Pluma Blanca y Luz de día

Lea el cuento en compañía de sus hijos

gallitos
Ilustración: Cristopher Vallejos

Brenda Alaniz Pérez
HOY/ Colaboración

Al sur de Masaya, vivía una tribu muy poblada, dirigida por un cacique que tenía un hijo apuesto y fuerte, llamado Pluma Blanca.

El joven estaba soltero y era el orgullo de su padre, porque sería su sucesor, el futuro cacique de la tribu, donde no había otro con las cualidades y capacidades de él.

Pero en la tribu también había un joven llamado Garra Feroz, que decía ser amigo de Pluma Blanca. En realidad, lo envidiaba mucho, porque también deseaba ser cacique.

Antes que coronaran a Pluma Blanca, Garra Feroz le hizo un hechizo, convirtiéndolo en gallo. Pluma Blanca se sintió diferente, buscó un riachuelo y vio su reflejo: era un gallo grande y blanco. Se desesperó y no halló qué hacer.

Una joven gallina se le acercó y le preguntó:
—Tú, ¿de dónde eres? Nunca te había visto por aquí.
—Yo no soy gallo, no sé qué pasó. Soy Pluma Blanca y pronto seré cacique de mi tribu —respondió él.

La joven gallina, de nombre Luz de día, se carcajeó. Pluma Blanca insistió y le pidió lo ayudara. Ella, convencida de aquella verdad, inició una aventura junto a él, en el intento de disolver el conjuro

Un día encontraron la solución, pero Pluma Blanca vio a Luz de día una vez más, quien lo miró fijo pidiéndole en silencio, quedarse con la apariencia de gallo. Se había enamorado de él. Pluma Blanca también tenía el mismo sentimiento y corrió hacia ella, decidiendo vivir libre, cantando por las mañanas, al lado de su Luz de día.

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