Estudiante de la vida

Todos los que estamos en esta vida no tenemos más remedio que aprender a sacar el mejor partido de lo que vivimos.

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El otro día una señora me preguntaba cómo había sido de estudiante, y le respondía que todavía sigo aprendiendo, pues soy un estudiante de la vida. Todos los que estamos en esta vida no tenemos más remedio que aprender a sacar el mejor partido de lo que vivimos.

Es ideal pensar que estamos matriculados en la escuela de la vida, y que tenemos que estudiar varias asignaturas para conseguir graduarnos con honor. Esto significará que trataremos de aprender de todos y en todas partes, disfrutando de lo que nos rodea. Nos podemos matricular en muchas asignaturas como:

Felicidad. Todos sabemos a ciencia cierta que nuestra felicidad nunca dependerá de nuestras circunstancias; la vida es un gran regalo, y contribuye a la felicidad, el tener buena compañía: Dios en la vida, la familia, los amigos y saber disfrutar de cada cosa buena que nos sucede, porque esa es la felicidad de ese momento.

Amor. Con el amor se aprende. En la propia vocación, en el matrimonio, en el noviazgo, en la amistad… todos los días hay que volver a empezar, porque cada día tendrá sus cosas, y no se puede romper un vínculo de amor por pequeñas disputas o malentendidos. Debemos ser tolerantes. Recordemos que a nosotros también nos tienen que tolerar. Unas veces uno, y otras el otro; no siempre recibir sino alternar los papeles. La vida con amor es diferente, y el camino de la vida es emocionante si se recorre con personas que nos quieren y queremos. Seamos sinceros y nunca nos traicionemos.

Paciencia. Tendremos que aprender a ser pacientes con los defectos propios y ajenos, porque todos están luchando por algo. Los otros deberán ser pacientes con los suyos y con los nuestros. Una familia unida es fuente de amor y seguridad. La vida es emocionante, y sí logramos que todos los integrantes sean personas válidas, equilibradas y felices, nosotros lo seremos mucho más.

Autoestima. Todos necesitamos tener una opinión positiva de nosotros mismos. Si no nos queremos o no nos aceptamos, muy difícilmente podremos querer o aceptar a los demás. Los niños harán lo que crean que pueden hacer, así que, si se sienten capaces, lograrán sus sueños.

Alegría. La vida es un reto, y la tenemos que afrontar con alegría. Tenemos que recuperar la risa ya que es un remedio infalible para la melancolía. Así que, cada vez que nos suceda algo gracioso, nos reiremos porque es muy bueno para nuestro cerebro y para nuestra belleza.

Sonrisa. De todo lo que llevamos puesto, nuestra expresión es sin duda lo más importante y, si sonreímos, la gente al vernos también nos sonreirá, porque la sonrisa es muy contagiosa.

Perdón. Nunca es tarde para perdonar a todos los que te hicieron daño. En cuanto perdones, te sentirás más libre, porque recuerda que tu vida es aquí y ahora. ¡El pasado pasó, y el mañana no sabes cómo será! Así que perdona y olvida. Te sentirás mucho más libre.

Levántate cada mañana dispuesto a recibir los regalos que la vida te traerá, pero, recuerda que para recibir, hay que tener espacio. Así que vacía todo lo que no te sirve, lo que no te gusta, lo que te hace daño y empieza el día como un niño, llenando tu corazón de cosas buenas que te hagan sonreír.

Empieza a trabajar en tu oficina, en tu tienda, en tu colegio, en tu hogar, en tus redes sociales mirando todo con ojos nuevos, como si fueras alguien que nunca había visto sitios tan bonitos y, descubrirás la belleza que te rodea.¡Dios te bendiga!

Padre Óscar Chavarría

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