Esta Navidad sin ellos

Las familias a quienes la represión les mató a un hijo, un padre o esposo no tienen que celebrar

“No tenemos nada que celebrar”, dice la madre de un joven asesinado en Jinotepe durante la “operación limpieza”. HOY/Mynor García

Cada vez que se aproximaba diciembre doña Elizabeth Velásquez y su hijo Josué Israel Mojica García acostumbraban rodear la ventana de su casa con la instalación de luces navideñas que alumbraba cierta parte de la calle.

Adornos no ponían, tampoco árbol, madre e hijo consideraban que con las pequeñas bujías multicolores e intermitentes bastaba para crear el ambiente navideño y dar la bienvenida al niño Jesús que nace cada Nochebuena.

Se organizaban bien. Pensaban en la cena, regalos y ropa nueva que ese día luciría toda la familia, pero algo surgió este año: a Josué una bala le arrebató la vida cuando los paramilitares del Gobierno cumplían la orden de Daniel Ortega y Rosario Murillo de atacar los tranques y barricadas en este departamento.

La masacre ocurrió el 8 de julio y dejó unos 20 muertos, entre ellos Josué. Tenía 20 años cuando murió. Era tan flaco y menudito que sus amigos del barrio lo bautizaron como el Fetito, un apodo que hasta la familia aceptaba por gracioso y de alguna manera, tierno.

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Sin olvido

Aunque ya pasaron más de cuatro meses de lo ocurrido, doña Elizabeth no ha podido sanar esas heridas. La ventana de su casa tiene cortinas que la hacen ver más oscura. Este año no tiene luces.

Se respira tristeza en la casa y la madre no puede ocultarla. Cuando habla de su hijo, la voz se le trunca y se le hace imposible detener el llanto.

Desde una mecedora de esas abuelitas cuenta de la gran falta que le hace su muchachito, a como ella aún le llama y de la forma en que se lo mataron. Doña Elizabeth relata que a veces no come y siente que ha perdido mucho peso, pero no es porque ella lo desee.
Cena navideña no habrá este año en su casa, porque refiere que no tiene nada que celebrar, aunque su otro hijo, el mayor, esté con ella.

Y siguen doliendo

Depresión sufre doña Elizabeth, de 45 años y asiste con el psicólogo una vez al mes para ser tratada. Una vez mientras iba por la calle, le pareció ver a su pequeño mártir: “Yo no supero su muerte, me parece que él está vivo y que va a volver. Estos días, ni nunca más habrá alegría para nosotros”, dijo.

Los paramilitares ejecutaron la llamada operación limpieza que dejó luto en las familias de Carazo. HOY/ Archivo
'Aquí seguimos de luto'

Los padres del jinotepino José Manuel Narváez Campos, de 22 años, desconocían que su hijo había tenido participación en los tranques. El joven era conocido como Chema Campos y fue asesinado también el domingo 8 de julio en la operación limpieza que ejecutó el Gobierno con sus paramilitares y policías.

José Manuel Narváez Campos, conocido cariñosamente como Chema Campos. HOY/Cortesía

Su padre José Alejandro Narváez comenta que en esta Navidad su familia no tiene nada que celebrar, porque siguen de luto, “el dolor sigue y al sentir que estoy celebrando, es como que mi hijo no me importe”, sostuvo. Él se dio cuenta que a su hijo mayor lo habían asesinado porque uno de sus hermanos se lo comunicó por teléfono. Una foto de Chema, con su cuerpo ensangrentado y sobre el pavimento, circulaba en las redes sociales. Una bala que entró en sus costillas le perforó el pulmón derecho.

El lunes 9, después de recorrer desesperadamente hospitales de Jinotepe y las instalaciones del Colegio San José, a través de un pariente logró obtener información de que el cadáver de su hijo se encontraba en el Instituto de Medicina Legal (IML). Se presume que el joven fue asesinado por el sector del estadio de beisbol Pedro Selva. Su cadáver fue velado en el barrio San Antonio.

Por este crimen ninguna persona ha sido apresada. “Es un crimen que se comete y que queda impune, aquí no van a hacer justicia, ¿a quién directamente vamos a acusar?, pero es obvio de quiénes lo mataron. Yo solo pido respeto por mi hijo, yo no quería un héroe”, se lamenta don José.

Los planes de Chema eran viajar con su padre a Costa Rica y emprender en Nicaragua un negocio de comidas y bebidas; pensaba en tener su propio bar-restaurante. Su madre la señora Eva Ruth Campos, con quien se crió, también lo extraña.

Muertes impunes
José Manuel Narváez Campos, conocido cariñosamente como Chema Campos. HOY/Cortesía

Muchos de los jóvenes asesinados durante las protestas se estrenaban como padres o estaban a escasos meses de serlo, hasta que las balas del régimen acabaron con ellos. Sobre la muerte de una veintena de caraceños en manos de paramilitares no hubo ni pesquizas ni hay juicio.

Cena en familia no más

El cementerio doña Elizabeth lo visita con mucha frecuencia, casi semanal, ahí siente que logra estar más cerca de su hijo.

“Acercarse a estas fechas a mí me duele mucho, más que en días pasados porque él para el 24 ya me estaba diciendo que quería su estreno y también para el 31, ahora con su ausencia es peor, ya no escucho esa voz que me diga ¡mama cómpreme mis zapatos!… eso me tiene bastante mal”, relató la madre.
En fechas de Navidad y Fin de Año, a Josué, después de visitar a su novia en el municipio de Dolores, le gustaba cenar con su madre.

Para alegrar la noche, como todo joven, le encantaba tirar triquitraques y cachiflines con sus amigos del barrio y de quemar los muñecos de trapo de año viejo. Todas sus travesuras su progenitora también las extraña.

Pollo horneado, con ensalada, arroz y tostones, era lo que más le gustaba comer los 24 de diciembre al joven caraceño.

“Yo le pido al Señor que me dé fuerzas, sé que mi hijo no está físicamente conmigo, pero a veces yo lo siento cerca.

No he podido recuperarme, no he podido trabajar a como lo hacía antes y a veces no quiero ni levantarme de la cama”, expresó Velásquez.

Ausencia que mata

La instalación de luces que se situaba sobre la ventana esta vez no fue sacada de la caja donde acostumbraba guardarla su retoño.

Su hogar no volvió a ser el mismo, “a veces me siento como muerta en vida, mi otro hijo me dice, ‘¡pero me tiene a mí!’, pero no es igual, porque yo los amo a los dos”, contó la diriambina.

Josué cursaba su primer año de secundaria en el Instituto Privado Emmanuel Mongalo (IPEM) y los sábados, su segundo y tercer año en el colegio público La Salle.

En sus tiempos libres, particularmente los sábados, le ayudaba a su madre en la casa y en su trabajo de comerciante en el mercado municipal.

En la casa de la señora Eva Ruth Campos aún hay luto por la muerte de José Manuel Narváez.HOY/ MYNOR GARCÍA.

El día que lo asesinaron, su cuerpo tenía un impacto de bala en el estómago —que le perforó el hígado—, una estocada de arma blanca en el pecho, sus costillas estaban quebradas y tenía excoriaciones.

Sus restos fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal, en Managua.

Andaba una calzoneta playera celeste con la que había ido al mar, una sudadera gris, una gorra negra y una pequeña mochila de cordones negros. Su gorra, celular y zapatos fueron robados por sus verdugos.

Este crimen ejecutado por los paramilitares del Gobierno sigue en la impunidad como otros.

Mataron buenos propósitos

El levantamiento de los caraceños contra el régimen no solo lo sorprendió a él y a sus verdugos, nadie en el país olvida los valientes que fueron una veintena de jóvenes que cayeron bajo las balas de la represión.

El hijo de doña Elizabeth por ejemplo, era un confeso autoconvocado y se sentía orgulloso de ser parte de un movimiento de nicaragüenses que buscan un nuevo país.
Él participó en al menos dos marchas de la gente que se manifestaba contra el régimen, la bandera azul y blanco la usaba como capa.

Quería negocio propio

Le había dicho a su madre que cuando la crisis terminara y que su país fuera uno nuevo y libre, quería su propio negocio: un puesto de venta de zapatos usados.

Los organismos de derechos humanos señalan que unos 500 nicaragüenses murieron asesinados por paramilitares. HOY/Archivo

Cuando fue asesinado, su madre decidió no interponer denuncia ante la Policía, porque ella y ellos, están claros de quiénes lo asesinaron y solo está a la espera de la justicia divina.

Impune todavía

Por este crimen ninguna persona ha sido detenida, ni investigada ni antes, ni ahora, aunque el aparto judicial ha acusado a varios jóvenes manifestantes por la muerte de varios paramilitares fallecidos en circunstancias confusas.

La madre de Josué dice que su hijo no deseaba morir como un héroe.

Pensaba siempre a futuro y a su novia le explicaba que cuando se convirtiera en padre, quería que sus hijos vivieran en una Nicaragua libre.

“Quería una patria libre donde vivir, él no quería ser sacrificado. Lo que hicieron fue una barbaridad, una cosa que no debe olvidarse aunque se logre perdonar”, dijo su madre.

El joven vivía en el barrio Francisco Chávez, de Diriamba, pero fue asesinado en el barrio La Libertad.

Niña pregunta ¿Dónde está papá?

Con el desmantelamiento de los tranques, Gerald Barrera Villavicencio de 26 años, fue otra víctima de disparos. Se integró a las manifestaciones porque se hartó de ver tantas injusticias que cometía el dictador contra su pueblo. Él quería que su esposa y sus hijos vivieran en una Nicaragua donde se respetara la democracia y los derechos humanos.

El oficio de Barrera era albañil, pero luego la vida le dio oportunidades y descubrió que tenía talento en el mundo de las ventas. Vendió huevos y bolsas plásticas. Últimamente se desempeñaba como ejecutivo de ventas en una empresa colombiana que distribuía alimentos para animales.

Gerald Barrera Villavicencio con uno de sus hijos. HOY/Cortesia

Por la entrega a su trabajo le asignaron un vehículo para que se movilizara. La madre de este joven falleció cuando él apenas tenía tres años, su padre lo abandonó y se crió con un hermano y un tío.

En junio el joven se integró a la barricada de su barrio, por el sector de Los Mameyes, pero desde abril que iniciaron las protestas apoyaba con comida a los autoconvocados que se mantenían en el tranque del colegio San José, sobre la Carretera Panamericana.

Gerald fue asesinado a escasos metros de su casa. Una bala en las costillas, con orificio de entrada y salida, le perforó los pulmones. Su esposa, Karen Mayela Martínez, desde el exilio cree que hubo negligencia médica y que por eso el padre de sus hijos no sobrevivió.

Dejó en la orfandad a un niño actualmente de 8 meses y una niña de tres años que están al cuido de su madre. Karen fue víctima de asedio y sufrió amenazas de muerte de los paramilitares, por tal razón a los dos días de haber enterrado a su esposo, huyó hacia Costa Rica con sus hijos, donde solicitó asilo político.

“Ha sido una tarea durísima, la niña de tres años no hay día que no pregunte por su padre, ella siempre lo busca”, compartió.

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