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Sobrevivientes a ataque de la UNAN esperan condena

Una juez los haya culpable de protestar con la ocupación, pero nadie fue acusado por las muertes y lesiones que causaron los paramilitares

Las madres de los universitarios que ocuparon la UNAN como forma de protesta contra el gobierno. HOY/Yaosca Reyes

Fredrych Castillo, Jeffrey Jarquín, Emmanuel Dávila, Justino Jarquín, Bryan Palma, Jorge Zapata, Pedro Aguilar, Carlos Varela y Martín Jarquín fueron declarados culpables por el juez Álvaro Martínez, del juzgado Tercero Distrito de lo Penal de Juicio, por los delitos de terrorismo y portación ilegal de armas. El juicio fue celebrado el martes pasado.

Estos jóvenes son sobrevivientes al ataque que hicieron policías y parapolicías a la iglesia Divina Misericordia el 13 de julio pasado.

“Nuestros jóvenes estuvieron 16 horas bajo ataque en la Divina Misericordia. El Gobierno no pudo quitarles la vida y por lo visto se las quieren quitar poco a poco, dentro del penal envenenándolos. Eso demuestra el odio que (el presidente) le tiene a la juventud que no quiere pensar como él”, señaló Silvia Paz, tía de uno de los nueve muchachos.

Con pruebas huecas

Verónica Nieto, abogada defensora de los nueve muchachos, contó que el juez a cargo del proceso legal declaró culpables a los estudiantes a pesar que las pruebas presentadas por la Fiscalía eran contradictorias y no fueron contundentes en ningún momento. Nieto precisó que al ser catalogados como terroristas, las pruebas y alegatos legales deberían ser más precisas, pero no lo fueron.

Además, la Fiscalía mencionó que los muchachos al ser sacados de una casa de seguridad en el mercado Oriental los encontraron en posesión de tres armas, pero una de estas es artesanal, sin aguja percutora, y las otras dos no tienen magazines y ninguna funcionaba.

“Si fueran terroristas, como dicen ellos, deberían haber encontrado al menos un arma por cada persona detenida. Eran tres armas para nueve muchachos… Sin embargo, el peritaje del Instituto de Criminalística, de Medicina Forense, dijo que las armas estaban aptas para disparo, o sea la verdad fue falseada con el objetivo de enjuiciarlos y encerrarlos. Pero en juicio se le preguntó a la oficial de investigación si las armas tenían hojas percutoras y ella dijo que no. El juez la revisó, yo también la revisé y no funcionaban”, comenta la abogada Nieto.

La imagen del Cristo de la iglesia Divina Misericordia conserva las huellas del ataque armado contra los jóvenes que se refugiaron de las balas. HOY/Archivo

No convenció, pero…

Por otro lado, la abogada dijo que la tesis de la Fiscalía no fue comprobada. La Fiscalía distribuyó funciones a cada uno de los muchachos que al final no fueron demostradas con pruebas en el juicio. La abogada también comentó que el fiscal utilizó términos despectivos para referirse a los acusados, los llamó vagos, delincuentes, entre otros calificativos, hasta llegó a cuestionar la presencia de un blufileño entre los acusados.

“Incluso el fiscal mencionó que uno de los muchachos, Jeffrey, no era capitalino y que nada tenía que venir a hacer a Managua a destruir la UNAN, porque él es originario de Bluefields. Jeffrey tomó la palabra al final y le dijo: ‘Disculpe señor fiscal, yo soy estudiante de Derecho, pronto seré su colega, y porque conozco de leyes y de la situación actual yo apoyé y por eso estoy acá’”, aseguró la abogada Nieto.

Agregó que las pruebas presentadas por la Fiscalía solo hacían alusión a los sucedido dentro de la iglesia Divina Misericordia y la casa refugio donde estuvieron, en ningún momento se presentó pruebas de los delitos cometidos dentro de las instalaciones de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN- Managua).

“Si lo policías (testigos de la Fiscalía) hablaron de esto fue como parte de un recetario, algo que tenían que mencionar, pero ahí no hubo videos, no se presentaron víctimas, de los supuestos robos que hubo en los tranques. Ni fotos presentaron. Sin embargo fueron declarados como terroristas”, analizó en conferencia la abogada Nieto.

La Fiscalía pidió 20 años de prisión para los nueve declarados culpables y por posesión ilegal de armas la pena de un año. Verónica Nieto aseguró que están esperando dicha sentencia para poder apelar.

Una historia detrás de cada rostro joven

Justino Jarquín se unió a la lucha universitaria desde el inicio. Estudiaba en ese entonces Enfermería, así que sabía que sus conocimientos servirían de algo en las trincheras. A sus 22 años su compromiso con la resistencia universitaria era muy serio, hasta el punto de ofrecer su hogar como casa de seguridad.

“Primero estuvo apoyando en la Upoli, pero luego cuando desalojaron la universidad se fue a la UNAN. De ahí todos se fueron a la iglesia de la Divina Misericordia donde los atacaron. Luego de eso mi hermano llevó a todos los muchachos a la casa donde se refugiaron por miedo. Ahí fue donde los agarraron”, expresa Paulina Jarquín, hermana del muchacho.

En dicha casa, estuvieron escondidos desde el 17 de julio hasta el 20 que los llegaron a secuestrar.
En esa misma casa estuvo Brayan Palma Aráuz, uno de los menores del grupo, tiene 18 años de edad y es estudiante de tercer año de Contabilidad en American College.

Su mamá, Leda Aráuz, cuenta que su hijo decide atrincherarse luego de cumplir la mayoría de edad y de no soportar la injusta muerte de uno de sus amigos, quien murió defendiendo la resistencia universitaria. “Después que murió su amigo él se enojó. Me decía: mamá, ¿pero cómo vamos a dejar que la muerte de él quede impune? Se me iba por ratos a la UNAN, hasta que un día ya no regresó. Él mismo me avisó que los estaban atacando. Esa noche fue terrible, él me contaba que solo miraba pasar la balas, balas que sobrepasaban las paredes… digan lo que digan de él, mi hijo es mi héroe”, asegura Aráuz.

Brayan es el segundo de tres hijos. Tiene un hermano mayor que tiene 19 años, y el menor tiene 10. Para toda la familia ha sido un golpe bajo, ver a este jovencito tras las rejas.

Una madre pide la liberación de su hijo. HOY/Yaosca Reyes

Del bar a la lucha

Carlos Varela Pavón es el único que no es estudiante dentro del grupo, trabaja como bartender. Él colaboró con los estudiantes llevándoles agua y comida. Después que lo corrieron del trabajo y de saber que la Policía lo quería apresar por ayudar, se fue definitivamente a la UNAN.

“Él se sensibilizó con la lucha. Él llevaba agua, comida, lo que los muchachos pedían. Parece que los drones le tomaron foto a la camisa que andaba, que era del trabajo. Me lo corrieron por eso del trabajo y por miedo él se fue a apoyar de lleno”, cuenta Tania Pavón, madre de Carlos.

Del Caribe

Jeffrey Jarquín vivía en Bluefields, donde también estudiaba. Viajaba eventualmente a Managua porque es fisicoculturista y venía a prácticas a la capital. Se unió a la lucha de forma pacífica, asistió a varias marchas en apoyo a las madres de caídos, y luego apoyó a los muchachos en la UNAN. También sufrió el ataque en la Divina Misericordia junto a los demás muchachos.

Su mamá, Francisca Mendoza, dice que su hijo no ha hecho nada malo. Martín Jarquín Paz es otro de los menores del grupo, tiene 18 años de edad y decidió meterse a la lucha aún en contra de los mandatos de su madre. “A él le dicen el ‘new’ porque era el nuevo del grupo. Estuvo apenas una semana dentro de las filas de los muchachos en la lucha. Precisamente poco después de cumplir los 18 años se fue de la casa”, explica su tía Silvia Paz.

Pedro Sánchez Aguilar estudiaba cuarto año de Ingeniería Industrial y le faltaba poco para salir. “Esto es algo injusto. Son jóvenes que no han hecho nada malo”, dijo su madre Martha Aguilar.

 

 

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