adultos, los cuatro hijos de doña Cristina con sus parejas y ella.

Las condiciones en que viven son precarias, en un tramo han acomodado tres camas donde se han adaptado a descansar, incluso en una cama pueden acomodar hasta cuatro niños y algunos duermen con doña Cristina en una “tijera” que ella extiende solo en las noches.

“Yo aquí vine joven a vivir, cuando vine solo tenía a uno de mis hijos y aquí me quedé viviendo porque no tenía dónde ir”, expresó doña Cristina.

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Aseguran que no han tenido otra opción dónde vivir. HOY/Roberto Huembes

Pese a esta situación, cada una de las nueras de doña Cristina tiene más de seis niños. Y actualmente en el tramo habita un bebé de dos meses de edad y vienen dos en camino.

“Yo tengo ocho niños, ahorita estoy dando (las) ‘vueltas’ para operarme porque la situación está bien dura, yo tuve un tiempo que nunca evitaba (tener hijos) ni nada y salí con todos mis hijos, pero gracias a Dios no me arrepiento porque para algo me van a servir mis hijos”, expresó Felipa Dolores Calero, de 36 años, nuera de doña Cristina.

Como la historia de estas personas hay muchas en los centros de compras, principalmente en mercados grandes como el Roberto Huembes, Mayoreo, Iván Montenegro e Israel Lewites, por ejemplo en el primero se tienen identificados cinco negocios cuyos dueños han hecho de ellos viviendas, en el Mayoreo las autoridades de la Corporación Municipal de Mercados de Managua (Commema) han contabilizado unas cuatro casas que en realidad son tramos.

Pero así como existen vendedores que se han quedado habitando en los mercados por necesidad, también algunos han decidido instalarse en los centros de compras por comodidad y dejan sus viviendas al cuidado de familiares.

Ese es el caso de la comerciante Martha Gamboa, de 37 años de edad, del mercado Israel Lewites, ella comentó que habita en el centro de compras porque en más de cinco ocasiones han ingresado a robar en su negocio y es por eso que decidió quedarse a vivir allí, mientras que una de sus hijas cuida su vivienda en el barrio Farabundo Martí, de Managua.

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En todos los mercados de Managua existen varias personas que habitan en los centros de compras. HOY/Roberto Fonseca

Un comerciante identificado como Erick Antonio Guevara Gutiérrez, del Israel Lewites, también habita en su tramo con su esposa, una hija que procrearon vive en Carazo. En el espacio mantiene cosas básicas como la cama, un abanico y un televisor, en las afueras del negocio instalan los perecederos que venden.

En el mercado Mayoreo existen unas cuatro familias que han ocupado los tramos como casa. Doña Felipa Rodríguez Potoy, de 81 años, dice que lleva unos ocho años de habitar en su local donde vende plátanos, ella ha dividido el espacio con cortinas, también viven una hija de ella y una niña de ocho años. La comerciante tiene una vivienda propia en un barrio de la capital, pero no le gusta vivir ahí porque asegura que hay mucha delincuencia.

Sandra Gadea Román es una mujer de 33 años de edad que tiene tres hijos menores de edad, su compañero de vida es acarreador en el Mayoreo y su suegra es la dueña del tramo donde viven, ella les alquila el local como que fuera una vivienda por la cantidad de 1,000 córdobas, la comerciante en cambio paga mensualmente a Commema unos 300 córdobas.

Gadea indicó que ya está operada para no tener más hijos, en el tramo donde viven hay dos camas pequeñas, en una se acomodan ella, su esposo y uno de sus hijos y en la otra dos de sus hijos.

“En el invierno se nos mojan todas las cosas, yo quisiera que alguien nos ayudara con una casita… aquí nosotros solo comemos dos tiempos, solo en la mañana y hasta la cena, a las 12:00 (del mediodía) no comemos porque no hay reales, a las 12:00 solo les doy aunque sea un fresco y pan y se van a la escuela, en la mañana comemos gallopinto y en la cena si él (su esposo) nos busca aunque sea una libra de pollo, lo que consigue en el día”, expresó Sandra.

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La delincuencia impera en los mercados en horas de la noche. HOY/Roberto Fonseca

Peligros

 

Las personas que habitan en los mercados están expuestas a muchos peligros, principalmente los niños porque no se desarrollan en un ambiente sano. En los mercados la vida nocturna es insegura ya que la mayoría de los negocios están cerrados y hay poca presencia de la Policía Nacional.

La prostitución, los robos, el alcoholismo y la drogadicción son situaciones que ponen en peligro la vida de todos los niños y adolescentes que allí habitan, en el caso de las familias que viven en la terminal de buses del mercado Roberto Huembes, en esa zona la delincuencia está presente cada noche por la cantidad de bares en el lugar y los niños están expuestos a estos riegos.

Para el sociólogo Cirilo Otero, la condición de estas familias es un fenómeno social que debe ser atendido por el Gobierno.

“Esta gente vive en extrema pobreza y están llegando a niveles de la indigencia… es aquel sector de personas que no tienen un trabajo formal ni tampoco tienen iniciativa y viven de lo que pueden hacer, cualquier cosa, desde servicio hasta la delincuencia”, expresó Otero.

“No hay programas para atender este sector de la sociedad, entonces ¿qué es lo que vas a tener después?, gente resentida que generalmente son personas que se dedican a la delincuencia”, expresó el sociólogo.

La psicóloga Mey Ling Pérez coincide con Otero al indicar que los niños que crecen en este ambiente están expuestos a todo tipo de peligros.

“Al vivir en un entorno desfavorable los niños son más vulnerables, no solo por la pobreza sino también por el entorno, son más proclives a involucrarse en actividades antisociales o vender droga o consumir droga, o cualquier delito”, explicó la psicóloga.

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