AMBULANTES

Sentada en una esquina pasa todo el día, la abuelita vendedora. Ahí aguanta sol, lluvia, polvo, ruido, frío y calor. Pero en medio de tantas cosas esta trabajadora incansable agradece a Dios por tener aún las fuerzas para seguir laborando.

 

hoy

 

 

Sentada en una esquina pasa todo el día, la abuelita vendedora. Ahí aguanta sol, lluvia, polvo, ruido, frío y calor. Pero en medio de tantas cosas esta trabajadora incansable agradece a Dios por tener aún las fuerzas para seguir laborando.

 

Así viven muchos comerciantes, mayores de edad del mercado Israel Lewites, quienes a diario buscan lugares estratégicos para poder vender los productos que ofrecen.

 

A pesar que la venta ambulante no les dejan cantidades enormes de ganancias, sienten que esa es la única manera en que pueden hacerse valer en la sociedad.

 

Don Elías Domínguez, es un señor de 60 años, quien sufre de problemas en su columna vertebral. Él asegura que hace cuatro años empezó a vender de manera informal en su camioneta, pues su enfermedad no le permitía hacer mayores esfuerzos.

 

“Por una parte me siento mejor de vender aquí afuera, porque estoy más tranquilo y en este lugar no tengo que lidiar con ningún vecino”, dice don Elías.

 

Sin embargo, no todos venden en lugares tranquilos. Hay abuelitas vendedoras que trabajan todas las mañanas bajo el sol imponente.

 

“Lo más difícil es no tener un lugar propio, trabajamos con dinero prestado y soportamos situaciones que a veces nos afecta la salud. Pero no podemos dejar de trabajar, tenemos bocas que alimentar”, afirma Mirza Ramírez, vendedora ambulante de ropa interior.

 

pago por lugar

 

 

Según Javier Herrera, intendente del mercado Israel Lewites, los trabajadores ambulantes deben pagar por el espacio que ocupan unos 300 córdobas mensuales, es decir que abonan por día 10 pesos.

 

“Todos los días ocupo este lugar, y pago por estar aquí, pero nunca me han dado permiso de por lo menos hacer una casetita para no quemarme tanto, yo me conformo con algo sencillo que me cubra”, dice Nubia Hernández, vendedora ambulante de frutas y verduras, quien agrega que a sus 57 años sigue buscando el alimento de su familia.

 

Lesbia Trejos, compradora Juana Vallejos, compradora

 

 

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