Los alfareros del mercado

El negocio es una herencia familiar. Son originarios de Malpaisillo

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A 45 kilómetros de León se encuentra el pueblo de artesanos la Calle Real de Tolapa, jurisdicción de Malpaisillo, donde aproximadamente unas 300 familias viven de la elaboración y comercialización de artesanías a base de barro.

Este material de origen precolombino da vida a diferentes obras de artes creadas por manos de un grupo de hombres que llegaron a vivir a un costado de la antigua mansión Luis Somoza, calle que ahora forma parte del inmenso mercado Oriental.

Mientras don Magdaleno Mendoza permanece instalado en su butaca de madera dándole los últimos retoques de pintura a la alcancía que sostiene con una de sus manos, las personas se acercan a cotizar los precios de estas bonitas creaciones.

“Cuando yo vine mi papá ya tenía años de vender aquí (en el Oriental), él es uno de los artesanos más reconocidos allá en Malpaisillo, pero decidió venir a ofertar el producto a este mercado para generar más ganancias, desde ese entonces otras personas se han unido a esa iniciativa y hoy somos más de cinco vendedores en este lugar que se conoce como el Sector de las Ollas”, explica Enrique Guardado, uno de los artesanos.

Estancia

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Una chocita improvisada, un par de hamacas amarradas a dos árboles y dos pliegues de plástico negro para apaciguar los rayos del sol son las condiciones de vida que estas personas tienen para pasar el día y la noche.

“Aquí trabajamos, comemos y dormimos, la mujer de mi primo es la que se encarga de elaborar la comida, dormimos en esas hamacas, alquilamos un lugar dónde ir al baño y asearnos y solo vamos una vez al mes a nuestros hogares allá en Malpaisillo”, explica Álvaro Morán Guardado, artesano.

Estas personas aseguran que el negocio es rentable ya que genera ganancias para los gastos de la alimentación y la materia prima para la elaboración de las artesanías.

Además, admiten que diciembre es la mejor temporada para comercializar las alcancías de barro, ya que muchas personas se deciden a romper sus chanchitos con los gastos que generan las promociones y otras actividades propias del Fin de Año.

“Las ventas han estado buenas, el hábito del ahorro se implementa en las personas desde la infancia y eso genera que la mercadería se venda, este lugar es nuestro centro de trabajo y nuestra casa”, finaliza Guardado.

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