El negocio de los cocos

Doña Patricia Ruíz emplea a más de tres personas con la venta de cocos en el sector de Larreynaga

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Al pasar por los semáforos del puente Larreynaga, lo primero que viene a mi mente es aquel clásico tema de la agrupación venezolana Fantasmas del caribe titulado: Agüita de coco.
Y no es para menos. En este punto lo que abundan son los cocos y su refrescante agua, los que son ofertados en bolsas de plástico.

Un asiento de madera improvisado, cientos de cocos y un machete en mano son las herramientas que utiliza doña Patricia Ruíz para comenzar sus labores.

Ella junto con su hermano tuvieron la idea de vender esta fruta tropical en la capital. “Tengo más de quince años que inicié este negocio, en un principio vendía por el puente El Edén, pero las ventas no eran tan buenas, por eso después decidí ubicarme aquí y ahora me va mejor”, dice Ruíz.

Beneficios

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Ruíz no es únicamente el sustento económico para su familia en Masatepe, sino que genera empleo a más seis vendedores, quienes se encargan de repartir el producto en los semáforos.

“Yo les doy el coco a ellos ya pelado, rayado y empacado a un precio y ellos lo comercializan a otros precios obteniendo sus propias ganancias”, explica.

El producto es traído de la ciudad de origen de doña Patricia, pero en otras ocasiones se busca en los municipios de Carazo.

Todos los días a las 3:00 de la mañana esta señora junto con su hijo y la persona que le alquila el transporte vienen desde Masatepe con más de trescientos cocos, que a diario se comercializan en este punto.

En la venta también se involucra su esposo.

“Desde pequeño mi mamá me enseñó a trabajar en este negocio, no vengo diario, pero ayudo en lo que más puedo a mi familia, es un trabajo honrado y el que nos ha ayudado a sobrevivir”, expresa Maynor Calero, hijo de Ruíz.

Su jornada finaliza hasta las 2:00 p.m., cuando ya todos los cocos han sido vendidos.
Esta señora asegura que este ha sido un negocio bastante rentable para ella, ya que no cuenta con otra fuente de ingreso económica para sobrevivir, también apunta que antes las ganancias eran más, porque el producto se encontraba más barato hasta en cincuenta centavos la unidad.

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”Tengo más de diez años de dedicarme a comercializar la fruta, me gano alrededor de 200 córdobas al día, es un trabajo que da para que todos ganemos para la comida diaria”. Jimmy López, vendedor

 

 

 

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