Un sueño de infancia

Elving Venegas promueve la danza clásica en los barrios capitalinos a través de su sueño de infancia, el proyecto “Alas y raíces”

Elving Venegas
Elving Venegas quiere pulir a los niños de tres Distritos de Managua. HOY/ Dorling López

Autor: Dorling López Rivera

HOY

Para el maestro Elving Venegas su trabajo es su mejor carta de presentación. Bajo su dirección en Nicaragua se gestaron trabajos de ensueños como El Principito, Peter Pan, Pinocho, Rey León, Mary Poppins, montajes que maravillaron a grandes y pequeños en las galas benéficas de la Asociación Pro Niños Quemados de Nicaragua (Aproquen).

Venegas, quien estudió, bailó e impartió clases en Alemania y México, quiso volver a su tierra natal para compartir sus conocimientos, los cuales han sido bien recibido por los bailarines que está formando y por el público que se deleita con su propuesta.

Hace dos años su faceta más irreverente se dejó ver con “Burlesque”, trabajo con el que sedujo al público. Este año gracias a la Fundación Encanto tuvo bajo su cargo la dirección coreográfica del primer festival Puccinano, que inauguró en nuestro país en su gira por Latinoamérica.

Aunque tiene el respeto del público y la admiración de sus pupilos, él se sentía en deuda con su tierra. Por eso fue que en el 2011, el maestro de maestros decidió realizar un sueño de infancia: compartir todo eso que ha recibido de la vida. Por ese año, con su colega coreógrafa Yadira Barvulsky, becaron a 10 niños del Colegio Cristo Obrero de San Isidro de Bolas.

 

Becas

“Este país es una cantera de artistas, pero a los niños hay que pulirlos. Demos darles alas para que desarrollen la imaginación y abonar sus raíces para que estén orgullosos de sus costumbres. No basta crear un semillero de bailarines, sino que debemos procurar cultivar intérpretes que sientan la pasión que les mueve el alma”, señala Venegas.

De acuerdo al profesor, en su infancia él vivió grandes limitaciones económicas, que hicieron que su familia realizara grandes sacrificios para alcanzar su sueño; vivir en movimiento.

“Recuerdo que mi abuela —Mariana Obando— vendió hasta un chanchito para comprarme el traje de mi primer año de danza”, recuerda Venegas, quien caminaba desde la Máximo Jerez hasta Montoya para ir a sus clases de danza.

La humildad que guarda en su corazón, es producto de las vivencias de infancia que atesora en sus recuerdos. “Mi abuelita, mi mamá —Ana Obando— y mi hermano —Wilfredo Obando— siempre procuraron darme algo que tiene un valor incalculable: amor”, comparte el profesor de danza clásica que en julio cumplirá 53 años de vida.

En acción

Gracias a un proyecto que le propuso una institución, el año pasado estuvo compartiendo su conocimiento con 38 pequeños de los barrio del Distrito V, VI y VII.

“Este año espero duplicar la plaza y eso me emociona muchísimo porque es un dar y recibir, yo les comparto mis sueños y vivencias y mis alumnos me demuestran un amor genuino y ese es mi mayor pago. Es el legado que quiero dejarle que vivan al máximo y nunca renuncien a sus sueños”, comenta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

...

Notas Relacionadas