El árbol de Navidad

Un bonito cuento para compartir en estas fiestas decembrinas con sus hijos

 

CUENTO

Kalia Lucía Blandón Vargas
HOY/ Colaboración

En el Coyolar vivía una hermosa familia de conejos que se alimentaban de hierbas y pastizales. Nabi, era un conejito especial, el más chiquito de todos. Cuando creció, su pelaje era distinto al de sus hermanos: Mati, de pelaje castaño; Sofi, toda blanquita; Pety, gris; Gufy, negro; y Nabi tenía pelaje rosa, pecho blanco y patitas color naranja.

Ellos correteaban entre los matorrales como todos los días; hacían lo mismo de siempre, algo rutinario. Todo transcurría normal, hasta que un día Nabi se enfermó; no sabían la causa de su enfermedad.
Visitaron a la curandera de la colonia, la liebre Soma:

—¿Qué le pasó a Nabi? —preguntó la liebre.
La coneja Sabi dijo:
—Nabi tiene días que no come, casi no juega con sus hermanos; se queda ido como buscando algo… llora y llora y no sabemos por qué…
La liebre lo revisó, desde las patitas a la cabeza, y no encontró la causa de su estado. Lo llevaron donde el sapo Yipo:
—¿Nabi, qué tienes? —preguntó el sapo Yipo.
—Siento que me falta algo —dijo el pequeño Nabi.
—Nabi tiene un mal en su corazón —dijo mamá Sabi. Lo revisa y llega a la conclusión: su enfermedad es la tristeza. El sapo Yipo aconsejó de todo:
—Le comprarán caramelos, sorbetes, juguetes, y sus hermanos jugarán más seguido.

Todo lo hicieron así, pero Nabi seguía triste… Entonces, mamá Sabi envió cartas a todo el mundo para encontrar la cura de la tristeza de Nabi. Una carta llegó hasta el Polo Norte, donde vivía el pingüino Cantú. Y decidió viajar hasta El Coyolar: él tenía la cura de su tristeza.

El pingüino Cantú, con su bufanda roja, llega al Coyolar, llevando consigo un pino y algo luminoso entre sus manos.

—¡Soy Cantú! ¡Vengo de un lugar donde todo es nieve, amor y felicidad! —dijo el pingüino a la familia de conejos.
—Bienvenido al barrio El Coyolar —dijo la coneja Sabi.
—Supe, Nabi, que tienes mal de tristeza, y no has dejado de llorar. Aquí yo te traigo como obsequio un pino, símbolo de alegría; ya no estarás triste; celebrarás la Navidad y recordarás el amor, la paz y la felicidad…

El corazón de Nabí brinco de alegría. Jamás vio algo semejante, diferente y fuera de lo rutinario; el hermoso pino verde y largo rodeado de bellas y luminosas luciérnagas que alumbraban la noche de El Coyolar.

Así nació el árbol de Navidad en El Coyolar: ahí, en ese pequeño rincón del mundo de las bolitas de algodón no había llegado el espíritu de la felicidad. Así, el pino y las luciérnagas curaron la tristeza de Nabi y se corrió la voz en el mundo. Desde entonces, se celebra la Navidad… ¡Feliz Navidad!

La autora es escritora.

Ilustración: Jorge Luis Moreno Luna

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