Huérfanos del tiempo destruido del escritor y periodista Luis Duarte

Una memoria sobre las heridas abiertas de los niños de la guerra en Nicaragua

El escritor y periodista nicaragüense Luis Enrique Duarte. HOY/ Roberto Fonseca

Las miradas ingenuas, difusas y románticas de los niños que sobrevivieron a la guerra civil en los años ochenta y en sus años de juventud a la transición política de los noventa, forman parte del tejido dramático y controversial de la novela “Huérfanos del tiempo destruido”, del escritor y periodista Luis Enrique Duarte.

En su segunda edición publicada por la Editorial UCR (Universidad de Costa Rica) describe en sus páginas la vida de sus protagonistas en la casa, la escuela y la ciudad; así como la guerra entre sandinistas y contras escenificadas en las montañas del norte de Nicaragua.

Y no en el propio corazón de las ciudades y carreteras, a como sucedió en la reciente rebelión de abril del 2018 y sus meses posteriores, donde se vio hasta niños protestar y levantar sus pequeñas voces airadas contra el régimen dictatorial de Ortega.

En la novela de Duarte sus personajes infantiles Toto, Rosi, Pituca o el Ñato, transitan su mundo urbano; mientras tanto solo perciben como telón de fondo los difusos “ecos de la guerra” y la retórica alienante de la Dirección Nacional del FSLN.

Pero no todos tuvieron la misma suerte. Jóvenes como el Triste fueron reclutados y tiempo después entregados muertos a sus familiares. El luto invade sus pequeñas memorias.

“Quizás nos ayude a entender esta infancia y esta adolescencia”, dice Duarte al referirse a los protagonistas de su libro “Huérfanos del tiempo destruido”, publicado por primera vez en 2014 por el Centro Nicaragüense de Escritores.

Novela “revive el trauma nacional”

A criterio de Duarte, su novela “Huérfanos del tiempo destruido” también “revive el trauma nacional, como el trauma familiar y trauma personal”, y puede verse como una memoria para sobrepasar el duelo y el trauma.

Asimismo trata de explicar el porqué del “silencio generacional”, y propone una alternativa para evitar revivir o repetir los conflictos.

Al respecto Duarte razona: “No hablás del conflicto para no repetirlo y para no revivir el trauma, pero la herida se repite porque precisamente no está resuelto, y porque también no le están dando a la nueva generación las pautas para reconocer el conflicto y lograr solucionarlo”.

Otro tema esencial que aborda este libro es el de la soledad. Esta es vista por Duarte desde las relaciones de las convivencias interpersonales, la incapacidad para “conectarse mutuamente” y el de una vida de “mundos paralelos”, entre clase media y baja.

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